El genocidio indígena

Como las sardinas italianas frente a los tiburones

Quienes defienden la tierra son amenazados y su compromiso por proteger ríos, bosques y otros recursos naturales se ha convertido en un peligro latente para sus vidas. Los asesinatos y amenazas se dan en todo el mundo, aunque en Latinoamérica se han presentado más de la mitad de los crímenes registrados durante el 2018, según el último informe de Global Witness.

Bajo el título ¿Enemigos de Estado?, esta organización internacional presenta un reporte de alrededor de 60 páginas que revela el asesinato de 164 defensores ambientales el año pasado en el mundo, una cantidad que evidencia que por lo menos tres personas perdieron la vida cada semana. Estos testigos del mundo denuncian constantemente todas las matanzas que ocurren en cualquier parte para conseguir que los empresarios puedan talar árboles, crear campos de soja para alimentar al ganado industrial, o cualquier otra cosa que les reporte ganancia. Más información

Es injusto decir que el clima mata. El clima de nuestro hábitat natural siempre ha tenido fenómenos atmosféricos que han provocado catástrofes y han matado seres vivos. Pero el equilibrio ecológico se ha mantenido dentro de unos parámetros favorables a las especies que nos habíamos adaptado a la evolución de la naturaleza.

Pero el hombre ha cambiado eso a causa de su ambición de dinero y poder. Los Estados han respondido haciendo oídos sordos a las constantes advertencias de los científicos.

El genocidio de los pueblos indígenas no es una novedad para nosotros, que lo venimos conociendo desde la conquista de América, y las colonizaciones del tercer mundo por África y Asia. El depredador humano civilizado, ha llevado su civilización a todos los rincones del mundo, y a cambio a extinguido sus culturas y pirateado sus inmensos recursos naturales. Algunos, como los pueblos árabes petroleros, han tenido suerte, y su comportamiento ha seguido la pauta de dominio, manejando a sus anchas la economía mundial en base al precio del barril del petróleo. A ellos no se les ha exterminado porque su petróleo, hasta ahora, ha sido importante para el primer mundo: energía fósil a toda pastilla, que ha sido una de las principales causas del desastre climático que tenemos encima y que nos obliga a cambiar a toda prisa si no queremos sucumbir.

Pero no. En plena cumbre del clima de Madrid, que no se ponen de acuerdo por cosas tan contraclimáticas como la reventa de derechos de contaminación (como si contaminar fuese un derecho), nos hemos enterado de que los líderes indígenas que se oponen a la tala indiscriminada de árboles en Brasil, Colombia, Honduras y otros lugares, son asesinados sistemáticamente, ante la impasibilidad del resto del mundo y, sobre todo, frente a los mayores depredadores del mundo: USA, China, India, y así un país tras otro, en correlación directa a su falsa riqueza global. Los países más pobres del mundo son los primeros en notar los estragos del cambio, como en Somalia y otros países que ya no pueden sobrevivir. Los depredadores aplican su particular pena de muerte, sin juicio previo.

El genocidio de las especies animales incluye a la especie humana y esta ya hace tiempo que ha comenzado. Y esto en nombre del progreso capitalista, el gran sistema económico alabado en todo el mundo frente al demonio marxista. Enhorabuena, ya ven lo conseguido.

Yo creo que ya no nos da tiempo a cambiar el ritmo del cambio. Las no-conclusiones de la cumbre de Madrid, me lo confirma. No se trata de propósitos tan falsos como el de adelgazar el año que viene tras los excesos de Navidad, otra causa de consumo indiscriminado que habrá que atajar. Acabar con los árboles de Navidad, sus adornos y los millones de regalos en ropa y cachivaches, multiplican en cuatro meses el desastre natural.

Las Naciones Unidas tendrían que dar las normas a seguir, con sanciones a los países que no las cumplan. Los Estados deberán acatar las medidas y hacerlas cumplir con todos los medios a su alcance, también el penal. Y sobre todo, que tanto asesinato no quede impune. Ya no hace falta que nos mate el clima, hay quienes no pueden esperar y ya matan directamente a quienes protestan y denuncian. Ese sí es un delito de lesa humanidad porque nos concierne a todos.

El caos mundial en que nos hemos convertido se tendrá que revertir a la fuerza. La imagen del triunfo de Johnson con un enorme árbol de Navidad de fondo, celebrando la salida de UK de la UE, es para mí el último signo de que esto no tiene remedio. Los líderes depredadores se apoyan los unos a los otros y son más fuertes que los de abajo. No confío en la racionalidad humana, al menos como colectivo. Solo me asalta una duda, que me abre un resquicio de esperanza: ellos, los de la casta de líderes políticos y la gente guapa que les aplaude, son pocos. Nosotros, los de abajo, los que protestamos somos miles de millones. ¿Y si resulta que damos la vuelta a la tortilla? Si cantamos libremente “el violador eres tú”, también podemos cantar “el depredador eres tú”. Seamos como las sardinas italianas y acabemos con los tiburones.

Uno de los tiburones más grandes

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