La corrupción de la democracia

Cumbres borrascosas

Cuando ayer volví a casa del trabajo y puse la Teletonta de fondo, me envolvió la noticia que está sonando sin parar desde todas las discotecas televisivas sobre la guerra entre Casado/Ayuso y sus borregos. Y la verdad es que me alegré de que al fin mostraran la verdadera cara de lo que son desde la cúpula hasta sus raíces. Una guerra por cierto que Ayuso puede dar por perdida porque como todos sabemos el PP guarda una estructura monolítica solo comparable a la de Kubrick en su famosa Odisea del espacio: un monolito indestructible (¿?) hecho de material no conocido por los humanos y que, desde siempre, ha tirado por la borda a todos aquéllos que se salen de esa estructura, con mayor o menor virulencia. Una estructura que solo permite a los trepas lameculos subir en el escalafón. Todos conocemos ejemplos y nombres que no vamos a repetir, porque no se lo merecen. De los trepas y de los ninguneados.

Pero a la estupidez de Ayuso se suma una característica que no han tenido otros que han pasado por lo mismo: no se mantiene callada, y su popularidad lograda a base de populismos insensatos le ha hecho creer que es alguien que está por encima de su partido. Pobrecilla. Veremos lo que dura. Pero, sea como sea, la cosa pinta mal para el PP y con él una derecha corrompida por sus trampas y mentiras que le han llevado a toda clase de espionajes y maniobras para absorber algo del poder: amigos de macrogranjeros, de la familia real, de los jueces, de los hosteleros, de la noche loca. Amigos de lo que sea como estrategia electoral sin rumbo.

Tras la dictadura de Franco se vivió una época dorada en donde la sociedad discutía por ideologías y valores en pro de la democracia. ¿Se acuerda hoy alguien de eso? En primer lugar, porque la transición no fue tan limpia como creíamos, ya que dejó intacta la raíz de la dictadura al dejar salir de rositas al facherío (comenzando por la familia Franco) que se ha ido desmelenando gracias a los valores democráticos de la izquierda que aportó libertad de expresión y una lucha por la igualdad de oportunidades en la que todavía estamos.

Pero si hay algo peor que la dictadura es la corrupción de la democracia, puesto que eso afecta a su misma esencia, a la separación de poderes, a la honestidad y a la ejemplaridad. Es una nueva dictadura del poder económico en manos de los más indeseables de la sociedad. Esa corrupción ha hecho que cada vez el pueblo esté más lejos de sus representantes e instituciones, porque no se sienten iguales en derechos frente a una élite privilegiada que apoya descaradamente al poder ganador. Frente a una sociedad comunitaria y con sentido de Estado, se nos ha convertido España  en una sociedad elitista y excluyente que apoya con ardor a las fuerzas fascistas cada vez más unidas alrededor de sus monolitos, mientras que las izquierdas, cada vez más cansadas, andan desunidas por nimiedades que nada tienen que ver con aquellos sueños de democracia.  

El PP y toda la derecha en su conjunto tiene que hacer limpieza integral de sus corrupciones, y buscar nuevos líderes que representen unos ideales democráticos que puedan compartir con todos los que no piensan exactamente igual. Y esto se aplica también a la izquierda. Cada uno ha de regenerar su esencia y volver a sus orígenes. Recuerden por qué surgieron y por qué les votaron. Recuerden lo que fueron y comparen con lo que son hoy.

El futuro es nuestro, de todos. Pero no con unos líderes corruptos que ya nos han hecho bastante daño. Cambien de partido, aparezcan partidos nuevos, o vuelvan a ser otra vez lo que una vez consiguieron con tanto esfuerzo. Y, sobre todo, cambien de personas, cuya honestidad sea su principal virtud.  España no se merece esto. España huele mal, sabemos por qué y hay que poner remedio.

¿Un monolito indestructible?

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