El negocio de los test y demás quincalla

A mi lo de los test me ha parecido desde el principio un fiasco, porque enseguida empezaron los diferentes tipos de PCR, de antígenos, rápidos, ultrarrápidos, autotests, obligados o de libre comercio. Pero, además, en cada Comunidad les da por permitir unos test u otros, y la gente, al precio que sea, se los compra sin que ningún médico se lo diga. Distintas leyes para entrar o salir de España, viajar entre comunidades, etc. Y no digamos con otras cosas como las cuarentenas a la carta, o los sprays para todo que nos venden en el Súper, los geles de toda clase y un largo etc. para tenernos tranquilos y de paso hacer negociete, que falta nos hace.   

Porque luego resulta que nada es seguro, pueden salir falsos positivos o negativos con los correspondientes trastornos anejos y, lo que es peor, por la falta de seguimiento médico que parece que hay. Así es que, llegados a este punto, parece que los únicos que salen ganando, como siempre, son las ventas de los laboratorios que producen tales cosas y de los profesionales que se dedican legal o ilegalmente a producirlo, repartirlo y venderlo.

El sentido común parece que nos dice que siguiendo las normas básicas del mínimo contacto social, mascarilla y lavado de manos es lo único que realmente es efectivo y que, si alguien tiene la desgracia de notar síntomas, acudir al médico del modo que pueda con la esperanza de que le atienda alguien. Lo cual no es mucho y exige mucha responsabilidad por nuestra parte. Porque, si bien lo pensamos, por mucho que nos doren la píldora, no hemos avanzado tecnológicamente en este sentido y el virus sigue siendo un desconocido difícil de mantener a raya. 
Pero no parece que muchos lo tengan en cuenta y siguen saliendo lo que pueden (y no deben) en contra de cualquier norma, o, simplemente siguiéndolas, pues uno puede pasarse todo el día de bares o reuniones de acá para allá que nadie le va a decir nada, eso sí hasta la hora de la tarde-noche que cada autoridad competente marque en su territorio, si es que les pillan o alguien los denuncia, porque no hay bastantes polis para controlar tanto zombi o, simplemente, las autoridades hacen la vista gorda cuando les conviene.

Así es que decidan lo que quieren: o gastarse un montón de dinero inútil en test y otros inventos oportunistas y salir a viajar arriesgándose y arriesgando la salud de los demás, o seguir las normas, saliendo lo imprescindible. No queda otra. Olviden los negocios y no sean ingenuos, que si lo pillan el problema es serio. No vale la pena. Ya dicen que vamos por la tercera ola y después de Navidad, que dura hasta enero, vendrá la cuarta. Esto es un sin parar. Falta cabeza, faltan medios sanitarios y falta apoyo tanto a los enfermos como a los comercios que no deberían abrir tantas horas. Se espera la vacuna como el remedio universal. Pero hasta que llegue hay tiempo de sobra para infectarse, infectar a otros y morirse. Así de claro. Y luego, cuando ya estemos todos vacunados, ya hablaremos, que de momento todo son problemas por no quedarnos quietos. Y parece que las vacunas tan prometedoras ya no lo son tanto que si por alergias, por no poder distribuirlas en masa, por guardarlas en frío extremo, y cosas que van saliendo de un día para otro. Así es que, paciencia y no se gasten tanto dinero en pruebas. Cuando se lo manden las autoridades pónganselo todo gratis y crucen los dedos. A ver si sale bien.

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