La nueva revolución

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Sin menospreciar todas las culturas y pueblos que conforman el continente europeo, hay que reconocer que las madres de lo que hoy llamamos Occidente serían la filosofía griega, la lengua romana y la revolución francesa, que vino a culminar un proceso social hacia lo que hoy llamamos Democracia, República y Laicidad, que en Francia supieron resumir con los conceptos de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Son tres palabras que resumen los pilares básicos de la sociedad contemporánea y que comportaron derramamiento de sangre y sacrificios por parte de muchos ciudadanos que dedicaron su vida a transformar el mundo. El día nacional francés y su himno van más allá de sus fronteras, llegando a todos los rincones del mundo libre y de todos los que aspiran a serlo algún día.

El neoliberalismo fascista, que como un virus va infectando nuestras jóvenes democracias modernas, hace que, en la conmemoración del 14 de Julio, nos replanteemos retomar los ideales que costaron tantos siglos conquistar para hacerlos realidad y que han sido corrompidos fundamentalmente por el capitalismo que ha provocado una brecha social que no tiene nada que envidiar al presuntamente abolido esclavismo hace siglos, a la religiosidad supersticiosa de la edad media o la sociedad clasista del antiguo régimen.

Los tiempos cambian y con ellos las formas en las que se manifiestan estas lacras escondidas bajo el escudo de la tecnología y el poder de información global. Lo que en algún momento se vivió como la realidad soñada, el tiempo nos ha desengañado con la amargura de unos ideales que han quedado prácticamente olvidados y mantenidos a duras penas con miles de pequeñas leyes que pretenden paliar parcial y temporalmente la miseria de nuestra realidad social.

La nueva revolución no sería nueva por su contenido, sino por la forma pacífica de llegar a sus metas con el afrontamiento valiente y responsable de las tareas que acaben con un poder basado en el elitismo financiero, tecnológico y, por tanto, armamentístico, de las potencias mundiales.

Hoy tenemos la mala conciencia vivir en una presunta libertad, igualdad y fraternidad que ni siquiera aparenta ser lo que la democracia, la república y la laicidad significan de cambio radical. La revolución de hoy sería como la de entonces, pero con formas más evolucionadas racionalmente, frente una realidad deshumanizada hacia la que hemos derivado en favor de unas ansias de poder irracional. Hoy somos ciudadanos del mundo y para todos ha de llegar la libertad de ser.

Nuestro sentido homenaje a todo lo que significó el sacrificio revolucionario de una época, que representa para nosotros un aliciente de cambio para conseguir, como una vez pudieron ellos, sobrevivir en un mundo más supersticioso que nunca en la historia, que agoniza de pobreza y de injusticia social. La nueva revolución es posible. Basta con dar el primer paso y no morir (asesinado) en el intento.

Es posible reinventar los valores aprendidos

1 comentario en «La nueva revolución»

  1. Molt bo!. Sense voler jutjar la Història, si s’haguera pogut defensar la raó i la bondat de les aspiracions del poble, foren burgesos o els més desfavorits, sense tenir que recórrer a la violència, la violència dels poderosos hauria restat sense discurs, hauria tingut més difícil justificar-se…. Per tant llibertat, igualtat i fraternitat, tan vigents com sempre, més necessàries que mai si volem defugir dels col·lapse global, amb la paciència d’un sant, sense violencia.

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