En memoria

Son muchas las personas queridas que durante estos meses se han ido y se siguen yendo en un doloroso cuentagotas constante. Una mezcla de sentimientos que nos produce siempre la tristeza del adiós de un ser querido junto con la gratitud de todo lo que nos han dado, sobre todo su amor y su alegría.

Nuestra compañera Edurne ha padecido una de estas pérdidas y con su permiso os transmito este mensaje que me mandó con el que quizá puedan identificarse otras personas. Desde aquí nuestro pequeño homenaje a tantos seres anónimos que han pasado por nuestras vidas y que en medio de unas circunstancias muy especiales nos han dejado un mensaje de silencio, que hemos de conjugar con otro tipo de alegría de quienes han logrado superar la enfermedad.

Esos sentimientos deben ayudarnos a caminar con firmeza en los meses que se avecinan y a los que todos hemos de mirar con esperanza y serenidad, dejando a un lado todas las cosas secundarias de la vida que, como vemos, no valen nada al lado de los valores que de verdad amamos.

(…) Finalmente mi tía Ana Mari (mi tía favorita, la hermana mayor de mi madre) falleció el día de Navidad. Dentro de lo malo, ha podido despedirse de las hijas (la pequeña llegó por los pelos, pues estuvo confinada por haber dado positivo por contacto…) y mi madre también estuvo acompañándola. Le escribí unas palabricas, y la canción de Alegría es ella, total. En fin, 2020 se cierra con pérdidas … y también con conciencia extra. La alegría y la conciencia de que lo más valioso de la vida, ni se puede atrapar, ni tiene precio. Un fuerte abrazo

LA SONRISA DE ANA MARI

Tan eterna ya como la de Mona Lisa, pero más abierta y chisposa. La sonrisa de Ana Mari era casi siempre una risa ruidosa: la alegría de la fiesta cuando nos juntábamos en familia, siempre haciendo bromas, disfrazándose, cantando o haciendo imitaciones. Se le daba genial el teatro, tanto que no podías enfadarte con ella cuando por ejemplo trampeaba al parchís (nuestra “religión”, tenemos un copón-trofeo en común y todo). Es que sus disimules de despiste no tenían precio, y la emoción del juego nunca será igual sin sus picardías. ¡Ay, qué tía!

Hace tres días que te has ido y aún no me lo creo. No me hago a la idea del dolor que deben de sentir tus hijas, aunque por mi madre también me llega -aparte de la tristeza- la satisfacción de haber podido acompañarte hasta el final. Que tu partida haya sido plácida y llena de amor … Algo consuela y me parece un buen comienzo para un nuevo viaje. Porque estoy segura que desde allá donde estés nos seguirás mandando guiños e imágenes de momentos entrañables, de todo lo bueno que vivimos contigo.

Y sí, un 25 de diciembre es una fecha inolvidable. Volverán los tiempos, espero, en que podamos volver a encontrarnos en familia y sin covid por estos lares. GRACIAS, porque aunque estará la tristeza por tu ausencia, también nos has puesto muy fácil poder recordarte y celebrar el haberte conocido, agradecer que muchas personas y personitas están aquí, también gracias a ti…Habrá más pasteles vegetales (yo es lo más navideño creo, que he hecho este año), más partidas de parchís, de nuevo contacto y abrazos -no sé si algún pellizco de los tuyos, también…- y seguro que muchos recuerdos que nos harán sonreír. Espero que también a ti.

Si tuviera que dedicarte una canción, sería esta (¿será que ahora, puedes escucharla?): https://www.youtube.com/watch?v=gc3Lkh48-lY

Y aprovechar para darte las gracias, por tanto.

Gracias por compartir tu alegría, a pesar de muchos pesares.

Gracias por acogerme cada verano de pequeña, y llevarme a la playa, a Gamarra, a las excursiones de los sordos y pasármelo tan bien con mis primas.

Gracias por ser una artistaza, detallista (¡flipé cuando vi tus bordados!), cariñosa y bromista.

Gracias por grabar tantos recuerdos en la memoria de la familia (aquella videocámara…) y compartirlos con ilusión.

¡Gracias por tu carácter juguetón!

Igual parece una chorrada, igual no suena glorioso ni trascendente pero no sé por qué me inspira tanto tu ejemplo para creer -y para mi es importante, aunque llore ahora al escribir…- que sí, que la alegría también puede ser profunda y que más allá de preocupaciones y miedos, existe esa posibilidad. Siempre. Que nos cale, hondo hondo.

Gracias, Ana Mari.

Brindo por tí y aplaudo -como la gente del vídeo- por todo lo bueno que has dejado en esta vida. ¡Alegría!¡Chin-chin!

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