El lado oscuro

Esto no ha hecho más que empezar

Un efecto colateral de la pandemia que estamos padeciendo es el destape de las deficiencias estructurales que tenemos desde hace años. Y así vemos con toda nitidez la insuficiencia de nuestro sistema sanitario recortado por las políticas de austeridad impuestas desde crisis anteriores y por anteriores gobiernos. Y junto la sanidad, las deficiencias en las residencias de mayores, la falta de profesorado y tecnologías en los centros escolares, la precariedad laboral multiplicada por un falso asentamiento en la inmigración, el turismo y el ocio nocturno, que han evidenciado el enorme trabajo en negro de nuestra economía, implicando una falta de control por parte de la administración.

Las diferencias de clase se han manifestado en una enorme brecha de desigualdad, que han dejado sin recursos a muchas personas que apenas se mantenían incluidas en la sociedad. Todo esto era evidente, pero ahora son temáticas de vida o muerte.

Claro que no hubiésemos llegado al nivel en el que estamos si no fuera por la tremenda corrupción que se ha instalado en nuestra política que ha destruido la ilusión de que nuestra democracia era, según algunos, modélica. La democracia apoyada en el partidismo es en principio coherente con una manera de agrupar los diferentes modos de concebir la vida social. Pero estos partidos hoy son una rémora a nuestra democracia, puesto que se han convertido en ghettos de poder que luchan por la primacía sin importarles el bienestar nacional. Eso hace, por ejemplo, que en estos momentos duros de la pandemia se recrudezca la guerra sin cuartel de la ultraderecha española por derrocar al Gobierno sin ninguna otra finalidad más que tener el poder. Y así para algunos la independencia está antes que cualquier otra cosa, otros no quieren hablar siquiera para acordar unos presupuestos, y las Autonomías han perdido todo su sentido luchando entre ellas según las banderas que las gobiernan.

Pero es evidente que en esta guerra sin cuartel no todos son iguales. Es la ultraderecha española la que se ha desatado con furia, recordando que en España seguimos en una guerra civil incruenta apelando a los fantasmas del franquismo frente al comunismo. No es que la izquierda sea una santa, con sus fallos y vaivenes en lo que se refiere al PSOE, pero desde luego, no es lo mismo el talante del Gobierno de coalición que el talante de la oposición que ha unido en la misma cama a partidos que se traicionan entre sí, y a los que solo une el ansia de poder de una forma u otra. La sociedad democrática española se ha revelado como un sueño no alcanzado y al que no nos acercamos ni de lejos.

Sabemos, además, que no sólo tenemos el problema de la pandemia, sino que después le siguen las olas gigantes de la recesión y del cambio climático. Problemas que no por anunciados se han provisto de planes de choque y cambio, por falta de unidad política en cuestiones de Estado.

Todas estos problemas, que llevamos padeciendo de manera brutal desde hace meses, están calando en la sociedad que, poco a poco, se ha quedado sola soportando las restricciones que le vienen encima, los problemas sanitarios, de escolaridad, de trabajo, de contacto social y, en suma, de la exigencia de tener que vivir de un modo diferente en un sistema de producción y distribución de la riqueza diferente.

La sociedad ha descubierto el lado oscuro de su democracia, que la deja confusa y sin orientación fiable. Las depresiones y problemas psicológicos disparados por esta situación, se soslayan en un momento en el que solo se atiende al COVID y lo demás se deja para Dios sabe cuándo. Hay quien se pregunta si podremos vivir en este mundo, si vale la pena vivir así.

Nos vemos en la necesidad de acudir a nosotros mismos, a nuestra individualidad, para afrontar todo aquello que la sociedad como tal no está afrontando. Algunos se evaden negándolo todo, otros se benefician de la penuria ajena, y cada uno va a su aire. Aquí entra en juego nuestra propia fortaleza para luchar contra ese lado oscuro que, como en la películas, se enfrenta a un mundo en paz e inclusión.

Cada uno de nosotros tiene la opción de elegir entre hundirse en la desesperación o buscar fuerza en su interior para sobrevivir lo mejor posible y buscar soluciones que le permitan ir superando los baches. Tomar sus propios modelos de conducta de las personas que admira, algunas cercanas y amigas y otras más lejanas y ejemplares. Pensemos por ejemplo en los supervivientes del nazismo, en los supervivientes del África empobrecida, en los supervivientes de tantas injusticias. Ellos nos enseñan que podemos superar cualquier adversidad. Y quizá en nuestra propia vida hayamos pasado por situaciones que nos hayan hecho optar por la vida y no por la muerte.

La vida es dura y eso es evidente. Pero cada uno puede elegir no solo vivir y no dejarse vencer por el lado oscuro, sino que, además, se puede ser feliz si te empeñas. Pero siempre nos falta un apoyo que es esencial en nuestro desarrollo: el apoyo social. Los Gobernantes y todos esos políticos que se matan por el poder deben recordar que no somos superhumanos y que necesitamos al resto de la sociedad para poder vivir. No puedo ser feliz si a mi alrededor hay ciudadanos que viven sin dignidad o mueren por dejadez. Nos necesitamos todos y para eso hay que estar unidos.

Solo así podremos vencer el lado oscuro, como en Star Wars, que nos indica el camino del futuro, basándose en nuestro pasado. Aunque yo soy más partidario de la estructura de Star Treck, siempre se puede dialogar.

Hoy sentimos como nunca el lado oscuro de nuestra realidad social

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