Esperanza

Hoy he sentido lo mismo que cuando vi el cartel Hope de Obama. Un rayo de ilusión y esperanza en que podemos salir del laberinto sin fin de la política española. También he recordado la alegría que sentí cuando por primera vez en España tuvimos un gobierno socialista en la recién estrenada democracia. Y otro recuerdo entrañable para mí fue cuando Podemos se convirtió en Partido político, tras haber seguido la trayectoria de Pablo Iglesias en sus apariciones en las tertulias televisivas. Estos tres momentos, junto con la caída del muro de Berlín y anteriormente la figura de Gorbachev, que con su Perestroika cambió la política del mundo, han sido los momentos más agradables de mi particular vida política. El primer Podemos, convertido hoy en Unidas Podemos y enriquecido con el inestimable bagaje de IU, y otras confluencias que se han ido sumando, hoy ha podido dar un nuevo paso de gigante, gracias a la generosidad del PSOE, que, dejando a un lado su orgullo de historia y sus recelos hacia UP, ha sabido mirar a la izquierda, al lugar que le corresponde por su propia naturaleza. El abrazo de ambos líderes ha costado mucho, pero quizá por eso es más valioso e implica una mayor responsabilidad.

Estoy convencido de que hoy muchos hemos compartido sentimientos: 1. Alivio, porque se comienza a ver una salida social a nuestra España dividida y desesperanzada. Subrayo lo de social, porque es precisamente el Estado social el más perjudicado tras estos años de corrupción y de un entorno europeo cada más más derechizado y centrado en la economía de libre mercado. 2. Alegría por haber rechazado el espantajo de la ultraderecha que se ha hecho fuerte con su franquismo, contagiando a los que se llaman de centro derecha, cuando todos sabemos que el centro, en política, no existe. 3. Esperanza, porque ahora sí que se puede comenzar a trabajar por una sociedad más igualitaria y justa. Una sociedad de todos y para todos, de toda nacionalidad y condición.

A mi me ha hecho soñar de nuevo en que es posible una España moderna y justa, valiente frente a la Europa que mira hacia otro lado ante los problemas de la inmigración, valiente para mantener esos principios sociales de los que el mundo está necesitado. Ojalá sea España un ejemplo y un motor de aire fresco en Europa, como la ha sido en otros momentos fugaces.

No nos decepcionen ahora. La otra España se revolverá con fuerza. Teme, con razón, perder sus privilegios. Han de comenzar a comprender que sí somos mayoría los que queremos las cosas de otro modo. Queremos igualdad de oportunidades para todos y queremos cambiar de la Constitución lo que ya no nos sirve en el siglo XXI. El planeta, la vida, nos pide que corrijamos los errores, que vivamos de un modo sostenible. No cabe el despilfarro y tenemos que utilizar toda la fuerza de las nuevas tecnologías.

Que no tengamos que recordar nunca este 12 de noviembre como el día de la ilusión frustrada. Que podamos recordarlo como el comienzo de una nueva época, en donde las bases somos los verdaderos protagonistas y los políticos nuestros dignos portavoces.  

Hoy muchos estarán rabiando. Ha sucedido lo imposible. La creían todo ganado. Quizá por eso mismo se ha producido el abrazo. El peligro era demasiado fuerte. Pero ahora hay que seguir. España es de todos. Y los que hoy rabian, han de ocupar su lugar en el mundo de hoy; también pueden aportar mucho, si de verdad miran por el bien de todos y no sólo a sí mismos. Hay que ser conscientes de lo que significa la política que, al final, es la que gobierna nuestro día a día. No se puede votar a la ligera, no se puede votar por castigo, ni por utilidad, no se puede uno abstener. Hay que votar lo que de verdad uno cree que es lo mejor. Lo demás no sirve. El trabajo empieza hoy.  

Texto íntegro del preacuerdo


El abrazo de la esperanza

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