Hiroshima, Nagasaki

Los días 6 y 9 de Agosto de 1945 se lanzaron respectivamente las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, que han pasado a la historia como el símbolo de la depravación humana en la escalada bélica. Oficialmente se relatan los bombardeos como la causa del fin de la segunda guerra mundial. Pero aquí les vamos a dar otra versión de los hechos. Sin incidir en cifras de muertos, ni en las motivaciones que tuvieron los asesinos que lanzaron esas bombas. Es evidente que ambas bombas paralizaron las guerras, pero no por motivos humanitarios. Sino porque los asesinos de ambos bandos sabían que por ese camino acabarían destrozándose a sí mismos. Se demostró ante la humanidad que los humanos somos capaces de aniquilar la tierra. Este es el único motivo porque el que no ha vuelto a haber una guerra nuclear. Porque no se paralizó de fabricar bombas, e incluso de mejorarlas, con mayor poder mortífero. Y además queremos señalar una cosa: dejaron tres días de espacio entre una bomba y otra. Totalmente premeditado y consciente. No tuvieron bastante con el horror de la primera. No solo no se arrepintieron, sino que lanzaron otra más. ¿Necesitaban más pruebas de su poder destructivo?

Una vez sabido esto, no les quedó más remedio que comenzar otro tipo de guerras más lucrativas, las comerciales, en las que se sigue lidiando, y dejar que sucedan conflictos bélicos menores que suelen afectar a países pobres. La vida sigue sin tener el más mínimo valor para los señores de la guerra. Y lo bueno es que los mismos que poseen esos instrumentos de muerte, prohíben a otros países que la fabriquen, porque no sabrían usar ese poder de un modo tan racional como ellos. Se siguen creyendo los amos del mundo, los grandes.

Así es que 47 años más tarde siguen engañando a la humanidad, mientras dejan que se hundan en la miseria y la pobreza los países a los que explotan descaradamente. Que se maten entre ellos con sus mafias y sus guerras religiosas, de guerrillas, de terrorismo, de tiranos golpistas. Son cuestiones menores. Lo que importa es que no estalle otra guerra mundial, porque entonces mueren también los señores de la guerra. Esa es la verdad. Y les voy a dar a esos señores otra noticia: van a morir igualmente y se quedarán sin su poder. La pregunta que algunos nos hacemos es: ¿por qué les dejamos que actúen así? No les basta con autodestruirse ellos, sino que para vivir en el poder necesitan que se destruyan los demás.

¿Cuántas víctimas hay cada día por causas de estos conflictos menores?. Seguramente mueren por ellos en el mundo más víctimas que las que causaron esas dos bombas. Así es que está muy bien no olvidar, está muy bien perdonar, pero la balanza no puede caer siempre en favor de los mismos. Un solo muerto basta para acusar a los asesinos. No se puede justificar matar a nadie por ningún motivo. Nadie es dueño de la vida de los demás, de decidir quién vive o quién muere. Eso algunos se lo atribuyen a un dios. El colmo. Si no acabamos con ese modo de justificar la muerte, ¿de qué nos extraña que ocurra lo que ocurre? La ONU tiene solo palabras, no el poder. Quizá algún día lo tenga y se acabe esta infamia. Es muy curioso que exista el ser humano en un minúsculo grano del universo y que encima sea tan borde, porque es el único ser conocido que puede elegir. Y si hay otros en el universo, somos tan miserables que nos fijamos solo en nuestro pequeño mundo, a ver quién puede dominar y ser el puto amo.

La versión de Sartre  de Las Troyanas de Eurípides , termina poniendo en boca de Poseidón estas palabras: “haced la guerra, mortales imbéciles, asolad campos y ciudades, violad los templos, las sepulturas, y torturad a los vencidos. Os moriréis. Todos.” Y esas palabras quedan suscritas hoy aquí, porque creo que es el mejor resumen de la verdad de la guerra. Sea quien sea el ganador, ha perdido la humanidad, por imbécil.  

Pero más allá de nuestra denuncia, queremos valorar tantas vidas anónimas que se han perdido por la ambición de unos pocos. Que su muerte nos haga pensar al menos en un nuevo mundo de paz. Nosotros tenemos la palabra.

Poseidón

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