En primera línea VII (semana del 4 al 10 mayo)

Aparte del virus se expanden otras cosas, sin no eres responsable

Ahora que se empieza a desescalar, considero que ya estamos todos en primera línea y comienza una nueva etapa que yo llamaría de responsabilidad compartida. He pensado ese nombre, no porque antes no fuéramos todos responsables del desarrollo de la pandemia, sino que ahora va a ser más imprescindible que nuestras imprudencias, cometidas antes en privado, afectan más directamente a los que nos rodean y al conjunto de la sociedad.

Todos hemos visto en vivo y por TV las imprudencias y contradicciones de personas que, estando en primera línea, no cumplían con las normas muchas veces por ellos establecidas. La palma de oro se la entrego a los políticos de ultraderecha, que en su afán por desestabilizar al Gobierno y por sacar votos para unas hipotéticas elecciones de ciencia ficción, creían sacar rédito de sus palabras acusadoras irresponsables, muchas veces acompañadas de acciones vergonzosas, algunas de ellas televisadas en directo para el sonrojo de muchos ciudadanos.

Pero ahora que se empieza a dar cancha con cabeza gubernamental alimentada por la escucha de expertos, científicos y voces autonómicas, es la hora de que todos nos demos cuenta de que lo que vamos a comenzar nos exige mayor responsabilidad. La alarma no ha terminado, la pandemia está viva y sigue infectándose y muriendo gente.

En mi entorno laboral debo reconocer que algunos usuarios se saltan a la torera las normas cien veces repetidas, poniéndose ellos en peligro y de paso a quienes nos relacionamos con ellos y los que se relacionan con nosotros. No acaban de darse cuenta de lo que significa la distancia, la mascarilla, los guantes, las medidas de desinfección.

Ahora que se puede uno reunir en privado con amigos en un máximo de 10, guardando una distancia de dos metros, me parece un chiste que se piense que todos vivimos en mansiones victorianas que nos permiten guardar tales protocolos. Mucho me temo que este punto va a ser un fracaso, como se intuye al ver las calles con grupos de edad de todo tipo, la mayoría sin mascarilla, y menos aún con guantes.

A los comercios se les pide un gran sacrificio de higiene y medidas de protección, así como a la hostelería, etc. Espero que tengan la respuesta adecuada de los clientes, que, estoy seguro, no siempre van a tener la razón. Espero equivocarme en mi pesimismo. Porque en lo poco que llevamos de apertura, he visto dos tipos de histerias: a) la de aquell@s que toman botellón y lo que haga falta en grupo sin fronteras, y b) la de de aquell@s que se ponen en plan inquisidor y te insultan si piensan que te has pasado en algo.

Ayer volvía de mi trabajo a casa a pie, como hago todos mis trayectos, armado de mascarilla, guantes y radar de obstáculos, y de pronto me sale por la derecha una individua de entre unos contenedores de basura, a donde supongo que fue a tirar su bolsa. Pasó por delante de mí porque yo no la había visto, y cuando ya pasó se me puso a insultar a voz en grito porque, eso sí, guardaba la distancia de más de dos metros, porque yo no había respetado el distanciamiento. Yo le contesté airado, también a voz en grito, porque no me quedaba otro remedio, y seguí mi camino. Sí, estamos todos nerviosos y mi conducta no fue ejemplar al contestar, pero me ofendió el que no me diera la presunción de inocencia, ya que yo no la había visto. Y esas cosas pasan. Intentándolo hacer bien, puede salir algo que nos pueda poner en peligro, que nunca desaparece al 100%.

Así es que pido un poco de cordura a todos. Que no nos creamos autoridad adecuada como para insultar a nadie (eso le supondría expediente al agente adecuado) y encaso de observar conductas reiteradas y claramente consentidas, llamemos a la autoridad que sí pueda mediar en el asunto, porque en ello nos va la seguridad de todos.

El aplauso de las 20 h. para mí ya no debería reservarse para unos cuantos colectivos, sino para todos, porque todos estamos ya en primera línea, y todos nos merecemos el agradecimiento de cumplir lo mejor que podamos las directrices. Y a quienes no las cumplan, que les sirva de reflexión y se atengan a las multas.

Ha habido muchos contagios, pero tengo la impresión de que aún podrían haber sido más, según las conductas que muchas veces observamos. Y las multas también podrían haber sido ser más. La comprensión humana no puede superar a la irresponsabilidad de consentir conductas hoy inadecuadas y, ¿quién sabe?, quizá nunca lo fueron. Por tanto, seamos fuertes en el largo camino que nos queda y considerémonos todos piezas importantes en el puzzle de la construcción de una nueva sociedad más responsable.

(Fin de la primera línea)

Las flores siguen creciendo

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