Intervención vs libre mercado

Ser o no ser

La subida de precios de la luz ha revuelto el gallinero social y, como siempre, la derecha quiere sacar tajada echando la culpa al Gobierno, más concretamente, pidiendo la dimisión de Sánchez por no poder controlar la situación. No se puede ser más hipócrita.

Una característica de la derecha es su defensa del neoliberalismo económico, que ahora disfrazan bajo la bandera de libertad ante cualquier restricción, sea por razones sanitarias o económicas, que son las que vienen al caso.

La luz sube lo que les da la gana a las compañías, entre otras cosas porque son las dueñas y señoras y porque (¡oh casualidad!) es donde más se han lucido las puertas giratorias. Es curioso que se metan con este tema porque en realidad ha subido todo:  servicios, alimentación, hostelería, transportes, gasolina, etc., en parte como reacción a la crisis desatada por la pandemia que ha reducido el montaje de ganancia a mínimos o bajo cero con resultado de quiebras. Y si no ha subido más ha sido en parte por los esfuerzos de regulación estatal o por el buenismo de algunos pocos empresarios (normalmente los que menos tienen).

Pero eso es el libre mercado, que es el que tenemos en los países capitalistas democráticos o dictatoriales. Porque el libre comercio arrasa con todo y es difícil ponerle freno, no porque no existan los medios legales adecuados, sino porque la derecha se alza rabiosa en nombre de la falsa libertad, que no quiere oír hablar de la intervención del Estado o de las nacionalizaciones de ciertos servicios públicos o privados. Porque eso se puede hacer en democracia y dentro de la aceptación genérica de la propiedad privada que, no lo olvidemos, siempre tiene una dimensión social (bien común) que prima constitucionalmente sobre cualquier propiedad.

Así es que, menos lobos, vocero Montesinos, que ni tú ni tus amos tenéis la más remota idea de derecho ni de lo que es la honestidad política, porque a sabiendas de que estáis prevaricando, dejáis caer consignas falsas para que se las trague el populacho, a quien consideráis tonto del culo.

Si el Gobierno actual nacionalizara, por ejemplo, la banca o las energías, no nos cabe duda de que le atacaríais sin piedad por comunistas, cosa que en España por lo menos no es ningún delito y tiene su representación legal en el mismo Gobierno, aunque, eso sí, diluido en una doble mélange dentro de una coalición.

Aclárense: ¿quieren que el Gobierno del Estado intervenga o no? Porque si interviene por poco que sea, resulta que son comunistas, y, si no interviene, deben dimitir por no hacer nada. Como siempre sus falsas disyuntivas marean a la opinión pública y enardecen a parte de una sociedad económicamente castigada por la pandemia, que es a la que Vds. tienen la osadía de dirigirse como sus salvadores. Porque los que tienen de verdad la pasta son sus amiguetes, porque defienden el libre comercio que ellos tan primorosamente ejecutan.

No nos engañen más haciéndose pasar por amigos del pueblo. Las necesidades de los más vulnerables les importa un pimiento. Porque si así fuera estarían protestando por otras cosas: por ejemplo, por los bajos salarios, por la precariedad laboral, por la carestía de la vida, por la falta de ayudas estatales y la falta de impuestos a los que más tienen. Claro que Vds. pertenecen al colectivo privilegiado de nuestra España de élite. Lo llevan en su ADN por más que lo disfracen.  ¿Y saben lo que más me escama? Que den tanto bombo a este tema de la luz que tanto público atrae a los medios corales, cuando quien escribe estas líneas no ha notado tanto la subida del precio de la misma sin cortarse un pelo, ni poner en marcha los aparatos de madrugada. Y eso siendo pobre. Quizá hay que dar con el contrato adecuado y ser un pelín racional. Y si ahora es abusivo es que también lo sería antes con otros Gobiernos.

Ciertamente el Sánchez del chuletón resulta ser bastante cobarde, pero no por no intervenir, sino por no intervenir más, al más puro estilo socialista, que es lo que ahora necesitaríamos para frenar el libre mercado, acabar con la exclusión y recuperar nuestro estatus de Estado social, que se ha desdibujado en la nebulosa de los ideales perdidos, entre otras cosas por su falta de sentido de Estado como oposición. Esta guerra sin cuartel partidista está acabando con nuestra democracia y el Estado del bienestar (de todos) al que ya nadie siquiera nombra.

La voz de su amo

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