La última parida del Constitucional y su relación con la no laicidad del Estado

El tribunal ex constitucional

El Tribunal Constitucional podría retomar la deliberación del recurso interpuesto hace once años por el PP contra la Ley del Aborto. Ocurrió cuando el Gobierno de Zapatero aprobaba la nueva reforma, que sustituía la ley de plazos de 1985, y el Partido Popular se movilizó en las calles y presentó también un recurso ante el Tribunal Constitucional que no ha sido resuelto hasta ahora. Más información

Esto es lo que se llama la resurrección de los muertos. No solo quedó en evidencia el Tribunal supremo con el tema del estado de alarma sino que ahora el mismísimo TC se apunta al carro del PP de los fuegos artificiales para desviar la atención de toda la basura que le está cayendo con sus juicios pendientes en marcha que están sacando a la luz testimonios de todo tipo con sobrecostes, compraventa de influencias y un largo etc.. que no vamos a repetir.

Y la justicia, esta vez desde el más alto tribunal, le apoya en la cruzada recordándonos que nuestra democracia sangra por lo más vital: la separación de poderes, puesta en jaque desde la negación del PP a hablar sobre la renovación del TSPJ.

Y lo peor es que ha tomado en este caso un derrotero sin fínal, al mezclar el tema de la ideología política con la nacionalcatólica heredada del franquismo y que intentan por todos los medios, sin posibilidad de éxito, recolocar en nuestro siglo XXI. Porque, si ahora empiezan con los pasados recursos al aborto, le pueden seguir los recursos contra el divorcio, la diversidad sexual, el matrimonio entre personas del mismo sexo , la eutanasia y todo lo que haga referencia a libertades conseguidas sin la aprobación de la Iglesia católica que, como sabemos, no se ha movido un milímetro de su doctrina sexual que se traduce en que no se puede hacer ningún acto sexual que no deje abierta la posibilidad de engendrar un hijo, incluido el vicio solitario y por supuesto, el pecado nefando, y que, además, ha de estar bendecido (dicho acto) por el  sacramento del matrimonio. La única licencia permitida es el método Ogino-Knaus, gracias al cual nacimos la inmensa mayoría de los españoles de entreguerras católicas.

Parece un anacronismo, pero no lo es. Aunque los católicos pasen de todo hipócritamente, este tipo de cosas son abanderadas por la ultraderecha de ahora con el mismo ímpetu que la de entonces. Y no creo que la cosa cuele. Por más que se empeñen algunos, hay cosas que ya forman parte de nuestra cultura, a no ser que se atrevan con una nueva guerra civil golpista que acabó en el 36 con las libertades de la República.

Una vergüenza que a estas alturas nuestra sociedad todavía no se haya decidido por una sociedad laica que aleje todos estos fantasmas de nuestras vidas. Porque esa Constitución que la derecha aplaude con tanto ímpetu, dejó muchos flecos por resolver, como es el caso de la falsa aconfesionalidad de un Estado que debería ser manifiestamente laico si no queremos caer en esta clase de trampas retrógradas que aparecen en la lucha desesperada de la derecha por recuperar su poder perdido desde el comienzo de la inacabada transición desde la dictadura. Sí, inacabada, porque todavía hoy tenemos esta clase de problemas que nos revelan cómo no somos aún la democracia plena que decimos ser.

Hay que ponerse manos a la obra. Son cuestiones esenciales que pueden dar al traste con todo lo logrado desde el 78. Es preciso no perderse en discusiones menores e inútiles y arremeter los problemas de fondo constitucionales, como la laicidad, el rechazo de la monarquía o la autodeterminación nacional en una España plural. Desde el Derecho, desde el Parlamento, desde la calle, desde las consultas populares. Un movimiento trasversal que nos lleve a un nuevo pacto social.

No nos engañan. Sabemos que quieren ocultar la verdad de su corrupción en estos años de democracia con zombis del pasado, pero todo sale a la luz, empezando por nuestro anterior Jefe de Estado, desaparecido en combate por la gracia de dios, y acabando con nuestras instituciones judiciales vivitas y coleando en manos de la ultraderecha.  

Pero esta vez no pasarán.


Un CSPJ, salido de cuentas, con la bendición real

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