La larga agonía del PP

De momento gana el azul

Llevamos años con los juicios del PP, no solo por la precariedad en la que trabajan los jueces, sino porque el PP así lo ha querido, tapando sus trapos sucios a base de otros trapos sucios de los que poco a poco se nos van desvelando. ¿Lo llegaremos a saber todo? ¿Habrá justicia al final? Más le vale al PP que sea así, porque si sigue empeñándose en prolongar esta situación será su fin.

No hay que ser muy listo para saber que es totalmente cierto todo lo que se investiga sobre el PP, nada más viendo las reacciones de algunos interesados. En Valencia tuvimos el caso del suicidio en 2018 de María José Alcón, la concejala que desveló la corrupción del PP en Valencia, hallada muerta en Callosa d’En Sarrià, al precipitarse desde el balcón de su casa. Más información. Todos la escuchamos decirlo en voz alta cuando se atrevió. Y luego murió también la Barberá, no solo por el aislamiento a la que le condenó su partido cuando no le interesaba ya porque se le había visto el plumero, sino también debió morir a causa de su vergüenza y terror a que saliese toda la verdad. Si a ello le añadimos buenas dosis de ginebra, cosa conocida por todos aquí, ya tenemos una muerta más.

Pero importan los vivos, los que aún están ahí y que se han encargado de machacar discos duros, comprar fiscales y jueces para ir tirando adelante, para que, al final, todo NO salga a la superficie. ¿Se suicidarán también? Demasiado cobardes para eso, pero si siguen con su soberbia de negarlo todo y tapándose acusando a los demás de lo que ellos mismos pecan, acabarán fuera de la política que es lo que tenían que haber hecho hace años.

El PP ya se cambió una vez el nombre cuando era AP, pero dio lo mismo porque siguió con su estructura piramidal corrompida. Lo primero que tendrían que hacer es desaparecer todos los que ahora están ocupando cargos a los que vemos día sí y otro también lanzando soflamas, incendiando el cotarro y tratando de hundirnos a todos, y luego, si queda alguien y otros quieren seguir con sus ideologías liberales (¡Dios nos libre!) que se llamen lo que quieran menos populares. Precisamente cuando alguien defiende la voluntad del pueblo los llaman con desprecio populistas que hablan para contentar en las elecciones y luego hacen lo contrario. Ellos son el Partido populista por definición en esa grosera acepción. Lo han demostrado y se empecinan en ello.

Parten en su nefasta ideología de una mentira. Se llaman a sí mismos moderados, frente al extremismo de UP, al que no perdonan haberse coaligado con Sánchez y haberles derrotado en las urnas.  El principio de Aristóteles in medio virtus, no cabe en política, como lo demostraron en su tiempo UCD y aquél partido liberal de Roca, que acabó desparecido y que ahora se dedica a su lucrativo negocio de jurista. Por cierto, un partido catalán que murió al pasar a ser nacional, al que Cs ha copiado olvidando su final. Ya se les vislumbra caer. Dicen estar en el medio, pero pactan con la derecha extrema que es la que tenemos en España.

Los extremos se tocan. Izquierda extrema fue la URSS de Stalin. Derecha extrema fue el malogrado imperio nazi de Hitler. Esos son extremos. Ambos están en el mismo infierno de la historia.  Ser moderado indica simplemente no estar en el extremo, pero las posturas son variables y cada uno puede ver el medio en un distinto punto del continuum. Pero los principios han de ser transparentes, no encubriendo lo que de verdad se piensa.

