La credibilidad de la UE

La basura nuclear es una bomba para siempre

Son muchas las decepciones ante las políticas europeas que resultan débiles, insuficientes y contradictorias. Aparte del recurrente tema de la inmigración o de las actitudes prebélicas de la OTAN ante el conflicto ruso-ucraniano, ahora nos ponen ante el escándalo de intentar considerar verdes a las energías nucleares y del gas combustible.

Es absurdo que una energía nuclear que nada más sea por el peligro eterno de sus residuos que se añaden a la enorme montaña de basura del planeta, sea considerada como una energía de paso a la verdadera energía limpia. Y lo mismo ocurre con el gas: una energía fósil de la misma familia petrolífera que sabemos ha estado condenando el planeta a la situación límite en la que nos encontramos.

La explicación es tan sencilla como parece. Tras la salida de UK de Europa (a medias, porque sigue metiendo las narices en donde no le llaman) queda claro que el eje franco-alemán es el verdadero motor fáctico de la UE. Todo por el conflicto en Ucrania, entre cuyas sanciones entraría el cierre del gaseoducto del que se alimenta Alemania y que dejaría a Francia con la energía nuclear como su principal fuente. Así pues, ambos Estados no están interesados en que eso ocurra y defienden desde su propio interés una política europea contraria precisamente a la energía contaminante. Contaminar menos, no quiere decir que no contaminen y, además, condenan a la tierra a conservar una bomba nuclear que puede estallar en cualquier momento.

Un cero a Europa, que no ha sabido en todos estos años ir potenciando todas las energías limpias que ya tenemos y dejar de depender de las otras energías que ya sabemos son insostenibles. El resto de países comunitarios debería oponerse radicalmente, pero ya nos tememos que no todos lo harán, siguiendo el ejemplo partidista de sus líderes. Las soluciones cortoplacistas ya no sirven, puesto que el caos climático ya ha comenzado y lo experimentamos cada día con mayor virulencia.

Una decepción más ante la que esperemos que al menos España pueda enfrentarse con todas sus fuerzas y seguir una política nacional de energías limpias y el final de las energías contaminantes. A ver el peso que tenemos en Europa. Y si no lo tuviéramos, al menos quedará claro quién es quién en esta Unión que olvida en demasiadas ocasiones su verdadera esencia de ser y sus principios innovadores.

No se combate la contaminación contaminando más

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