El odio que das

Ellos tienen el antídoto para el racismo

El odio que das. Dir.:George Tillman, Jr. (USA, 2018) 127 min.

USA es un escaparate mundial de algunas cuestiones negativas no superadas por la especie humana. Una de ellas, quizá la más evidente y espectacular, es la del racismo, todavía no superado en un país en donde conviven diferentes razas, culturas y religiones, trayendo a colación conflictos sin fin que se dan entre dos culturas, sencillamente porque una parte, o ambas a la vez, se considera superior a la otra por un motivo u otro. Es el supremacismo, hoy en día tipificado entre los delitos de odio, fuente de conflictos a todas las escalas. El conflicto palestino-israelí es quizá hoy en día el ejemplo público más conocido y que ya ha traído miles de muertes y conflictos internacionales de todo tipo.  La actitud europea frente a los migrantes, que en nada tiene que envidiar a la de USA, es un ejemplo claro de xenofobia.

.En USA el conflicto racial existe desde siempre y actualmente está repuntando por las políticas de Trump, abiertamente contrarias a toda persona distinta que no reporte un beneficio a las arcas del Estado. Las noticias de negros asesinados por la policía por la causa más trivial, es un ejemplo al que nos tienen acostumbrados casi cada día. Un país donde las armas son libres, donde la policía se cree superior a cualquier persona que crea que es delincuente, no duda en disparar a quien cree que posee un arma. Y un candidato a poseer un arma según su mentalidad supremacista, es un negro, quien, por el hecho de serlo, no es de fiar. No se pregunta porqué muchos negros se ven obligados a portar armas para defenderse de los blancos. No se pregunta por qué todos, blancos o negros, pueden comprar armas sin mayor problema. Nadie se pregunta por qué la policía actúa de ese modo ilegal.

La película que tratamos toca este caso particular: Un policía blanco mata a un joven negro por el simple hecho de creer que iba a coger una pistola de su coche, cuando iba a coger un cepillo. Y lo mata delante de su mejor amiga, que ve claramente lo sucedido, e incluso el mismo policía blanco se da cuenta inmediatamente de su error. Pero este policía, que no es capaz de reconocer la verdad, sale absuelto, porque no tiene culpa de su confusión. Nada nuevo ni extraordinario en USA.

Pero el film va mucho más allá de una denuncia, que ya sabemos que no sirve para nada, a tenor de las miles de manifestaciones habidas sin respuesta. Intenta ahondar en la realidad de las cosas y por qué se dan este tipo de situaciones. No en vano los protagonistas, el asesinado y su amiga, son adolescentes negros, que van a un colegio de un barrio blanco, precisamente para evitar los guetos urbanos.

En todo el proceso se confirma una de las causas de estos conflictos sin fin, que se trasmiten de generación en generación: La mayoría de familias de ambas partes educan a sus hijos en el odio a la otra parte y parten de un prejuicio que, con una base real, eterniza el problema, considerando a la otra raza como enemiga, con la que no quiere convivir ni relacionarse, con la que siempre surge el conflicto. Los más débiles se ven avocados al dinero fácil y los fuertes explotan este aspecto para confirmar sus teorías supremacistas. Un círculo vicioso que convierte la historia en un bucle de violencia que no ha cesado hasta al día de hoy. El mensaje es claro: hay que denunciar claramente los delitos de odio, no hay que esconderlos corporativamente y hay que reconocer que, con el paso del tiempo, se han convertido en un modo de pensar que no admite la absoluta igualdad entre las razas, sobre todo en una cultura de aluvión, como es la estadounidense, que debería sin embargo ser una de las sociedades más tolerantes del mundo por la convivencia de tantas culturas y razas que desde sus inicios la han conformado.  Pero esta convivencia no ha sido pacífica ni armónica.

Lo que pasa en USA pasa en todas partes: palestinos contra judíos, negros contra blancos, extranjeros frente nacionales, españoles contra catalanes. Y al revés. Las dos partes han de sentarse a pensar cómo viven y educan a sus hijos, qué se inculca en las escuelas y en sus sociedades cerradas. Sólo nos puede salvar la tolerancia. Y esta película hace honor a esta tesis. Nos ha parecido una recreación valiente de la realidad, pero además con un hilo de esperanza, puesto que, como todo, tiene solución, si sabemos cambiar en nosotros lo que precisamente criticamos de los otros.


Foto del 6 de Agosto de 2019 en USA

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