En España tuvimos la ilusión del 15-M de los indignados. De ahí salió Podemos, que revolucionó la política española, acabando con el bipartidismo nefasto de nuestra frágil democracia ya corrupta. Entonces tuvimos el sueño de que ya no había que hablar de izquierda/derecha, sino de centro/periferia, en alusión a los países ricos frente a los países pobres. Pero desde el 2011 hasta hoy ha pasado una eternidad y hemos visto que aquello era un espejismo, porque la desigualdad tiene su base precisamente en la ideología de izquierda/derecha. ¿En qué se diferencian unos de otros? En su misma manera de concebir al ser humano. La derecha pone el acento en la persona individual, con sus derechos civiles, con la meritocracia protestante al más puro estilo yankee. Cada uno está en el lugar que se ha ganado por sus méritos o deméritos. En la izquierda el acento se pone en la dimensión social de la persona: todos vamos en el mismo barco y solo podremos sobrevivir y avanzar si nos ayudamos unos a otros, cada uno con sus valores personales en igualdad de oportunidades.

Esa es la división de base, sin olvidar que todo hombre lleva en su esencia esas dos dimensiones y que separar una de la otra, llevándola al nivel de lo absoluto, es cuando aparecen los extremos. Es decir, yo reconozco la propiedad privada, pero sin olvidar que esta tiene un papel en el conjunto social que le puede exigir un reparto de los bienes por el bien de todos. La propiedad privada no es algo absoluto y, según decía Marx, ha sido el error del capitalismo, que ha convertido la propiedad en un dios que no para de crecer, sin tener en cuenta al resto de los derechos de los demás, obviando que somos todos iguales y estamos interconectados. Hoy más que nunca lo tenemos claro.

Por eso la izquierda quiere subir los impuestos a las clases ricas y bajarlos a las clases pobres. ¿No parece eso lo razonable? Pero no, hoy eso se ha convertido en un campo de batalla que separa la derecha de la izquierda de un modo irreconciliable. Como siempre. Es la estrategia del PP cuando no gobierna: impedir por todos los medios que la sociedad sea más equitativa en el reparto de sus recursos. ¿De dónde si no tanta corrupción? ¿Qué necesidad tenía el ciudadano Juan Carlos o Iñaki de corromperse por dinero? ¿Qué necesidad tienen tantas ilustrísimas en sacar tajada de su situación privilegiada, espiando, traicionando, mintiendo y encubriendo, usando las fuerzas públicas a su servicio para conseguirlo? Han logrado acabar con la democracia al minar los pilares de la misma con la no separación de los poderes (legislativo, judicial y ejecutivo). Han comprado a personas, cargos y cuerpos del sistema para lucrarse. Eso es el extremismo de la derecha individualista. Olvidan que las cosas no son suyas, sino de todos.

No sé cuánto tiempo más vamos a estar con esta tortura mediática, pero va para largo, porque siguen estando al frente los que estaban antes, aunque, poco a poco, y gracias al sistema de traiciones se van descubriendo cosas que no se dicen por amor a la verdad, sino para salvar el pellejo y reducir sus penas. Cosa que yo no tengo tan claro. Ni que uno tenga que mentir para defenderse o que por decir la verdad se le premie. Hay que decir la verdad por necesidad, porque es así como se puede convivir. Vamos mal con este tipo de pensamiento en el que todo se compra y se vende, cosa que aplauden los empresarios, la gente guapa y los medios corruptos.

Creo que el PP va a acabar petando pues los apoyos que tiene en Cs y Vox son insuficientes. Creo que su caída los arrastrará también a ellos, porque están en la agonía del descrédito y el descaro.  Los políticos son personas y las personas cometemos errores, pero hay errores que no tienen perdón y la responsabilidad de los actos sigue en pie. Espero que esta agonía se acorte por el bien de todos y podamos empezar, esta vez sí, una nueva realidad, transparente y social donde quepamos todos, también los perdedores, que en algo tendrán que cambiar, si quieren amoldarse a una nueva sociedad populista y no clasista.

El PSOE y algún otro partido nacionalista también tienen cosas que purgar, pero eso es otra cuestión no comparable. Pero de todos modos un baño de humildad general a los partidos les vendría muy bien. Los regionalismos es materia de otra reflexión que tampoco está exento de corrupciones. Pero eso será otro día.  

¡Adiós, PP, adiós!

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