El valle caído


En nombre de este símbolo se ha derramado demasiada sangre

El anteproyecto de Ley de Memoria Democrática aprobada hoy por el Consejo de ministros y que a partir de ahora ha de comenzar su andadura hasta su aprobación final en el Parlamento, dedica su artículo 55 al Valle de los Caídos, de donde queremos resaltar lo que se dice en el punto 5 del mismo:

Se declara extinguida la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, por resultar incompatibles sus fines con los principios y valores constitucionales.

Contextualizamos esta afirmación con lo anteriormente dicho en el art. 36.1 de la sección 1ª del Capítulo IV, en referencia a los Símbolos, elementos y actos contrarios a la memoria democrática

Se consideran elementos contrarios a la memoria democrática los escudos, insignias, placas y cualesquiera otros elementos u objetos adosados a edificios públicos o situados en la vía pública en los que se realicen menciones conmemorativas en exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar y de la Dictadura, de sus dirigentes, participantes en el sistema represivo o de las organizaciones que sustentaron al régimen dictatorial.

A nuestro modo de ver, esto incluye no solo la retirada de la Orden benedictina del valle, sino de todo símbolo religioso católico, identificado desgraciadamente con una postura religiosa concreta que se convirtió en cómplice activa de la dictadura y sus fechorías, tales como el secuestro y venta de niños hijos del “pecado”.  Por tanto, símbolos evidentes como la enorme Cruz que domina el valle debería desaparecer de inmediato, así como toda otra construcción de culto específico rechazado ampliamente por las víctimas del franquismo.

El proyecto de ley parece bastante aceptable si es que se lleva a cabo con rigor y, sobre todo, si no se olvida la vertiente religiosa que indudablemente tuvo la llamada “cruzada” de liberación de los golpistas, cuyo dictador se paseaba bajo palio, símbolo reservado por los creyentes católicos para honrar a la eucaristía (según ellos, el mismísimo dios).

La derecha española ya ha dicho que, si llegan al poder, derogarán esta ley aún no nacida, dejando claro cuáles son sus intenciones futuras. Así es que, para esta gente, los muertos de la guerra no sirven para nada así como el sufrimiento  de los que vivimos el peso de la represión nacionalcatólica franquista durante varias generaciones víctimas del lavado del cerebro y de los múltiples pecados de los que éramos pasto.

Es hora de que todos nos pongamos serios en estos temas, porque nos arriesgamos a un futuro realmente negro si sus tesis acaban venciendo en las urnas. Asusta ver cómo el PP gana en intencionalidad de voto por hablar de libertad para salir de compras, a beber por la noche y a viajar, olvidando que nuestra democracia pende de un hilo frágil ante la hipocresía, la corrupción y la mente retrógrada de estos fascistas (tan fascistas como los de la guerra civil) y de su iglesia.

La verdad histórica

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