Estúpidos

La indignación de nuestros líderes europeos…

El retraso en las vacunas por falta de incumplimiento contractual con la UE era lo que nos faltaba. La indignación de nuestros mandos ante tal situación alcanzaba su cumbre cuando por toda represalia hacen que la compañía responsable muestre en público el contrato que nuestra presidenta sin ningún pudor enarbola como estandarte de su buen hacer ante la opinión pública.

Y la imagen de unas hojas tachadas en su casi totalidad a toda prisa y con lagunas que luego han puesto al descubierto informaciones no deseadas, consiguieron el efecto contrario al pretendido: nos dimos cuenta, una vez más, de que a los ciudadanos europeos de a pie nos consideran, literalmente, estúpidos, incapaces mentales de comprender los términos de un contrato por razones de seguridad. El mismo error en el que caen los padres cuando piensan que sus hijos son más tontos de lo que realmente son y se les puede ocultar lo que es evidente ante los ojos más inocentes.

Lo que los errores de filtro han mostrado es que se ocultaban las cifras millonarias de los pagos, la logística de distribución y las prioridades reales de la misma. Más otras cosas que no se sabe lo que son.

Y uno se pregunta si la transparencia va en contra de la seguridad transnacional en este caso, pero también en los casos nacionales e internacionales. Ya sabemos que las instituciones tienen sus secretos que ellas solas se las comen por temor a que los representados lleguemos a tal grado de indignación que nos rebelemos contra ellas y les tiremos del capitolio.

¿A qué tienen miedo? ¿A que conozcamos pactos inconfesables con las compañías farmacéuticas, pactos con las mafias del armamento o el narcotráfico, pactos de honor entre espías, los paradójicamente llamados cuerpos de inteligencia? Ya sabemos que la política encierra basura y corrupción a todos los niveles, pero tenemos la esperanza de que, quienes nos dirigen tienen la honestidad suficiente y los medios como para limpiarla. Una mafia no se puede vencer con otra mafia, sino con la más absoluta transparencia. Y si todavía no lo han aprendido es que ellos son los estúpidos. Y descubrir que a uno le gobierna una sarta de estúpidos es especialmente doloroso en una situación de emergencia sanitaria y económica que nos tiene agobiados y al borde la depresión colectiva.

Nos hacen soñar con soluciones limpias para despertarnos con más suciedad de la que teníamos. Lo bueno del caso es que nos piden a nosotros que seamos responsables. Y, ciertamente, todos tenemos la obligación de serlo. Pero su ejemplaridad es esencial para ser parte de la solución y no parte del problema.

Si a esta anécdota que nos ha destapado una mafia farmacéutica a la que ya conocíamos, le añadimos la opacidad en el reparto de los fondos europeos para paliar los efectos de la crisis, y si lo aderezamos con los casos corruptos de inoculación de vacunas a las altas esferas militares y políticas, que además son defendidos sin ningún reparo por algunos de nuestros próceres, se nos cae la cara de vergüenza y no nos extraña el caos parlamentario en cuestión de votaciones, en donde Vox se aúna con Bildu para aprobar el plan europeo y en donde la Esquerra de toda la vida se niega a hacerlo junto con la derecha rancia y el centro progresista de última generación.

Necesitamos urgentemente psiquiatras para que la estupidez medioambiental no se vuelva crónica y deteriore sin remedio la evolución de nuestra ya frágil especie humana. Ha tenido que venir un virus de nombre regio para advertírnoslo.

… contrasta con la opacidad de sus informes

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