El desfile de las fuerzas profesionales de ayuda a domicilio

Este ballet puede costar millones

Ayer me enteré por casualidad de que el Gobierno aumentó un 30% el presupuesto del desfile de las Fuerzas Armadas del 12 de octubre, que costó 912.000 euros. Ya es una noticia pasada, pero me puse a darles vueltas al asunto. Yo soy pacifista y antimilitarista, aunque, dado el panorama mundial, sí acepto las Fuerzas de paz de las Naciones Unidas (cascos azules) como un mal menor y más efectivo, si de verdad es algo promovido por todas las naciones y mantenido entre todos, contribuyendo al equilibrio mundial. Un desfile, además del gasto, promociona una profesión y estimula a la juventud a seguir su ejemplo (?).

Así pues, yo creo que las Fuerzas armadas nacionales son bastante inútiles, aunque nadie les niega sus labores humanitarias. Pero es un trabajo que se debería hacer en conjunto, no cada país por su lado, multiplicando un gasto que se niega a otros colectivos que merecen con mayor motivo el reconocimiento de sus aportaciones al bienestar social y, por tanto, a la paz mundial.

Yo conozco de cerca el colectivo de profesionales de ayuda a domicilio, porque trabajo en él desde el año 2003. Quiero aclarar que voy a incluir a los efectos de esta reflexión a todo tipo de personas que se dedican profesionalmente a la atención de las personas que necesitan apoyo por su diversidad funcional, pero también quiero incluir a las personas que altruistamente se dedican a cuidar a las personas que lo necesitan por diferentes razones, pero que no reciben el apoyo del Estado suficiente para que estas personas tengan la calidad de vida que les corresponde como ser humano.

Así pues, estaríamos incluyendo a profesionales de atención a la dependencia y a los miles de cuidadores no profesionales que no se sabe ni cuántos son, porque no contamos con estadísticas actualizadas desde 2008.

Hemos encontrado un interesante estudio de UGT, publicado en septiembre de 2018 que nos refleja la situación activa en este sector profesionalizado de ayuda a domicilio y que es muy recomendable tener en cuenta. Descargar documento. También hay que considerar las estadísticas actualizadas del IMSERSO sobre la aplicación del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD).

La cuestión es que hay innumerables personas que están trabajando para que las personas que tienen algún tipo de dependencia puedan llevar una vida más autónoma, sin tener que depender de la buena voluntad de su familia o voluntarios. Hay que tener en cuenta que son las familias las que tradicionalmente han llevado el peso de los cuidados, sobre todo mujeres, y que, actualmente, también comparten la mayor parte del peso personas trabajadoras en negro, que en su mayoría siguen siendo mujeres poco cualificadas, o inmigrantes no siempre legalizados. Con lo cual, la base principal del sistema consiste en trabajo negro, por no ofrecer el Estado una buena red de servicios profesionalizados y bien remunerados que cumplan con lo que se supone ha de proporcionar un Estado del bienestar para todos. En realidad, la propuesta también recuerda a la vieja reivindicación de las amas de casa para que se reconozca su inmenso trabajo. Pero nuestra reivindicación estaría más allá de este reconocimiento, puesto que consideramos que el Estado es quien debe cargar con los las situaciones que van más allá de los trabajos intrafamiliares y abordan un verdadero problema de salud y justicia pública.

