Goirigolzarri

La cara del capital

Nada nuevo sobre la tierra. Lo ha vuelto hacer sin el más mínimo pudor. En la anterior crisis salvamos su banco con nuestro dinero a costa de un paro sin precedentes, y ahora, en plena crisis económica de la pandemia, se vuelve a subir el sueldo, forma un nuevo gigante y despide a miles de empleados.

Aquí no escarmienta nadie. La desigualdad social es hoy insoportable, con millones de personas sin casa y con hambre, y con un grado de pobreza extrema en países como España incompatible con la idea de Estado social.

La sociedad parece que solo despierta de su letargo cuando el hambre le aprieta y mientras tanto ve caer a su alrededor a miles de personas y amigos sin inmutarse. El Estado social tiene poder suficiente como para poner freno a este desmantelamiento del Estado igualitario, poniendo límite a los sueldos, a los bancos y en resumidas cuentas a la propiedad privada. Cuanta más pobreza hay sube el número de los millonarios a costa de recibir como ganancias la pérdida de los demás.

Esta es la gota que colma el vaso. Un ejemplo entre los muchos que conocemos con la complicidad de los poderes fácticos, que ocultan lo que pueden sus vergüenzas y prolongan los juicios por corrupción durante años y años. Al final el dinero desaparece y las sociedades no avanzan.  

No existe solo la pandemia y los bares de irresponsables. Hay que parar los pies al capitalismo y eso solo lo puede hacer un Gobierno real de izquierdas. Si no se enfrentan de una vez con la ley a la invasión bárbara con la que que nos amenazan, el sufrimiento social de hoy no tendrá nada que ver con el sufrimiento del mañana. Los jóvenes no tienen ningún futuro si los de arriba no cambian este modo de concebir la propiedad y la economía. El planeta se muere, la sociedad global se hunde en la miseria, la inmigración es ya una lacra insuperable. Hemos fabricado millones de vacunas porque nos va la vida en ello. Pero, así como se empieza a comprender que, si no nos inmunizamos todos, no tenemos nada que hacer, hay que entender que si no se cambia el sistema productivo mundial tampoco vamos a ningún lado.

Falta empuje y decisión por la izquierda. No teman a los votos. Somos muchos más los que deseamos el cambio, a pesar de las voces hinchadas de los populistas de la derecha que promete lo que no puede dar. Engañan dando libertad de beber cervezas y viajar a quienes pueden, excluyendo a quienes no tienen nada. Es la ley del egoísmo y del más fuerte. Hoy es el ejemplo de Goirigolzarri entre los muchos que conocemos y desconocemos. Ese es el legado de la derecha “conservadora”. Conservan y multiplican su dinero a costa de los demás.

Basta ya de tanto abuso, Ayuso. No basta con un 15M al que han ganado. Se necesita mucho más. Desde la política y, de entrada, como la OTAN, sin violencia.

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