La historia de César o la trilogía del Planeta de los Simios

Para los pocos que no hayan visto nunca una película de la franquicia del Planeta de los simios, hay que comenzar aclarando que se trata de un conjunto de 9 películas y dos series de TV. La primera, El Planeta de los simios,  se estrenó en 1968 y plantea la idea original de un mundo dominado por ellos, nada menos que el mismo planeta Tierra, con su evolución superior. Nos resultan realmente interesantes las últimas tres películas que intentan explicar cómo comenzó el drástico cambio evolutivo. Es la llamada trilogía del Planeta de los simios, que recientemente han puesto nuevamente en abierto por T.V. Sus fichas, imágenes y críticas las encontramos aquí:

El origen del planeta de los simios (2011)

El amanecer del planeta de los simios (2014)

La guerra del planeta de los simios (2017)

A mí, sin lugar a dudas, la película que más me ha gustado es la primera de ellas, la del origen, donde un fármaco destinado a curar el Alzheimer provoca el desarrollo de la inteligencia en los simios y se convierte en mortal para los humanos.   Y de ella recojo dos momentos:

1. El maltratado César, por el simple hecho de ser un animal dominado, se niega a ser el juguete de los humanos y habla por primera vez para decir NO. Es la voz de un esclavo que se revela contra su amo, porque es más fuerte que él por primera vez en su vida.


César habla por primera vez para decir NO

2. Cuando las cosas se ponen feas y los humanos van a por ellos para matarlos, su cuidador y amigo le propone refugiarse en su casa con él, y César le contesta, que ya está en su casa, su verdadera casa, con los suyos y en su hábitat natural.

Su casa es la libertad de vivir con los suyos

A partir de ahí, la trilogía se limita a explicar cómo la recién adquirida inteligencia se convierte en algo no soportable para los humanos que intentan acabar con ellos, sumándose por otro lado el resentimiento de algunos simios que no han podido olvidar las humillaciones a las que habían sido sometidos. Así comienza una guerra iniciada por los humanos y propiciada por uno de esos simios resentidos, dando pie a conocer cómo es el personaje de César, que resume en sí mismo todas las cualidades humanas que admiramos en una persona y, sobre todo, en un líder: fortaleza, valentía, sentido de la justicia, amigo de sus amigos, y sobre todo, compasivo con quienes son sus enemigos. Se enfrenta al miedo de unos a perderlo todo y el ansia de poder de otros, que se niegan a dejar de ser los depredadores que fueron (los humanos).

El personaje merece un Óscar, porque la mayor parte de su lenguaje lo transmite con su expresión corporal y, sobre todo, con sus ojos y su potente voz en las contadas veces que la utiliza, transmitiendo emoción, cariño, piedad y un montón de sentimientos que convierten en realidad el sueño de entendimiento entre especies.

Las pocas veces que en mi vida he tenido ocasión de cruzar una mirada con un simio (en algún zoo o circo) he tenido la sensación especial de estar ante alguien muy parecido a mí. Sus ojos, como los de otras especies que conviven con nosotros, como perros, gatos o delfines, transmiten vida e inteligencia. Nos recuerdan de dónde venimos y quizá hacia dónde vamos. También nos dicen que las cosas podrían ser de otra manera, si persistimos en nuestra conducta brutalmente depredadora con la naturaleza en el más amplio sentido de la palabra.

La trilogía forma un todo, que muy bien puede quedar independiente del resto más antiguo, puesto que termina con la supremacía de los simios, aunque con la incógnita de cómo será el futuro con los humanos que hubieran sobrevivido, cosa que ellos desconocen. De hecho, se queda con ellos una niña muda a la que adoptan y que se considera una simia a sí misma, con el mismo orgullo que si se considerase humana.

El personaje me recuerda una de las escenas más bellas de la gran película 2001: Una odisea del espacio, que nos muestra de dónde venimos y lo que somos: seres capaces de usar herramientas para bien y para mal. Seres libres y responsables, que han olvidado poco a poco que somos animales, para convertirnos en un dios antropocéntrico, perdiendo el respeto por todo lo demás, incluida nuestra propia especie.

El hombre, un minúsculo ser en el espacio

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