Dia internacional de los pueblos indígenas


Hay que respetar el pasado…

Cada 9 de agosto se celebra el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, en conmemoración de la primera reunión del Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre Poblaciones Indígenas celebrada en Ginebra en 1982. Los pueblos indígenas representan una gran diversidad: más de 5 000 grupos distintos en unos 90 países y hablan una abrumadora mayoría de las aproximadamente 7 000 lenguas del mundo. Están constituidos por 370 millones de personas aproximadamente, es decir, más del 5% de la población mundial y, sin embargo, se encuentran entre las poblaciones más desfavorecidas y vulnerables representando el 15 por ciento de los más pobres. Los pueblos indígenas han heredado y practican culturas y formas únicas de relacionarse con la gente y el medio ambiente y es muy posible que tengamos que aprender mucho de nuestro pasado por medio de ellos.

Desde este foro ya hemos defendido nuestra responsabilidad global e individual en la evolución de la vida en el planeta. Ayer mismo se nos alertaba otra vez de la enorme huella ecológica que supone el excesivo consumo de carne, un aspecto más de los muchos hábitos nocivos que se han implantado en la sociedad desarrollada, como el consumismo descontrolado, el comercio y el turismo internacional como causa de contaminación medioambiental por los combustibles fósiles del transporte, y un largo etc., que hacen ya inminente la necesidad de cambiar muchos hábitos, al menos del primer mundo. Alemania puede ser un ejemplo de cómo  dar pasos definitivos en este cambio. El autoconsumo se presenta como un mecanismo de defensa en aras de un desarrollo sostenible. El ideal griego de la autarquía parece que vuelve a tomar sentido, tras un largo período de desprestigio por haber sido utilizado por dictadores de la talla de Hitler, pero también por haber sido denostado interesadamente en aras del capitalismo global. Una cosa es la cooperación y el comercio entre los pueblos para satisfacer sus necesidades, y otra la expansión de un mercado sin control, que nos ha traído al actual desequilibrio económico entre las naciones y  a la explotación de los más desfavorecidos, entre ellos los pueblos indígenas.

No se trata de volver al pasado, pero sí de retomar valores en peligro de extinción, como la cooperación. No se trata de renunciar a nada, puesto que la ciencia tecnológica trata de facilitarnos la vida, sino de renunciar al mal uso que podemos hacer de ella. El mal uso lo definimos como aquellas conductas que pueden dañar a otros y/o a nuestro entorno. Es muy posible que algunos tengamos que poner freno a nuestro ritmo y nivel de vida, productores de millones de toneladas de basuras eternas, productores de residuos tóxicos, o consumidores de energías que dañan al planeta. Habrá que cambiar los modelos productivos, los modelos de comercialización, los modelos energéticos, etc., en aras de un sostenimiento del planeta y de una vida más plenamente humana para todos y no solo para unos pocos. No echemos la culpa a la tecnología, pues ella misma ha descubierto cómo obtener mejores resultados sin causar daños irreversibles, pero que no se aplican por el interés de unos pocos poderosos, que terminarán yéndose a la tumba sobre un montón de cadáveres de los que ellos son los responsables últimos. Es urgente salvar al planeta.

Los pueblos indígenas nos merecen respeto y debemos buscar en ellos quizá parte de nuestra humanidad perdida, como ellos pueden encontrar en nosotros también nuevos modos de vida que les pueden hacer más felices. En este mundo nos necesitamos todos, queramos o no. Hemos de reflexionar sobre nuestro pasado y sobre nuestro futuro. Quizá aún estemos a tiempo de mejorar la vida, en armonía con la evolución natural. Debemos sentirnos cocreadores del universo y no sus depredadores. Pero es urgente. No hay que dejar que pase mucho tiempo. El cambio climático nos da tantos gritos de aviso que no hacerle caso es de verdadera locura. Si logramos hacer algo en este sentido, podremos volver a estar orgullosos de pertenecer a la raza humana y no esta vergüenza que sentimos ante la incomprensible obcecación de quienes manejan el mundo. Abramos nuestras mentes y manifestemos nuestra voluntad de cambio.


… para construir el futuro

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