La última pregunta

Hace mucho leí La última pregunta de Isaac Asimov publicada en 1956 y de la que me quedó la idea de que algún día el mundo se regiría por una supercomputadora y es algo que, si las cosas no cambian para mal, creo que no andaba muy descaminado, puesto que ellas gobiernan una buena parte de nuestras vidas. Si ellas colapsaran de repente, el mundo se colapsaría también, colapso al que todos los poderosos temen. Sobreviviríamos, sí, pero nuestra civilización daría un enorme paso atrás, del que costaría muchos años salir, quizá siglos. Junto a esa narración corta, me impresionó también Yo, robot escrito seis años antes y que, en el conjunto de su obra nos plantea la relación entre el hombre y su creación hecha a su imagen y semejanza. También el tiempo le ha ido dando forma a estas ideas de la inteligencia artificial, planteada a mi modo de ver magistralmente en la película del mismo nombre, conocida como A.I. Artificial Intelligence ideada por Kubrick y llevada a cabo finalmente por Spielberg. Muchos científicos avanzados apuntan la idea de que el futuro de la humanidad será biónica, como se observa en esta película y se puede intuir en el desarrollo de las tecnologías biológicas bidireccionales que se llevan a cabo desde hace años. Es decir, la tecnología emplea recursos biológicos y, al revés, la biología emplea recursos materiales no biológicos, incluida la inteligencia artificial.  


¿Es posible revertir el inevitable final del Universo?

Sea como sea, cuando hablamos de últimas preguntas, siempre vamos a pensar en el significado de nuestra vida frente a la muerte y esto afecta tanto a nuestra vida individual como a nuestra vida universal. Es decir, intentar comprender el sentido del universo y el papel de la inteligencia humana en ese macroescenario inimaginable por nuestro limitado cerebro. Porque, ciertamente, nuestra concepción del ser humano implica que somos individuos pero a la vez somos representantes de todo el universo conocido. Un antropocentrismo que nos hace plantear lo que para otras especies parece evidente: tienen que nacer y morir para que otras especies puedan seguir viviendo.

Si ya nos cuesta entender nuestra propia muerte y el sentido de nuestra propia vida, más difícil es entender la grandeza del universo y a la vez la posibilidad de que algún día implosione, según mantienen algunas teorías. Esa es la pregunta que se plantea Asimov y que la computadora no sabe contestar porque le faltan datos. El final, que no voy a desvelar, es sorprendente y conmovedor, a la vez que nos deja en una duda interior profunda que nos hace preguntar: ¿será verdad? Habría que esperar millones de años para saberlo.

Irse por estos derroteros no es hoy en día muy corriente en nuestra sociedad angustiada por la subsistencia diaria y por el deseo siempre insatisfecho de vivir mejor en un mundo amable. Sin embargo, si somos sinceros, son precisamente estas preguntas y las respuestas (siempre eventuales) que les demos, como personas y como miembros de un engranaje común, las que harán que nuestra vida sea más o menos feliz, que caminemos con fuerza y unión o, por el contrario, nos sintamos cansados, solos y deprimidos ante las situaciones difíciles que se nos plantean. Ahora que estamos viviendo una época dura por la pandemia y sus consecuencias, también es un buen momento para aprovechar la reducción de nuestra constante actividad y hacer alguna reflexión sosegada sobre las cosas que más nos importan y que realmente dan sentido al aparente caos que nos rodea.

Por eso, queremos brindar la oportunidad de conocer esta pequeña obra maestra de la ciencia ficción (o no tan ficticia) a quienes no la conozcan ya, o como yo, la hayamos olvidado, porque al menos nos hará pensar y quizá sentir algo distinto, con respecto a lo que somos y lo que podemos ser. Tan solo aclarar que no hemos podido conseguir acceso abierto a la obra y que, sin embargo, hemos encontrado una edición en You Tube leída, que puede también ayudarnos a experimentar, plácidamente y en silencio, el mensaje que intenta transmitir que siempre será interpretado de maneras distintas. Que lo disfrutéis.


«Datos insuficientes para respuesta esclarecedora»

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