La formación política de los políticos y sus privilegios anejos

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A mí cada vez me parece más bochornoso el espectáculo de los políticos diciendo cualquier cosa que les venga en gana con tal de desprestigiar a los representantes de los otros partidos. Naturalmente existe la libertad de expresión, pero también la obligación de ser honesto y no mentir. Pero claro, vivimos en un país en donde incluso es lícito mentir para defender la supuesta inocencia, cuando, de hecho, tiene que ser supuesta, hasta que no se demuestre lo contrario y, por lo tanto, sigue sin poderse mentir.

Lo malo del caso es que la democracia se ha convertido en una partitocracia que cada vez se presenta más insoportable porque ahora son más numerosos los partidos y ya no son dos los que se reparten el botín. Y encima con la caradura de decir que es buena la alternancia, porque así uno ayuda a tapar las vergüenzas del otro cuando está en la oposición, empezando por las puertas giratorias que ofrecen las empresas beneficiarias, los retiros de oro en consulados, Instituciones europeas, Consejo de Estado, pensiones vitalicias y un largo etcétera.  Porque si no hubiera sido así no habríamos llegado al estado actual de corrupción, que ya veremos cuando se limpia.

La mayoría dice que la política no es una carrera universitaria. Y estoy de acuerdo en eso. Como ningún oficio es un simple cúmulo de estudios. Hay que tener vocación y aptitudes. Pero resulta que, en política, teóricamente, cualquiera puede ser político por una temporada y luego volver a su trabajo. Eso sería cuando había trabajo. Porque ahora a nadie se lo guardan, excepto a los funcionarios. Así es que cualquiera no es político. Tiene que estar bien apadrinado y tener su pastita para moverse en los ambientes de élite.

Yo soy de la opinión de que, para entrar en política, como en cualquier trabajo, todo el mundo ha de tener una formación, cuando más extensa mejor. Por supuesto en Ciencias Políticas, incluyendo el derecho, gestión administrativa, y cualquier otra cosa que se le supone a un político, además de que pueda tener algún asesor, y no una nube de ellos que cargan con todo el trabajo. Y que sepan, además, hablar y escribir bien (antes se estudiaba oratoria y lógica en algunas carreras), así como cualquier otra materia que pueda servirles en un trabajo tan versátil, como ocurre hoy en la búsqueda de trabajo, cuando la gente concurre con muchos títulos, porque han estudiado mientras no han podido trabajar.

Si viviéramos en un verdadero Estado social todo el mundo tendría acceso al estudio superior y no se trataría de un privilegio, por las tasas que se piden. Por cierto, que, en los denostados países socialistas, a pesar de sus crímenes, las carreras universitarias estaban al alcance de todos. Y en Europa no se cobran tasas universitarias en todos los países. Me consta al menos de Alemania, donde estudié tres años filosofía y tuve que pagar en total un marco por el carnet de estudiante. En vez de eso, aquí muchos políticos se buscan falsos másteres y doctorados, para poder hinchar un curriculum que ni siquiera se les exige, pero que les da vergüenza. Y eso también se logra por enchufe. Porque todo el que haya hecho una carrera universitaria sabe que un título no se regala así como así y una convalidación tampoco. Ha de haber varios cómplices en el ajo.

Y luego está lo de la inmunidad. Es comprensible que se les proteja por ejemplo cuando ejercen en embajadas en el extranjero por si hay conflictos o cuestiones de Estado. Pero si comenten irregularidades, sean del orden que sean, tendrían que someterse como todos a la legalidad vigente. Incluido el rey, que para más inri es inviolable e irresponsable (art.56.3 de la Constitución Española). Se me ocurre un chiste fácil sobre eso, pero a la monarquía, que sigue primando al varón sobre la mujer (art. 57.1 CE), hay que echarle de comer aparte y no voy a entrar aquí.

O sea, que la legitimidad de los políticos está más que pasada y que los tiempos han cambiado para bien. A todos se les ha de exigir una formación y no que puedan ser ministros de cualquier cosa (¡hay que ver cómo pasan de una cartera a otra!) porque todo se lo dan hecho. ¿Esos son los que nos representan? ¿Cómo han llegado ahí?

Se toman la libertad de insultar abiertamente a todos los que no piensan como piensa su partido. Personalmente estoy inscrito en Podemos y he tenido que soportar de todo: que somos pro etarras, chavistas, terroristas iraníes, populistas, anticonsticionalistas, que queremos romper España, etc. Porque si eso se lo dicen al líder nos lo están diciendo a todos sus votantes. Así es que cuando se insulten entre ellos que piensen que están insultando a millones de personas o a miles o a cientos. Da igual. Porque si un partido es legal tiene la libertad de expresar sus ideales, aunque a mí no me gusten. Pero con respeto y diálogo.

Hay muchas cosas que se presuponen y no existen o hay que reformarlas. Con toda razón la política, la monarquía, la justicia, la Constitución, nuestras Instituciones, están en entredicho. Hasta la Unión Europea ha dejado en evidencia a nuestro Tribunal Supremo. Ni más ni menos. ¿Qué se puede esperar?. La democracia, la separación de poderes y todo lo que eso implica, no se da por supuesta, sino que se conquista día a día. Como los derechos.

Claro que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Pero el que todo el mundo vaya mal, no justifica que nosotros hagamos las cosas peor. Y somos nosotros los que decidimos lo que está bien y está mal. Y está muy mal que nuestros representantes, la inmensa mayoría, hablen insultando, que digan mentiras, que no sepan de qué hablan, que no busquen la verdad, sino el poder. En teoría eso les parece a todos mal, pero pensando que lo hace el otro.

Parece que vamos a tener, al fin, Gobierno, fruto de la falta de responsabilidad política, no solo de los políticos, sino de todos los ciudadanos que les votamos. Pero, si al fin lo tenemos, tengamos claro que el trabajo empieza ahora. Hay que cambiarlo prácticamente todo, empezando por el respeto y la formación. El que se meta a representante del pueblo que haga el favor de hacerlo por vocación y se prepare para ello. También estudiando.  Y el poder se lo dará el pueblo si se portan bien. No por enchufe, dinero, ni por alternancia. La partitocracia es un dolor que tiene que acabar. Y eso solo se cura con democracia de la buena, de la que llega a todos y mira por el bien común.

Partitocracia

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