El cuento de la abuelita

Hay que reconocer que las abuelitas, según van pasando los siglos, están más espabiladas. Y las del siglo XXI son lo último, con todos los respetos a la reina madre inglesa, que en la gloria esté,  famosa por sus ginebras con leche.  

Algunos medios, que no tienen empacho en meter la cizaña que pueden con tal de sacar un plus de audiencia, nos vienen ahora con una vuelta de tuerca al cuento de caperucita, revelando a las claras que de roja nada, sino todo lo contrario, pillando infraganti a una ingenua abuelita que de tonta no tenía un pelo, al decir que sus paridas se publicasen post mortem.

No revela nada extraño, puesto que, si te metes en el jardín de la realeza, salvo algunas honrosas excepciones que acabaron saliéndose del círculo vicioso, no son precisamente progresistas, puesto que, por definición, la monarquía es una cuestión anacrónica dentro de una democracia, cuyo pilar fundamental es la igualdad de todos los ciudadanos. Por tanto, monarquía presupone un viaje al pasado desde un presente que ha cambiado de valores. Y el que no lo quiera ver sus razones inconfesables tendrá.  

La cuestión es que, una vez más, la ultraderecha saca artillería pesada para intentar por todos los medios desprestigiar todo mínimo avance hacia una democracia plena, que buena falta nos hace. La burla hacia un paradigma de la izquierda contemporánea y la alabanza a la oposición más ultra, es la ficha que han movido algunas mentes retorcidas, que no dudan en tirar de la lengua a una anciana, aunque eso dañe precisamente a quienes presuntamente más quieren defender.

Y digo presuntamente porque quienes más dicen defender la Constitución, la monarquía, los valores católicos, la bandera, la unidad de España y (ahí va lo bueno) el sentido común, resulta que lo que de verdad defienden es una desfasada ideología que al final están logrando que se convierta en viral al más puro estilo fake, que les deshonra. Ellos están por encima del bien, del mal, de dios, de la Constitución, de la ley y de todo lo que se ponga enfrente.

Un bochorno nacional, que habrá cabreado a cercanos y lejanos, que las voces de siempre de algunos medios lo quieren difuminar, como si aquí no hubiese pasado nada y que en realidad la abuelita bondadosa olvidaba detalles que enrojecían los colores ideológicos de su descendencia biológica. Pasemos un estúpido velo y sigamos con la sidrina, que es de lo que se trata.

Se les fue de las manos. La bomba fétida estalló y algunos la seguimos oliendo por doquier. Valió la pena ver las caras de los periodistas. Algunos babeaban de mala leche y otros de vergüenza ajena. Y si no lo vieron, ni se enteraron, mucho mejor. Un cabreo menos que llevarse a la cama antes de soñar con los angelitos (quienes, por cierto, no tienen sexo, o eso nos dicen quienes no los han probado).

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