El infinito en los bytes

Entre las lecturas con las que espero deleitarme este año, está El infinito en un junco de la zaragozana Irene Vallejo, con el que ganó el año pasado el Premio Nacional de Ensayo. Aunque aún no le he hincado el diente sí que he escuché un fragmento, y también he aprovechado para ir leyendo algunos artículos que ha ido publicando en medios como El País y en El Heraldo de Aragón.

De este último periódico rescato el artículo “Maneras de dudar” (25.01.21):

Habla de Sócrates y de cómo combatía “la inercia de los pensamientos y el poder casi invencible de los prejuicios”. Lo que los psicólogos llaman el sesgo de confirmación: «Si la realidad contradice nuestras ideas, en lugar de cambiar de opinión, respondemos con sospecha e incredulidad. Nos aferramos a nuestras creencias con dudas y dientes», afirma.

La madre de Sócrates era matrona, y justamente la “mayéutica” (del griego μαιευτικóςmaieutikós, «perito en partos» según Wikipedia) es la segunda fase del método que Sócrates aplicaba, para hacer que el alumno por medio de preguntas, descubriera conocimientos. [Fuente: Wikipedia]

Recordemos que justamente por hacer pensar a la gente, Sócrates resultaba peligroso o “incómodo” para ciertas jerarquías y fue condenado a muerte.

Hoy en día las redes sociales como Facebook nos aíslan con sus algoritmos en el llamado filtro burbuja; no hay mucha ocasión para la dialéctica o si la hay, el medio no suele ser apropiado para profundizar y por el contrario, abundan las posturas polarizadas, insultos y pocas ganas de escuchar otras voces o «tender puentes». Hace mucho que las humanidades andan de capa caída, y seguramente son más importantes de lo que la mayoría piensa.

Hace poco Dava Newman, primera ingeniera en alcanzar la subdirección de la NASA, afirmaba en un titular que “La excelencia se alcanza con diversidad. Las mejores ideas surgen cuando invitas a todos a participar” (El País, 07.02.21):


Podemos seguir haciendo tantas cosas «como siempre», sin molestarnos en pensar, ni cuestionarnos, sin dudar (¿sabes cuál es el motivo de que así estén dispuestas las letras de tu teclado?) o atrevernos a revisar nuestras creencias. A no sentirnos automáticamente a la defensiva porque alguien piense diferente, aprender de nuevo a dudar, hacernos preguntas y más preguntas. El infinito, ahora en los bytes.

1 comentario en «El infinito en los bytes»

  1. Magnífica propuesta, que nos recuerda lo que somos en un tiempo de cansancio moral y crispación fanática. La sabiduría socrática es hoy más que nunca actualidad y una fuente de inspiración para nuestra conducta en tiempos difíciles y de poco pensamiento. Me añado a tu invitación a contrastar ideas y a dialogar ante el silencio de la amargura y la negatividad.

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