El sueño olímpico

Habíamos puesto aquí un vídeo con la canción Imagine de Lennon cantado desde los cuatro continentes, pero la ambición económica de los derechos ha quitado ese vídeo de circulación. Lo sentimos. Desaparecido de las redes, empezando por You Tube. Soñar tiene un precio.

Las Olimpíadas siempre traen un mensaje de esperanza mundial. A pesar de que cada vez resultan más sofisticadas, necesitan ser explicadas y con una inevitable trastienda económica, hay que reconocer que cada vez que se celebra una de ellas parece que el mundo descansa por un tiempo y solo ve los símbolos de paz y unión universal que de alguna manera quiere representar la actividad deportiva, que, en general, también sucumbe al negocio mundial.

Pero sí, hay que soñar alguna vez escuchando la canción de Lenon compartida desde los cuatro continentes, con sorpresa española incluida. Una belleza, que esta vez ha sido quizá más sobria (dentro de lo que cabe) por la pandemia que nos ha recordado el momento de tantas despedidas y de la necesidad de sentirnos unidos ante la adversidad.

Todo medido a la perfección, con pequeños fallos que nos recuerdan que también los japoneses son humanos. Tampoco hubo grandes alardes, excepto el espectáculo de los drones, que nos recuerdan que sí, que Japón es la primera potencia mundial robótica, pero a la vez con una sensibilidad capaz de emocionar al mundo entero.

No todo es Hiroshima, no todo es mecánica mara matar y explotar a los pobres. Se puede crear arte en el cielo, ese desconocido mundo que nos espera en su inmensidad. ¿Habrá visto algún alienígena ese espectáculo desde alguna sofisticada pantalla tridimensional?

La mayor parte del mundo pasa hambre, injusticias y necesidad. Pero sí, nos podemos permitir soñar en un mundo con toda la gente viviendo en paz, sin divisiones, sin cielo ni infierno, sin ninguna razón para matar o morir. Somos muchos soñándolo y no debe ser tan difícil si lo intentamos de verdad.

Ojalá que ni la pandemia ni posibles accidentes enturbien estos días de deporte, ojalá el atrevimiento de celebrarlas no haya sido una locura, sino un sueño por salir adelante.  Que, una vez más, tengamos puesta la esperanza en la superación del ser humano como se hizo desde que prendió la primera antorcha olímpica.

La belleza del mundo vista con ojos japoneses

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