El metaverso de las hormigas

Vivir dos realidades separadas puede causarnos problemas

Los que vivimos en ciudades tenemos poco tiempo para levantar la cabeza y observar lo que llamamos cielo. Solo nos preocupa si amenaza lluvia o si vamos a tener buen tiempo. Son pocas las ocasiones que tenemos de ir al campo y observar en la noche la maravilla del universo, que nos pone en el sitio de lo que somos.

Ya tenemos a nivel social algunos conocimientos científicos que nos hablan de la inmensidad espaciotemporal de eso que vemos a simple vista y que podemos comprender mejor a través de algunas fotos especializadas. Por lo tanto, ya somos conscientes de que somos en el universo como una microhormiga que vive un microsegundo en términos astronómicos. Nos sentimos maravillados y a la vez empequeñecidos por unos instantes y todo desaparece cuando volvemos a la vida diaria en nuestra rutina de trabajo, vida social y una vida virtual que, poco a poco, está ocupando cada vez más sitio en nuestras vidas reales.

Es probable que esta realidad virtual creada para facilitarnos un mundo más feliz, traiga consigo otras cosas no tan maravillosas como los fraudes, acosos y delitos cibernéticos, aparte de alejarnos cada vez más de la vida real. El metaverso que nos plantean ya las grandes empresas virtuales nos permitiría llevar una vida o varias paralelas sin movernos de nuestra casa, cada vez más reducida a un cubículo de intercomunicadores, en donde podríamos vivir absolutamente fuera de nuestro planeta, buscándonos la vida de negocios y relaciones, por ejemplo, con personajes y avatares que nos pueden facilitar incluso nuestro propio enriquecimiento.

Todo un universo virtual que deja de lado una vez más a quienes no tienen a su alcance las redes que nuevamente profundizan en esa brecha digital que significa, además, la diferencia entre el mundo rico y el mundo desesperadamente pobre, es que este último es quien aporta la mano de obra barata e incluso las materias primas para que tales inventos puedan seguir adelante. Y no solo eso: vivir de, por y para la realidad virtual puede provocar en nuestro cerebro un conflicto de personalidades diversas con las que fundirnos y olvidarnos realmente de quiénes somos.

Quede bien claro que soy plenamente partidario de la ciencia y de todos los avances tecnológicos que se han conseguido a lo largo de los años. Pero con lo que no estoy tan de acuerdo es que estos avances lleguen a separarnos del mundo real, creando más injusticia social y problemas mentales.

Es brutal la diferencia de planteamientos entre este metaverso y la realidad de un país destrozado como Etiopía, o la escalada bélica de Ucrania. Y ese es el mundo real. El mundo de los intereses económicos y políticos que nos martillean a diario con mentiras y discursos para locos que nos hacen la vida imposible y mediocre. ¿Cómo armonizar ambas realidades? Resulta imposible sin el principio de igualdad y no exclusión a la que tiene derecho la ciudadanía global.

No duelen los millones invertidos en la conquista espacial. Es verdad que nos han dado muchos nuevos conocimientos. Pero hay que comprender que todavía estamos celebrando como una hazaña aterrizar en marte, otro minúsculo punto del universo al lado mismo de nuestro planeta. Eso no es nada ante un universo o multiverso, que parece estar totalmente inerte por muy incomprensible que nos parezca.

Aún no sabemos nada, y nos queda mucho camino por recorrer. Pero lo que duele de verdad son los millones invertidos en armas y en medios de destrucción masiva, los millones invertidos en crear un mundo feliz para unos pocos privilegiados y un infierno para otros, dejando al planeta y su entorno lleno de basura que tardará miles de años en desaparecer, porque no se invierten millones en reciclar residuos ni crear nuevas energías y materiales.

Es decir, soñamos a largo plazo virtual e invertimos todas nuestras fuerzas y dinero en ello y no invertimos a corto plazo en lo real que hace posible la vida, sin la que la realidad virtual no tiene sentido y ni siquiera podría existir (a día de hoy). Es tal la contradicción que realmente cada vez estamos más cerca de la hipótesis que defiende que, en caso de supervivencia del planeta, será más probable que quienes la habiten sean las nuevas generaciones de inteligencia artificial, capaces de desarrollar nuevas  energías que mantengan vivo el planeta y posibiliten viajes realmente interestelares en la búsqueda de nuevos seres inteligentes.

Y nosotros, como mucho, quedaríamos en alguna reseña prehistórica, como las microhormigas estúpidas que se autodestruyeron a sí mismas soñando en un mundo virtual que disfrutaron otros seres no biológicos, porque es muy posible que la vida real del futuro, si no la destruimos antes, será vivida por los seres más inteligentes que la inteligencia virtual creó en base a lo que soñamos algún día de un pasado muy lejano y fuimos incapaces de lograr por nuestra desmedida ambición animal. Un multiverso posthumano mejor que lo de hoy.

Hay que mirar al cielo para recordar quiénes somos

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