La guerra de partidos y autonomías

La guerra de la banderolas

La guerra de las galaxias resultó ser sencilla porque desde el primer momento se sabía cuáles eran los buenos y los malos, diferenciados en dos enormes ejércitos. Y por supuesto, ganó el bueno. Pero en España somos diferentes y nuestras guerras no llegan a nivel galáctico, ni mucho menos. Ni siquiera nos lo planteamos a nivel global o europeo. Y eso está ocurriendo en la particular guerra del coronavirus.

Ya sabíamos que entre partidos había lucha a muerte. Y entre las autonomías había ya de todo, desde las que les importan un pimiento todas las demás, las que colaboran a buen precio, las que se unen a otras que tienen el mismo signo político y desprestigian a las otras, las que traicionan los pactos para sacar una competencia más o tener unos beneficios mejores que las de la vecina comunidad, por ejemplo, en agua, ayudas gubernamentales o distribución de poderes. A mí todo eso me ha resultado siempre vergonzoso, sobre todo porque desprecia el contenido del artículo 138 de nuestra constitución que dice literalmente:

  1. El Estado garantiza la realización efectiva del principio de solidaridad consagrado en el artículo 2 de la Constitución, velando por el establecimiento de un equilibrio económico, adecuado y justo entre las diversas partes del territorio español, y atendiendo en particular a las circunstancias del hecho insular.
  2. Las diferencias entre los Estatutos de las distintas Comunidades Autónomas no podrán implicar, en ningún caso, privilegios económicos o sociales.

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Pero lo que antes era meramente vergonzoso, ahora, ante un estado de emergencia global y, por tanto, también europeo y nacional, incluyendo a las autonomías y a todas las instituciones que las componen, raya la locura fanática de partido que infecta a toda nuestra sociedad, con más virulencia que el mismísimo coronavirus.  

El PP hace un ridículo soberano regateando siquiera hablar con el presidente de gobierno en su ronda de conversaciones. Y como doncella ofendida se niega a hablar con él, a no ser en la fecha que él imponga. Y el Gobierno accede. Por cierto, que este es un número que ya había hecho anteriormente el actual president de la Generalitat Catalana, que se reunió con el presidente del Gobierno, solo cuando le vino bien a él. Como si lo suyo fuera más importante.

Cuando hablan en las Conferencias de presidentes, le echan en cara los fallos al Gobierno y de modo infantil reclaman cada uno un programa para que en su territorio los niños empiecen a salir de una manera y en otros de otra manera, que cada uno en su comunidad son ellos los que mandan. Que nadie les quita competencias. Que el presidente del Gobierno no manda más que nadie.

Pues no. Ahora no somos todos iguales, porque el Estado de alarma lo requiere. Y el mando es central por más que les pese a las autonomías, que repito, están infectadas por los políticos fanáticos de partido. Con infinita paciencia se les escucha hablar con un orgullo de lo que es mejor, menospreciando el esfuerzo titánico del Gobierno por coordinar tal jauría política. Y de paso alguno aprovecha para decir que le importa un comino la estabilidad española. Como si pudiera haber estabilidad en algún sitio de esta bendita tierra de la España una, grande y libre, si al Estado español le va mal.

Y sí, como en toda emergencia, vienen materiales defectuosos de China (¿es que nunca han comprado en los chinos? La prisa por hacer las cosas, ¿no lleva a errores?), y surgen mil imprevistos. Los países pelean entre sí por conseguir respiradores y cualquier otro material sanitario. Incluso se roban entre ellos, apropiándose de mercancías de paso por algún otro Estado, como, por ejemplo, USA o Turquía. Y en esas discusiones infantiles, ¿se acuerda alguien de las pateras de inmigrantes? ¿Sabemos siquiera lo que pasa en África?

Me da vergüenza, sí, el comportamiento general de la derecha española y de parte del independentismo (JxCat). Y le pregunto a Bildu porqué diablos no arrima más el hombro ahora, que ya pedirán luego la independencia, si es que queda algo por independizar. La evolución radical hacia la ultraderecha ha cambiado el panorama de España. Y eso se nota en esta falsa anticrisis.

La evolución de la derecha en España…

A mí no me gusta del todo nuestro Gobierno, porque lo considero, en conjunto, demasiado moderado. Pero es el que lleva el timón y le apoyo. Es lo que hay que hacer. Eso no quita que cada uno pueda aportar sus ideas, sus críticas constructivas, su ciencia y todo lo que se le ocurra. Pero no se dediquen a bombardear lo que se está construyendo con tanto esfuerzo, mientras la gente muere a miles. ¿Es que no tienen humanidad?

La gente de la calle en su conjunto se está portando bastante bien, aunque siempre hay estúpidos que viven en un mundo irreal en donde creen que están a salvo haciendo lo que les viene en gana. Ojalá no lo paguen con su vida ni, sobre todo, con la de los demás contagiándoles con su temeridad. Aún nos queda mucho camino.

Aprobada en general la conducta de la gente, aprobada la conducta del Gobierno, aprobada la lucha de los científicos, aprobada la lucha de las personas en primera línea, que son muchísimas. Suspendidos los políticos de derecha, que, con su actitud, retrasan nuestro avance hacia la libertad de esta pandemia y desvirtúan el sentido de las autonomías. Espero que todo esto algún día lo celebren unos y lo paguen otros. La conciencia de justicia social no ha de perderse y los delitos de hoy, de lesa humanidad, no prescriben nunca. Recuérdenlo la próxima vez que voten.

… ha llegado a su punto Omega

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