La beneficencia y Viçens Navarro

Alfons Polo nos facilita un artículo de Viçens  que encuentro magistral y da las claves para entender el por qué se protesta desde el Estado social por una política de beneficencia que encubre la injusticia fiscal, la publicidad engañosa de una empresa que no ofrece un trabajo justo y además reincide en la sociedad franquista de la España de caridad y buenas obras auspiciada por la religión. En Alemania obliga a los fieles de las diferentes Iglesias a pagar impuestos para mantenerlas. Solo lo puede eludir quien prueba que no es miembro de ninguna religión. Yo no llegaría a eso. La Iglesia no debería tener ni siquiera una cruz en la declaración de Hacienda. Los impuestos deberían ir en un alto porcentaje a las necesidades sociales y si el Estado considera que alguna asociación, p.e., Cáritas (de raíces católicas) ejerce un papel importante en esta misión, a la que no que no llega el Estado en su totalidad, entonces se le podría dar una subvención. Pero no en cuanto sociedad religiosa, sino en cuanto actividad sociohumanitaria que suple las insuficiencias del Estado, que, por cierto, no deberían existir. Y si alguien hace una acción verdaderamente altruista no debe hacer campaña de ello. Incluso desde la religión se pide que la mano izquierda no se entere de lo que hace la derecha, o que si por mucho que des, si no lo haces con amor (que incluye la justicia social) es un ruido inútil, y por último, es más fácil que en un camello pase por el ojo de una aguja  que se salve un rico (porque las grandes riquezas no se consiguen con la limpieza y justicia que se requieren). Para rematar: el que tenga oídos para oír que oiga. Son citas del Nuevo testamento que no me molesto en buscar, pero seguro que los muy católicos lo saben muy bien.

Aprovechamos para remitir a dos obras suyas muy significativas y de total vigencia: 1) Navarro, V. 2006. El subdesarrollo social en España: causas y consecuencias. Barcelona: Anagrama. 2) Navarro, V. ed. 2009. Bienestar insuficiente, democracia incompleta: sobre lo que no se habla en nuestro país. Barcelona: Anagrama. 

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