Indignación, conciencia y desobediencia

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La humanidad pide socorro

Ha vuelto a suceder. Hoy estamos con el problema sin fin de los inmigrantes rescatados en el Mediterráneo. Puertos como Barcelona y Valencia se ofrecen a su acogida con todas las garantías. Pero hay que esperar respuesta del Gobierno, que no será la primera vez que se niega, siguiendo el ejemplo europeo. No me voy a molestar en hacer un estudio de las leyes españolas o europeas al respecto, porque me da igual. El que esté interesado que se lo busque en Google, que lo sabe todo. Pero de paso que busque las consecuencias de la desobediencia a la autoridad o de la desobediencia civil. Hay muchas cosas que yo desobedecería: por ejemplo, que me ordenen matar a alguien, o que lo deje morir sin socorrerlo. Me lo mande quien me lo mande. Ha sido la excusa de las mayores atrocidades: cumplía órdenes. Cumplir las normas. No hacer nada.

Cuando era niño creía que al final de la vida había un juicio universal capitaneado por dios, que nos juzgaba por lo que habíamos hecho o lo que habíamos dejado de hacer. De adulto, ya con una conciencia laica y clara de lo que sucede, me doy cuenta de que la norma última la tengo yo en eso que llamamos conciencia. Esa conciencia que dio tantos quebraderos de cabeza al cumplimiento del servicio militar y a otras mamandurrias que se nos imponen. Naturalmente, para vivir en sociedad tenemos que observar unas reglas de juego a todos los niveles: desde mi entorno cercano a la sociedad internacional. Pero siempre, por encima de todas, va estar mi propia conciencia, mi ética personal, mi propia dignidad. Esta conciencia individual suele estar compartida por más o menos personas, según la sensibilidad del momento, y es lo que lleva a cambiar esas reglas de juego, dado que han sido consensuadas previamente (o debían haberse consensuado, que a la gente no se le pregunta).

Lo que resulta ya indignante es el modo de conservar o crear unas normas que ya no coinciden con la conciencia social, al menos con algunas individualidades que habrá que calcular para ver si tienen suficiente peso como para cambiar las normas. ¿Se acuerda alguien del movimiento de los indignados de 2011? Tuvo incluso su repercusión a nivel mundial y su percusión política, con la creación de un nuevo partido inspirado en él. Así es que me vais a permitir que me sienta indignado por muchas cosas, pero hoy en especial porque no se cumple la más elemental de las normas humanas que es la de socorrer a las personas en peligro de muerte. Y no sólo para que sobrevivan, sino para dar una solución a sus problemas vitales. Así es que me avergüenzo de España, de Europa y del mundo entero. Y desde aquí llamo a la desobediencia por parte de las autoridades portuarias, o de quien diablos dependan estas cosas,  para poder decir NO al Gobierno o a la Unión Europea, que nos prohíben ser humanos.

Las cosas son muy simples. Primero hay que salvarles de la muerte, y después, los Gobiernos nacionales, de la UE, o del mundo, tendrán que arreglárselas para que los problemas se solucionen y estas personas puedan tener una vida libre y digna en nuestros países o en el suyo. Para eso los hemos elegido. Para eso están ahí. Y si no, que se marchen y pongamos a otros. Ya está bien.

Y si alguien dice que esto es populismo, utopía, antisistema, etc., yo pregunto: ¿desde cuándo ser del pueblo, tener una esperanza o querer cambiar lo que no funciona es delito? Vamos mal por muchas cuestiones. Pero para mí esta es la gota que colma el vaso. No me extraña que las pelis que hablan de un mundo futuro nos lo pintan postapocalíptico y salvaje. Y no me extraña, porque a este paso, hacia ahí vamos. Y no es algo que pasará dentro de muchos años. Es que ya está pasando. Callarse y mirar hacia otro lado, todavía es peor porque a mi conciencia no la puedo engañar y se siente culpable. Pero sucede que, a base de no hacer caso a la conciencia, la sociedad se va corrompiendo, se va deshumanizando. Alguna vez habrá que decir ¡basta!, porque a quienes vienen a pedir ayuda les estamos condenando a muerte. Ver entrada Wanted: Carola y Scott.

La humanidad está muriendo

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