El mismo perro con distinto collar

Aunque nunca nos hemos fiado de él, hay que ver lo que ha cambiado Feijoo en una semana. De pasar a ser una persona aparentemente moderada, poniendo paz a la crispación y sin más ambición que capitanear Galicia, resulta que ha sacado de golpe toda la ambición encerrada de capitanear el barco rumbo a la Moncloa.

Ha aprovechado la insólita ocasión de que el partido se haya despachado de Casado sin mayor explicación que haberse metido un poquito con Ayuso para empezar a manifestarse en los medios como el verdadero líder de la oposición sin haber sido siquiera electo en un Congreso con el resultado cantado. Ha perdido las formas y los tiempos. Las traiciones a muerte en el PP son su signo de identidad y siempre hay quien está agazapado esperando el momento.

Ya nos habla en el mismo tono que Casado/Vox para desprestigiar al Gobierno a base de ignorancia y mentiras. Ha salido el verdadero perro rabioso que llevaba dentro y no se molesta en disimular.

Mal empezamos, porque, menos Casado y sus fieles manos derechas, todos los que quedan son los mismos, empezando por las Cucas y acabando por las Ayusas. Féminas de pro en un partido nada feminista, pero que recoge lo más florido del género para que saquen sus gatunas garras.

No le auguro ningún éxito, no le doy ninguna credibilidad. No hay que esperar siquiera a los 100 días de cortesía tras su nombramiento “democrático”. La ambición le sale por los ojos y no puede cambiar a aquellos que le han aupado en una traición colectiva digna de un Julio César, con perdón por el parangón de tan noble romano con un petimetre como Casado.

Con su pan se lo coman. Lo malo es que España no se merece una derecha tan fascista como la que tenemos, cuyo único programa es derrocar al Gobierno y acabar con todas las leyes progresistas que tantos sudores han costado.

Regenerar la política de la derecha de nuestro país va a costar muchos años y eso nunca es bueno para la democracia. Y, a este paso y si la izquierda no se deja llevar por sus contradicciones y personalismos, es una ardua tarea para quienes deseamos un país moderno, social y con proyección internacional en un mundo de paz, con proyectos constructivos, sin guerras ni alianzas para la guerra.

Harían bien en tener un mínimo de autocrítica y no reiniciar más de lo mismo, sino cambiar de caras y proyectos, pero, sobre todo, acabar con sus corrupciones en una limpieza a fondo Si alguna vez tuvieron algún principio honesto, vuelvan a él. Lo está esperando el resto del Estado.

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