El arma arrojadiza de la Constitución

Gracias a Cs España se divide en dos: Constitucionalistas y no constitucionalistas, catalanes y anticatalanes, independentistas y unionistas, extremistas de ultraizquierda y de ultraderecha, fascistas y comunistas, terroristas y centristas, sensatos e insensatos, proetarras y antietarras, en suma, entre los buenos y los malos, a los que algunos dicen que hay que matar. Sobra, literalmente, la mitad de España a la otra mitad.

En Cs no son tan listos como para haber descubierto tal cosa, puesto que eso no ha de dejado de ser así desde antes de nuestra penúltima guerra civil. Lo que acurre es que no se había exasperado tanto el gallinero a base de tales agitadores fascistas. No hay que quitarles mérito, puesto que se les han sumado los del PP y Vox, que no necesitaban más que alguien les encendiera la mecha. Es como a un hombre lobo: si le cabreas de verdad se transforma en un plisplás y te hace fosfatina, a no ser que seas coleguilla suyo (según vemos en Teen Wolf, Netflix). Así pues, la banda de la derecha ha encontrado un camino interesante para intentar soliviantar a la izquierda: enarbolar la Constitución como un arma arrojadiza, arropados por la bandera, la monarquía, la iglesia católica y la gente guapa, entre los que están los del Ibex, los del no Ibex, los narcos, los hijos de papá y los de Franco, los deportistas de élite y una serie de infumables niñatos, que se las dan de hombretones reaccionarios a cualquier cosa que les parezca izquierda, aunque ninguno de ellos sabe lo que de verdad significa y no han sufrido ni la dictadura de Franco ni la de la Stalin.

Así las cosas, hay que reconocer que la izquierda española ha tenido que pelear mucho para mantenerse viva y, yo diría, están ganando sutilmente la batalla. Pero tampoco lo hacen todo bien. La corrupción acecha también a la izquierda antigua y la moderna no es sincera del todo cuando apelan a los derechos sociales de la constitución, sin revelar que estos, en realidad, son derechos de segunda clase en la misma, como hemos dicho repetidas veces en esta web y que pueden comprobar en la búsqueda de la entrada constitución. Quizá porque les da miedo repetir machaconamente que nuestra Constitución que en su momento nos salvó de la quema fascista tiene muchas lagunas que reformar y la más importante es la de no haber puesto los derechos sociales a la altura de los derechos fundamentales.

Aún oímos hablar a algunos miembros del Gobierno (sección PSOE) que nuestra Constitución es modélica ante el resto del mundo y quizá en su momento fuera interpretado así en un estado de euforia en donde parecía que en España, milagrosamente, se había superado el golpe de Estado fascista. Pero la historia ha demostrado con creces que eso fue un espejismo, que las dos Españas siguen vivas, y que los seguidores de Franco han estado ahí siempre. Hoy están envalentonados porque saben además que muchos de los que les condenan lo hacen de boquilla, sin decir de verdad que son igualitos y que adoran a sus descendientes. Cometen el error de adjuntar en esta cruzada al rey, que bastantes problemas tiene para mantenerse en una institución que hace aguas por todas partes, gracias a su emérito padre, que ha encarnado, eso sí, lo que ha sido la España de la transición: corrupción total y un engaño al pueblo prometiendo y haciendo ver lo que eran meras quimeras y que nos han traído a esta España dividida y desigualitaria en donde la brecha social ha llegado a ser insoportable.

Así es que hoy el mejor favor que le podemos hacer a la Constitución es reconocerle sus servicios prestados y despedirla por la puerta de atrás, tapando sus vergüenzas que han quedado totalmente al aire, pero, eso sí, dándonos pie a poder reformarla legalmente en un verdadero período constituyente que la haga renacer como el Ave Fénix, esta vez social y del siglo XXI. Ese homenaje ha de ser institucional y del pueblo, que es quien ostenta el poder, y que ha de ser consciente de que lo tiene. Somos los ciudadanos los que delegamos nuestro poder en un Gobierno que obedece (o no) a una Constitución concreta, aprobada y construida por nosotros.  

Y es muy posible que la próxima, en vez de asentarse en la unidad de España, se asiente en la dignidad de las personas como la Constitución alemana y en la igualdad de derechos de todos los ciudadanos, cosa que la de ahora no hace. Toda Constitución ha de reformarse o cambiarse. Incluso los americanos del norte han hecho sus enmiendas que, gracias a eso, pueden portar pistolas los del norte y matar esclavos los del sur. El salvaje oeste combina con el racismo y eso habrá que cambiarlo en otra enmienda.

Esperemos que en España la nueva Constitución acabe con los privilegios de una vez y todos podamos cantar, aunque sea por un breve tiempo que  Le jour de gloire est arrivé! Esperanza no nos falta, por mucho que griten los de siempre.

Deja un comentario