El eje Prat-Barajas y sus fuentes de energía

A falta del indispensable visto bueno de la Unión Europea, Gobierno y Generalitat de Catalunya llegaron ayer a un acuerdo para ampliar el aeropuerto de El Prat. La inversión será de 1.700 millones y se traducirá en 83.000 empleos directos y 365.000 empleos indirectos.

La obra incrementará en dos puntos al PIB catalán e irá pareja a otros 1.600 millones que se invertirán en Barajas. El acuerdo no solo contempla la ampliación del aeropuerto, sino también la conexión de El Prat con los aeropuertos de Girona y Reus (Tarragona) a través de trenes de alta velocidad para el año 2026. El objetivo principal es, según ambas administraciones, crear un hub aéreo intercontinental que sitúe al aeródromo barcelonés entre los aeropuertos de referencia a nivel internacional. Más información

Este acuerdo se refuerza, además, con los AVE que conecten directamente con los aeropuertos dando entrada también a nuevas empresas  privadas de alta velocidad. La nueva ministra de Transportes, Raquel Sánchez, afronta así una serie de retos históricos en el momento de transformación más acelerada del transporte, desde innegociables paradigmas de sostenibilidad en paralelo a una convulsión en la oferta de grandes operadores ferroviarios y aéreos, cuyo resultado va a marcar para varios años la forma de moverse en España y de reforzarla como potencia turística, de modo que pueda garantizar este sector su papel como sustento del grueso del empleo del país, y a su vez mediante los impuestos como base del mantenimiento de los servicios públicos y de la estabilidad social. Más información

El espacio aéreo se ha convertido hace años en un cada vez más complejo entramado de rutas invisibles que siguen un programa futurista de movilidad cada vez más rápida, pero que olvida el aspecto nefasto de la aviación, que es su impacto medioambiental. La UE todavía está en los comienzos de normativas que intenten paliar el desastre ecológico que los combustibles fósiles están ocasionando al planeta cada día que pasa y cuyos efectos parecen ser irreversibles si seguimos con las mismas políticas de pan para hoy y desastre para mañana, un mañana que cada día se vislumbra más cercano con los cambios climáticos y catástrofes ya no tan naturales a los que ya nos hemos acostumbrando a sufrir en cabeza ajena, hasta el día que nos toque a la nuestra.   

Es una lástima que el aperitivo con regalos que el Gobierno ha utilizado para recomenzar la mesa de negociación entre el Gobierno central y la Generalitat la semana del 13 de septiembre, se haya centrado en el tema más que discutible de la ampliación del Prat, entre otras competencias territoriales, que precisamente van totalmente en contra de las políticas sobre el medio ambiente que se recomiendan desde la ONU, la UE y desde el mismo Gobierno español.

Naturalmente el Gobierno catalán encantado, porque la pela es la pela, y va acompañado de un regalito a Barajas para que Ayuso no vuelva a llorar ante tanto maltrato. Parece que desde ERC y els Comuns no hay tanta alegría por el anuncio que, a todas luces, es insostenible si no se cambian los combustibles y porque, de entrada, acaba con el medio ambiente de una zona protegida.

De esta manera, ambos Gobiernos, que pecan del mismo cortoplacismo contradictorio, centrando su interés económico en el turismo de élite, se cargan de un plumazo toda la política sobre la España vaciada, la explotación sostenible de la ganadería y la agricultura, y todo lo que esté por debajo del nivel del comercio internacional o el gran turismo de placer que solo algunos se pueden permitir. Se han olvidado ya de las enseñanzas de la aún inacabada pandemia: no lo podemos confiar todo al turismo y a la hostelería, que son mercados frágiles y volátiles ante cualquier contratiempo, teniendo que invertir más en la investigación, nuevas energías y tecnologías.

Aragonés (cuyo apellido no le hace justicia) dice que sacará las uñas en la próxima reunión exigiendo amnistía, referéndum y autodeterminación. Menos lobos, caballero, que hasta ahora no ha hecho más que poner la mano a ver qué le cae, y luego ya hablamos de lo nuestro. Le recuerdo que, si tanto usted como Sánchez no aflojan sus exigencias, no llegarán a nada. Y ponerse de acuerdo en construir mega aeropuertos, para nutrir mega ciudades no es precisamente un ejemplo de política social. Ojalá la UE tire abajo el proyecto, que no se atreverá.

Ayer mismo, coincidiendo con esta triste noticia que comentamos, llegó a nuestros oídos que Cho Jae-weon, profesor de ingeniería urbana y ambiental en el Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología de Ulsan (Corea del Sur), ha diseñado un inodoro ecológico conectado a un laboratorio que utiliza excrementos para producir biogás y estiércol. El inodoro BeeVi, un acrónimo de las palabras abeja y visión, utiliza una bomba de vacío para enviar las heces a un tanque subterráneo, lo que reduce el uso de agua. Allí, los microorganismos descomponen los desechos en metano, que se convierte en una fuente de energía para el edificio, alimentando una estufa de gas, una caldera de agua caliente y una celda de combustible de óxido sólido.

Una persona promedio defeca alrededor de 500 g al día, que se pueden convertir en 50 litros de gas metano. Este gas puede generar 0.5kWh de electricidad o usarse para conducir un automóvil durante aproximadamente 1.2 km. Cho ha ideado una moneda virtual llamada Ggool, que significa miel en coreano. Cada persona que use el inodoro ecológico gana 10 Ggool al día. Los estudiantes de la Universidad pueden usar la moneda para comprar productos en el campus, desde café, comida o libros, con un simple código QR. Más información

La primera vez que oímos hablar de algo parecido fue en 1985 en la serie futurista Mad Max, que, en su tercera entrega, Más allá de la cúpula del Trueno, nos presentaba cómo en el post apocalipsis se las ingeniaban para acabar con la violencia a base de meter a los dos contendientes en una carpa, de donde solo salía uno vivo, acabando así la discusión, y para mantener la energía necesaria para la mega ciudad utilizando el metano de las heces de los cerdos.

Aquello que parecía imposible resulta que es verdad y que un problema de nuestro tiempo son los gases de la ganadería industrial que acampa por ahí a sus anchas. Y como los humanos somos tan animales como los cerdos, resulta que también nosotros nos las podemos ingeniar para tener una fuente inagotable de energía limpia, mientras sigamos siendo seres biológicos.

Verlo en la realidad nos da que pensar, pues ya se alarga la lista de modos de poder sacar energía alternativa sin dañar nuestro hábitat. Las fuentes sin duda más importantes y reconocidas son la energía solar, la hidroenergía, la eólica y la geotérmica.  Más información. El hidrógeno y la electricidad ya se usan como combustibles. Pero hay más disponibles que nunca resultarán tan caros como los combustibles fósiles, tanto en dinero como en daños colaterales.

Así es que, como moraleja de esta doble cuestión sobre el diálogo interterritorial y un regalo envenenado que cuesta miles de millones y nos perjudica a todos, empezando por los más vulnerables:  la mierda da más de sí que la política elitista que el mundo está empeñado en explotar hasta que explotemos de verdad.

No sé si llegaríamos a tiempo, pero ahora sí que no podemos decir que no tenemos soluciones al alcance de la mano (con guantes de plástico compostable, desde luego). También podemos concluir que el diálogo no se logra con regalos ni sobornos, sino con buena voluntad social, mente abierta y humildad. Virtudes todas ellas que no sé si nuestros próceres políticos tienen o si están siquiera dispuestos a tenerlas. En ello nos va la paz social y la vida. Como dice la canción de la película, no podemos cometer el mismo error otra vez

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