Illa y las vacunas milagrosas

Más difícil de lo que parecía

El desmadre político español no deja de sorprender. Ahora resulta que Illa cuando se va es un traidor a España, a nuestra salud y a la democracia de Estado, cuando resulta que, cuando se hicieron las elecciones gallegas y vascas pasando por encima del cadáver de quien fuese, nadie le puso peros. Pero votar ahora en Cataluña va contra la salud. ¡Qué casualidad!

Está claro que es una pelea de gallos políticos hipócritas y sin fundamento, puesto que los ministros son, en suma, una pieza del engranaje sanitario de afrontamiento de la crisis por muy importante que sea. Primero se metieron con Simón y ahora con Illa, que lo hacía mal cuando estaba y ahora que no va a estar. Recen para que la sucesora o sucesor que venga tenga el mismo talante que él, que ha dado muestras de la mayor educación y temple político en una situación surrealista de pandemia que pocos hubiesen aguantado. Y el que pone y quita los ministros es el presidente del Gobierno que es muy quien para decidir a quién quiere en su gabinete y en dónde pueden prestar mejores servicios. Y, lo que les pesa a muchos, es que, además, es catalán socialista, que ha dado la talla como pocos y saben que con él perderán votos. Y me duele que alguna de las voces de UP hayan coreado la enseña fascista e independentista de ocasión, que se apoya nada menos que en la pandemia para retrasar las elecciones a ver si mientras tanto las cosas salen peor y la gente se cansa de Illa, cosa que no parece que vaya a suceder.

Porque díganme si alguien lo hubiese hecho mejor en un contexto en que nadie sabía nada y en donde hemos oído contradicciones de todo tipo desde la OMS hasta el último petimetre de tertulia. Y respondan a esta pregunta: ¿tiene Illa la culpa de la tremenda tercera ola que estaba anunciada con tiempo en vistas a los puentes kilométricos de diciembre/enero, en donde algunos se han dedicado a redoblar sus alegres festividades nada religiosas y desde luego nada éticas ni con sentido de Estado?

Lo que no sabía Illa es que las prometidas vacunas nos iban a salir ranas, de momento no por los resultados, que están por ver, sino por su logística que incumple lo pactado. Y un error de todos los Gobiernos: ¿quién paga antes de tener la mercancía? Espero que el pago haya sido solo un adelanto para la producción, porque si lo pagaron todo (cosa de lo que no se informa) es que la UE es más tonta de lo que parece si es que aún no sabían que las grandes farmacéuticas son unos vampiros sin escrúpulos que han incumplido su contrato y las entregan al mejor postor. Primero los 80 bajo cero, luego las jeringuillas, y luego ¿qué más? Claro que las decisiones se toman de entrada desde lugares equivocados. ¿Alguien pensó que un país pobre como Cuba (todos sabemos por qué) nos daría un ejemplo en su tratamiento de la pandemia y ahora se apaña con su propia vacuna?   Lo digo por poner un ejemplo entre otros que los medios no citan y por fastidiar una vez más a la derecha rancia. A ello hay que sumar la incompetencia de las mal llamadas Autonomías, a las que, por lo que se ve, no se las puede dejar solas (a unas menos que a otras) a la luz de la velocidad de crucero que toman para poner las escasas vacunas y las corruptas inoculaciones a quien no les corresponde, demostrando una vez más que esto no hay quien lo arregle a no ser que algún Gobierno tenga lo que hay que tener para impedirlo (y no me refiero a las leyes, que de esas ya tenemos de sobra)

Y lo peor es que esa irresponsabilidad comercial propiciada por la propia Unión, nos ha oscurecido la poca luz que se veía al final del túnel y hemos entendido que el camino será mucho más largo, que vamos a tardar más tiempo en vacunarnos y que dentro de un par de años ya hablaremos (si vivimos para contarlo). Con las nuevas cepas del virus la cosa se pone más negra. Y los países pobres se tienen que apañar como pueden, pero eso sí, bajo el desprecio o la condena al ostracismo de los países “ricos”.

Nuestro principal problema ahora es salir de este atolladero con la mayor calma posible y no tiene perdón que todo se vea emponzoñado por las voces que ven en todo a la mano negra catalana, que no es ni de lejos un problema comparable con la salud mundial en la que estamos todos incluidos, aunque algunos lo olviden. Ni siquiera ahora hay unidad y toda la culpa la tiene Illa. En verdad, todos tenemos parte de culpa: unos por irresponsables, otros por fanáticos fascistas, otros por avidez de ganancias y otros por simple ignorancia.

No entiendo por qué la gente no reacciona ante tanta insensatez. Botellón, pandereta y acumulación de riqueza en algunos frente a la miseria y muerte de otros. Nunca imaginó Illa lo que daría de sí esta pandemia. Hace bien en marcharse e intentar poner más orden en su propio gallinero, que falta le hace. Y los demás que se apliquen el cuento.

A ver si es verdad

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