La ceguera de la justicia

Eso de que la justicia es ciega es un verdadero cuento chino, con perdón de tan honorable pueblo. En todo caso no entendemos aquí por ciega una persona que no ve lo que no quiere ver (que es la peor de las cegueras, según un dicho popular), o que hace la vista gorda, o que ve solo lo que quiere ver, o mira hacia otro lado. Todo son variantes de los que simulan imparcialidad, cuando en realidad están vendidos al mejor postor por dinero, favores, poder y vaya a Vd. a saber qué, porque ya se encargan de que no se sepa, que para eso tienen el poder, el suyo y el de sus compradores, que da la casualidad que tienen que ver con los poderes del Estado, que como todos sabemos, han de ser independientes para que funcionen bien.

Si ya es difícil para cualquiera ser imparcial, cuánto más cuando de los que juzgan dependen muchas cosas que pueden dar el poder a unos o a otros. Los cantos de sirena deben ser morrocotudos, porque los jueces, fiscales, abogados y todo dios que tenga que ver con el derecho, sucumben ante tales llamadas de corrupción, sumiéndonos a los ciudadanos de a pie en una sensación de desamparo, solo comparable a los que sufren la dictadura de un mequetrefe, al que, por corrupción, le han caído los votos, no del cielo, sino de la connivencia de los otros poderes que hacen la vista gorda o papean directamente del pastel.

La historia política de la humanidad nos demuestra que lo milagroso es que realmente la justicia sea imparcial, o mejor, que los que tienen el poder de aplicar la justicia, lo hagan de una manera verdaderamente justa. Porque la justicia va más allá de la ley que se puede interpretar a la carta (de un lado y de otro), teniéndose que centrar en el espíritu de esas leyes y en las circunstancias que rodean las conductas. Cuando una persona mata a otra es, sin duda, un delito. Pero si es en defensa propia y en defensa de un bien mayor, como salvar a una escuela de un francotirador, no solo no es un delito, sino un deber, si no hay otro modo de impedirlo. Los que apelan a la ley, pues, pueden mentir como bellacos o interpretarla a su favor. Y eso desgraciadamente estamos ya cansados de verlo en estos tiempos, no ya en cualquier lugar del mundo, sino en nuestra bienamada patria.

La aplicación de la justicia está descaradamente escorada a favor de la derecha y actuando con mano dura hacia el extremo de la izquierda. Lo vemos casi a diario, porque una cosa que olvidan los jueces y demás, del rango que sean, es que quienes asistimos atónitos a sus fechorías, no somos idiotas y nos damos cuenta de lo que pasa y, sobre todo, sabemos quiénes son los que están detrás. Un conocido presentador resumía de modo cristalino lo que está ocurriendo como el cortocircuito de la justicia poniendo de ejemplo algunos de los casos más mediáticos y que os facilitamos aquí.

La Audiencia Provincial de Madrid ha avalado el cartel electoral de Vox contra los menores extranjeros no acompañados en el marco de la campaña del 4M en Madrid y considera que dichos menores representan un evidente problema social y político. Más información

Madrid ya sabemos de que pie cojea por quienes lo gobiernan. Y claro, su justica no va a ser menos. Ante un cartel en el que todos vemos la miseria de las pensiones de nuestros mayores, ellos ven un evidente peligro social y político en los menas. Pero lo que es evidente es que Madrid es gobernada por la ultraderecha xenófoba y sus jueces, olvidando que en cuanto a los menores el derecho siempre avala su bien por encima de toda otra consideración, acepta como buena la mentira de que cobran una cantidad que en todo caso no cobran, aunque fuese verdad que su estancia costara en conjunto ese dinero, obviando que lo denunciable es la miseria de pensiones de 400€ que no dan para vivir una vida digna.

Y así vamos. Ya es bastante que estemos con la cruz de la sanidad recortada a cuestas de la pandemia, con la economía por los suelos y con el trabajo más abajo todavía. Precariedad sobre precariedad. Ya solo nos faltaba desconfiar de nuestra justicia. Y eso, con perdón de los pocos justos que haya (en Sodoma no había ni uno), nos hunde la poca moral que nos queda.  

Apelamos a quienes tienen el poder de cambiar estas cosas y les recordamos que tienen la mayor parte de la responsabilidad, del mismo modo que nos piden a nosotros que seamos responsables con las mascarillas. Pero, ¿qué va primero el huevo o la gallina?


Donde la justicia ve un problema social y político, otros vemos xenofobia (y pensiones injustas).

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