La vergüenza del G-7

A mi modo de ver, es una vergüenza que se siga hablando de los 7 Grandes, como si se tratara de los 7 magníficos que vienen a salvarnos de los malos. Ya no se les llama los Grandes, porque parece que da hasta vergüenza y todo queda en G7, que hay que diferenciar del G8, donde entraba Rusia, pero que ahora está supuestamente castigada por su participación en la crisis de Crimea de 2014. También hay que diferenciar el G10 , de tipo bancario, y el G20. España acude a alguna de las Cumbres de estos grupos como invitada.

La base de todos estos grupos es su potencia económica, muy relacionada con su potencia armamentística, nuclear y tecnológica. Quizá, al menos en teoría, el G20 se abre a la participación de asociaciones mundiales que miran por el bien común.

Sin embargo, todas estas cumbres, en especial la del G7, tienen un carácter elitista y paternalista, que al final se reduce a reuniones bilaterales donde afirman los lazos económicos entre ellos y tratan de conservar su primacía en el poder mundial. Su desunión de intereses globales, sin embargo, hace de estas reuniones algo inútil, que trae el descontento de la población civil. Si alguna vez han tenido legitimidad, ahora estos grupos carecen de sentido, al no cumplir sus supuestas funciones de equilibrio global y al ser, en realidad, parte y causa del problema.

Esta cumbre de Biarritz cuesta 36,4 millones por tres días, aparte de privar a toda la zona de libertad de acceso y movimientos. Un fuerte dispositivo policial acaba con todo intento de manifestación en contra de estas reuniones de poderosos, entre los que figuran hoy personajes nefastos como Trump y Johnson y está presente Italia, en plena crisis por el maltrato de los migrantes en el Mediterráneo. Si estas reuniones se realizaran por internet nos ahorraríamos todo este circo mediático. SIi de verdad cumplieran aquello para lo que fueron fundados no tendrían tanto miedo y no necesitarían tantos medios de protección, lo mismos que niegan a los náufragos del Mediterráneo, a pocos kilómetros de Biarritz.

Considero que estas reuniones de élite son un verdadero atentado a la democracia y una burla a las instancias supranacionales europeas, latinoamericanas, africanas o asiáticas, así como a las mismas Naciones Unidas, que es el Foro donde se deberían discutir todos los asuntos globales, y en donde se pueden oír las voces todos los países, ricos o pobres. Se les ha dado un poder que no se merecen y ya es hora de que las cosas cambien.

Unas verdaderas Naciones Unidas, así como otras instituciones supranacionales como las europeas, deberían ser los verdaderos protagonistas, con un poder real de legislar normas internacionales y con capacidad de sancionar a los países que lo incumplan. Si no es así, seguiremos indefinidamente en un mundo agonizante, hasta su aniquilación final o la provocación de una revolución sin precedentes a escala mundial por parte de los pueblos oprimidos. En su momento tuvieron miedo a una nueva revolución soviética, pero hoy, temerariamente, han perdido el miedo a una revolución a mayor escala. Pero con el fuego no se juega, porque aquí sí que nos la jugamos todos, ricos o pobres. Simbólicamente, el fuego real está acabando con la Amazonia, también noticia en estos días, cosa que afecta a todo el planeta. El desastre mundial es lo que se les ha de achacar a estos del G7 y no otros méritos. Su responsabilidad es mayor porque tienen los medios de solución. Pero siguen jugando a ver quién es el más poderoso. Es posible que ese juego acabe con ellos y, por mi parte, sería una buena noticia. El liderazgo mundial no debería ser por la capacidad de destrucción, sino por la capacidad de traernos a todos un bienestar al que tenemos derecho, según nuestros propios Tratados internacionales incumplidos. Hoy su poder pende de un frágil hilo, sujeto con pinzas.

El poder del G7 pende de un hilo, sujeto con pinzas

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