Desde mi celda II (20-22 marzo)

Todos participamos…

Continúo mi reflexión desde un tiempo que se me ha hecho breve, pero muy intenso. Durante estos tres días ha habido gran fluidez de comunicación entre mi empresa y los trabajadores del programa de ayuda a domicilio. Desde el tele-trabajo han preparado con esmero las pautas, la comunicación con los usuarios para comprobar su estado de necesidad y se ha luchado desde todos los ámbitos para conseguirnos el correcto equipo de protección personal (EPI). Mañana se nos repartirá ya parte de este material y comenzamos la actividad, reducida a las mañanas, con trayectos mayoritariamente a pie, con personas que necesitan atención.

Se nos han dado directrices de higiene y protocolo de actuación, así como un importante apoyo psicológico e institucional para enfrentar esta nueva etapa en primera línea de guerra. Debo reconocer que me siento acompañado por todo el equipo no solo de mi programa, sino de las personas que están trabajando desde la distancia para que este programa de asistencia se pueda afrontar con las máximas garantías. Un trabajo compartido y asumido con responsabilidad que, créanme, me ha costado de asumir, superando miedos y recelos y con la firme convicción de aportar un servicio necesario en tiempos difíciles. Una experiencia que sé que no voy a olvidar nunca, porque espero que de este aprendizaje podamos sacar un nuevo modo de comportarnos socialmente y de prevenir, en la medida de lo posible, otros posibles ataques virológicos o quizá de otra índole inesperada.

Todo lo demás, en este momento, me parece secundario. Es el primer problema que ha tenido efectos tan importantes como que las personas sin techo puedan vivir en condiciones humanitarias, aunque aún falta mucho, porque no se ha aplicado en todos los sitios. Nunca antes se había planteado, así como la necesidad de tener que facilitar los pagos de alquileres, hipotecas, etc. con normas que miran todo este tipo de cosas.

Una defensa nacional que ha mirado por todos en cada momento. Así es que me siento preparado para la lucha. No estaba así de fuerte en mi anterior confesión. Me han fortalecido entre todos: los gestos de personas altruistas, la preocupación honesta gubernamental por todos, el hecho de trabajar no solo para el presente sino también para el futuro, y, sobre todo, la mano de mis amigos y compañeros de trabajo.

Hoy más que nunca deseo reencontrarme con todos y darles un abrazo, ese que no nos podemos dar. Una vez más he comprobado que mi fuerza es la de todos los que están detrás de mí y que por medio de mí llegará a otras personas aún más vulnerables que yo.

Ya se empieza mirar con otros ojos el servicio de ayuda a domicilio que, no lo olvidemos, es también un pilar necesario de la atención sociosanitaria que un Estado social y del bienestar está obligado a prestar. Pero también hemos comprendido por primera vez una gran mayoría que el Estado somos realmente todos y eso no lo podemos olvidar. Este debería ser nuestro nuevo pacto social: nunca más olvidar que nosotros somos quienes configuramos la realidad de nuestra sociedad y, por tanto, a nuestras instituciones, a TODAS.

Mi próxima reflexión vendrá desde la primera línea. Saber que estáis ahí dando apoyo hará más fácil mi tarea. Gracias a todos por escucharme y seguir en vuestro encierro.

… para apoyar a la primera línea

Deja un comentario