En primera línea V (semana del 20 al 26 de abril)

La nueva creación

Esta semana se ha visto bastante agitación con la perspectiva de poder ir “soltando amarras” y las prisas por acabar con la situación. El tema de los niños es un indicativo claro de este nerviosismo, y todavía no empezará hasta la semana que viene.

Con todo, no es eso lo que más me ha resultado útil esta semana. Según va pasando el tiempo el trabajo se vuelve más rutinario y ves que las personas ya se han hecho a la nueva situación de un modo más o menos coherente con las normas de confinamiento que tenemos que observar. Personalmente está haciendo mella en mí la gran cantidad de solidaridad que, de un modo totalmente altruista, sin buscar siquiera el reconocimiento, muchas personas y entidades conocidas o anónimas lo están realizando como nunca antes lo había visto. Hoy se habla de las personas sin techo, de las personas sin trabajo, de las personas en situaciones extremas, etc. con la misma solicitud que se habla de las personas enfermas y fallecidas o de los sanitarios.

Creo que, por primera vez en mi vida, veo una real preocupación social por los demás, más allá del propio bienestar. Y esto lo he sentido no solo por los medios de comunicación, sino también por el modo con que la gente te trata bien directamente o a través de los medios electrónicos. Una de las mejores aportaciones es ver cómo nos vamos pasando por distintos medios, escritos o entrevistas de personas que, por su ciencia o experiencia, nos pueden aportar una buena dosis de sabiduría que nos ayuda a la comprensión de lo que estamos viviendo. Una compañera de redacción (Edurne) nos pasó una entrevista con Boris Cyrulnik, neurólogo, psiquiatra, psicoanalista y etólogo francés, considerado una eminencia en el campo de la resiliencia. Este doctor, nacido en medio de la tragedia nazi, sabe muy bien de épocas de graves crisis de las que se sale renovado y, lo que es más importante, renovado para bien.

Leer entrevista

Lo más importante de los testimonios de esta gente no es tanto lo que dicen sino cómo lo dicen. Es decir, con tal convencimiento vivencial, que no te deja la menor duda de que es así. A lo largo de mi vida he tenido varias experiencias de este tipo. En una ocasión, encontrándome en una muy difícil situación personal, recuerdo que le pregunté a una persona que había salido de una encrucijada vital similar a la mía, si era posible salir del pozo profundo en el que me encontraba. Sencillamente me respondió que sí. Pero lo dijo de tal manera, que me llegó al corazón y no tuve la menor duda. Y ese fue el comienzo de una nueva etapa vital para mí.

Pues bien, con esta entrevista de la que os hablo, así como de muchos testimonios que recibo, me llegan los mismos mensajes…. Hablando ayer con mi coordinadora del programa de asistencia a domicilio me comunicó que una conocida empresa nos había regalado a la Asociación un montón de material de protección individual que nos va a permitir seguir con nuestro trabajo por mucho tiempo, sin tenernos que preocupar de comprarlo o de dónde conseguirlo con nuestros precarios medios. Una donación, como otras muchas, que quedan en el anonimato y que no persiguen nada a cambio. He visto a muchos dar de lo que le sobra, pero también de lo que no les sobra. Hasta por parte de muchos empresarios. Esperamos que la Administración ahora no nos defraude. Pronto lo comprobaremos.

Todo eso rompe los esquemas de una sociedad encerrada y egoísta que solo piensa en la ganancia económica. Hoy estamos viviendo algo nuevo, que nos hace ver las cosas de distinta manera. Y esta vez empiezo a estar seguro de que el cambio va a ser positivo, hacia ese tipo de sociedad con el que siempre he soñado y que, con un poco de suerte, veré crecer en los próximos años. Una sociedad más feliz e igualitaria porque hemos comprendido que hay muchos valores por encima del dinero.

Así es que mi gratitud va no solo a los sanitarios, a los enfermos y familias valientes, a los que cumplen con las normas que se nos piden, sino también a todas esas personas anónimas que dan lo que tienen, su palabra, su apoyo, su generosidad, su hermandad. Gracias a tantos que se descuentan el sueldo, a tantos que cambian su vida para fabricar cosas que ahora necesitamos todos, personas que se arriesgan para llegar al que más lo necesita. Nunca había visto una sociedad tan unida y cercana. Gracias a todos, incluido el Gobierno, que se esfuerza por hacer realidad un Estado Social.

Por naturaleza soy una persona crítica y me quejo muchas veces de la falta de empatía sobre todo de algunos políticos. Pero hoy ese pensamiento es para mí secundario. La luz de la solidaridad puede con la oscuridad de esa ansia de poder que algunos todavía cultivan. Pronto se darán cuenta que el poder no les dará nada, ni siquiera la vida. Les deseo una conversión interior hacia el verdadero ser humano que somos y que estos días se manifiesta mayoritariamente, haciendo que sus voces oscuras suenen cada vez más lejanas y vacías.

¿Será así la sociedad del futuro?

(continuará)

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