Empresas modelo

Un símbolo de poder del Antiguo Régimen

Nuestra Constitución (CE) declara sin lugar a dudas en su art. 38 que:

Se reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado. Los poderes públicos garantizan y protegen su ejercicio y la defensa de la productividad, de acuerdo con las exigencias de la economía general y, en su caso, de la planificación.

La libertad de empresa está intrínsecamente relacionada con la propiedad privada, que en la CE también se reconoce como derecho en el art. 33 que, en el punto 1.  Se reconoce el derecho a la propiedad privada y a la herencia, viene matizado en los puntos siguientes: 2. La función social de estos derechos delimitará su contenido, de acuerdo con las leyes. 3. Nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto por las leyes.

Así pues, se reconoce la capacidad de intervención por parte del Estado en beneficio del bien social. Ambos derechos, libertad de empresa y propiedad privada, hay que recordar que no tienen la calificación de derechos fundamentales que tienen los artículos 15 a 29, más los artículos 14 y 30.2. por ser los que mayores garantías tienen. Es decir, que son derechos regulables a las situaciones sociales.

Cuando estos días hay quien se escandaliza de que las empresas eléctricas abusen en sus precios variables por días y por horas, es que no recuerdan que tienen derecho a hacerlo en nombre del libre comercio y de la propiedad. Así es que es algo que, si quisieran, podrían hacer todas las empresas de cualquier producto comercial.

Imaginen que van a hacer la compra semanal al Súper de la esquina y los productos no tuviesen etiquetas de precio. Según el día y la hora les podría salir una cuenta total u otra.  O cuando van a comprarse algo de ropa. A lo mejor avisan la víspera de que mañana el precio será tal y pasado mañana cual. Con la casualidad de que cuando más frío hace se triplican o más los precios de las prendas de abrigo y en un día de calor insoportable los helados multiplican por diez su precio. Y así según la demanda.

Parece absurdo, pero eso es el capitalismo, el libre comercio y el derecho a la propiedad. Con lo mío hago lo que quiero y compro/vendo como quiero.

Pero, repetimos, la otra cara de la moneda es que el Estado puede intervenir en esos precios y en esos derechos (como en todos). Para eso están las leyes reguladoras, con el hándicap, de que estas cambian al albur del partido político dominante. Y así nos va. Lo que de paso nos da una pista para revisar lo que nuestra CE considera fundamental y lo que considera simples principios rectores que al final quedan en nada (como el derecho al trabajo o la vivienda). Con los beneficios mil millonarios de las Eléctricas, bien se pueden abaratar los precios, así como obligar desde el Estado a invertir en la investigación y renovación limpia de los recursos, así como ayudas a la eficiencia y optimización en la distribución, con proyectos de autoproducción de energía combinada, como ya se está haciendo en algunos países europeos. Todo un mundo por explorar en el campo de la energía, que ha de cambiar , sí o sí, de sus fuentes contaminantes.

Parece que al fin nuestro Gobierno socialcomunista, ha dado un pequeñísimo freno al tema rebajando los beneficios al mercado marginalista energético, que significa que todos los productores venden al precio de la energía más cara. Más información

Un mundo comercial intencionadamente complicado, que no explica en absoluto el porqué de los cambios constantes de tarifa, con el correspondiente perjuicio de los consumidores. En fin, mucha teoría compleja para un principio bien sencillo: la avaricia, que, como se sabe, acaba rompiendo el saco.

Ante este pequeño gesto del Gobierno han puesto ya el grito en el cielo las eléctricas que lo llaman intervencionista como si eso fuera un insulto sinónimo de comunista,  cuando no es otra cosa que cumplir con sus funciones de Estado social, que ha de velar por el bien de todos, en especial de los más vulnerables. Y eso implica regular precios y salarios. Justo lo que no quieren hacer los capitalistas.

La indefensión del consumidor ante tales abusos es absoluta y hay que luchar para que esto cambie de una vez. El tema de la energía es muy sensible, puesto que de ello depende nuestra vida cotidiana y además la vida del planeta que está pidiendo una regeneración ambiental a gritos. Apoyo claro a las energías limpias y punto final para un libre comercio desbocado. A eso lo llamaríamos humanismo, que no tiene nada que ver con posturas políticas del Ancien Régime. Una economía Social que debe acabar ya con la brecha social cosechada durante siglos.

Alguien lo tendrá que hacer algún día. Porque hoy es la luz, mañana la gasolina, pasado los alquileres, al otro y al otro… Y mientras tanto pasan los años, el Co2 sube y sube, y la Tierra muere, muere.

¿Por qué será que algunas empresas se sienten como las reinas del mambo? A lo mejor será por las puertas giratorias que tienen en sus salas de Consejo, donde los ex ministros y otros jubilados ilustres entran y salen como perro por su casa.

El futuro está en nuestras manos

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