Siempre se han visto las aportaciones del Estado a estos problemas como gastos sociales. Pero esta es una visión falsa y engañosa, porque así se oculta que la necesaria profesionalización cualificada de los servicios de ayuda a domicilio o fuera de él, son una inversión social, que repercute en la calidad de vida de las personas usuarias, que incluso pueden aportar su trabajo, según su estado personal, con tal de que se les ayude en algunos aspectos. Pero también se olvida, intencionadamente, que es una fuente de trabajo muy importante para muchas personas que lo harían gustosamente, si a cambio se les ofreciera un trabajo dignamente remunerado y con la formación necesaria para los distintos tipos de atención. Estamos hablando naturalmente de un nivel público, puesto que, a nivel privado, pocas personas pueden contratar legalmente auxiliares o cuidadores porque no tienen medios económicos, ya que suelen ser pensionistas. Además, se quiere ocultar que muchos miembros de la familia, sobre todo esposas e hijas, han de renunciar a su propio trabajo o a pedir excedencias o reducciones de jornada, para poderse ocupar de los cuidados de la persona que lo necesita. Pero, aún con ese sacrificio, no logran dar todo lo que la persona con diversidad funcional necesita, puesto que, más allá de los cuidados que puedan muchos necesitar por enfermedad o dependencia, no pueden realizar sus proyectos de vida de trabajo, ocio, vida social, etc., porque necesitarían que alguien les ayudase en eso, y la familia no puede con ello, teniendo que acudir a Asociaciones que en parte ayudan a paliar estas situaciones. Toda esta lista de beneficios conseguidos con una buena red de servicios domiciliarios, sería lo que en economía se llama el retorno social de la inversión, que, además, acaba con los costes de oportunidad de los familiares o allegados.

Ahora tenemos un Ministerio de Derechos Sociales, y hacía ahí apunta mi petición. Es hora de revalorizar ese trabajo familiar o profesional de bajo reconocimiento, y que la gente conozca que este tipo de trabajos se pueden realizar con vocación y con futuro. Que las familias vean a su familiar necesitado no como un problema, sino como una oportunidad de mejorar su vida. Pero para eso hay que darlo a conocer, hay que reconocerlo públicamente y poner los medios que se merecen. Las Fuerzas Armadas, con todos los respetos, no nos libran de los conflictos bélicos nacionales o internacionales. Y si es bueno ayudar a otras naciones, también es bueno ayudar a la nuestra. 

Los profesionales de ayuda a domicilio sí nos pueden librar de los conflictos diarios en los que millones de personas tienen que luchar y que repercuten en la estabilidad familiar e incluso en la salud de las personas que, sin estar previamente preparadas, se enfrentan a situaciones que tienen que resolver sin ningún tipo de apoyo. Este tipo de trabajos son un verdadero servicio público porque su finalidad es precisamente mejorar la calidad de vida integral de todos los ciudadanos sin excepción. Aprovechamos para denunciar la desigualdad de tratar a la élite del funcionariado con un régimen especial de privilegio, cuando cada vez más se utiliza este servicio público con subcontrataciones a entidades de utilidad pública que, en su inmensa mayoría, cargan con la responsabilidad de realizar estos servicios en la vida diaria de las personas con dependencia. No es justo que se les aumente el salario a quienes gozan de privilegios tales como el que no puedan perder su puesto de trabajo a pesar de su mala gestión. Una funcionaria comenta hoy por TV que en realidad la subida solo «daba para un café o una comida fuera», despreciando que hay muchas personas que para ellos comer fuera es todo un lujo. Una falta de empatía y responsabilidad total por parte de quienes se sienten seguros en su trabajo, siguiendo el ejemplo de las propias administraciones públicas. Las Entidades de utilidad pública y otras Asociaciones que se preocupan de llevar a cabo los servicios domiciliarios viven de subvenciones y limosnas administrativas, creando empleos precarios e insuficientes, con trabajos temporales o de jornada reducida, a los que se le puede retirar la subvención en cualquier momento, en correlación a la prioridad política coyuntural, que por lo menos hasta ahora, nunca recae en los más desfavorecidos.

No estaría mal que se suprimieran algunas festividades de tipo religioso o militar y que se festejara este verdadero trabajo social. Se podría hacer un desfile, como se hace con otros colectivos, y este no costaría nada hacerlo, pues ni siquiera habría que ir a Madrid. En cada ciudad podrían desfilar dando un paseo cuidadores y cuidados, auxiliares y usuarios, disfrutando del día y de la fiesta, pero sobretodo, de la justicia y la igualdad en derechos.

Cuestión de prioridades en la política y en la inversión económica. Yo prefiero invertir en auxiliares que en armamento. Ah, y no nos olvidemos de la objeción fiscal, pues somos muchos los que no queremos que nuestros impuestos vayan a parar al ejército.

Esta marcha es gratis y más productiva

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