Desde mi celda I (del 14 al 19 de marzo)

Esta historia comienza el sábado pasado, día 14. Cuando pisé por última vez la calle para ir a comprar al súper. Siempre compro los sábados a las 9 de la mañana, cuando abren y siempre somos cuatro gatos que compramos en un plisplás para toda la semana (en mi caso). Llegué un par de minutos antes y esta vez había una cola que doblaba la esquina. Nunca había visto tanta gente. Cuando entramos vi que todos corrían y alguien dijo, “van a por papel higiénico”. Ya lo había oído por la tele, pero me había jurado a mi cuerpo que compraría lo de siempre y como siempre. Así es que encontré de todo lo que yo compro, aunque los tomates eran más pequeños que de costumbre. Al final fui a por el papel higiénico, que es lo que hago cuando compro, para no llenar el carrito y lo llevo fuera en la mano. Y no había nada.

Me dije que tenia de reserva, pues con algunas cosas siempre compro de más para no andar tan justo. Y de camino miré en otro súper menos conocido en el que quedaba de sobra. Toda la compra hecha. Justo lo que necesitaba para comer y algunas cosas de droguería que repongo.

Al llegar a mi casa hice las tareas de los sábados (limpieza, colada, repaso de la programación a grabar) y tareas varias de ordenador y descanso. Y comencé mi encierro. En el trabajo (soy auxiliar de servicio a domicilio) nos habían dicho que estaríamos esta semana sin trabajar hasta el lunes de la semana que viene incluido (día 23).

Vivo solo y estoy acostumbrado a la soledad y a hacer mis cosas de fin de semana con tranquilidad. Pero esta vez ha sido distinto: el encierro, con una música de fondo insoportable de noticias constantes sobre el coronavirus, ha sido una verdadera tortura. Sé lo que tengo y no tengo que hacer, he visto las noticias oficiales, las declaraciones y los plenos parlamentarios. Y he quedado sobresaturado. Y muchas veces desorientado por tanta contradicción.

Creo que a partir del martes 12 empezó lo mejor. Desde mi empresa comenzaron las noticias, también inseguras, de lo que teníamos que ir rellenando por internet y de lo que quizá tendríamos que hacer (siempre provisional hasta nueva noticia) Sobrevuela la amenaza de la vuelta al trabajo a pesar del estado de alarma. Ya veremos en qué condiciones y con qué medidas de seguridad para mi salud y la de las personas a las que tendría que atender. Por TV dicen que hace falta de todo. En mi trabajo es imposible guardar la distancia de seguridad y muchos etcéteras que les voy a ahorrar. Eso ya da bastante estrés antes de empezar y ya me he desahogado con los buenos amigos que tengo por teléfono (mi operadora de teléfono me ha regalado 60 GB más durante dos meses para hablar por teléfono o lo que se tercie por las redes. Con lo que pago cada mes, ya me merezco el regalo, aunque no creo que lo agote).

Por cierto, estos días son las fiestas de Valencia, donde vivo, y no se han celebrado. Hoy es San José, el día grande, que esta vez ha sido pequeño. No lo digo con dolor, sino con preocupación, con la esperanza de que pase pronto esta pesadilla.

Mañana tengo que ir a sacarme sangre para una analítica, para la que ya tenía cita y después aproveché para pedir cita con mi médico de cabecera para preguntarle sin con 69 años corro peligro en mi trabajo o no, teniendo en cuenta que no tengo ninguna patología conocida. Porque resulta que a partir de los 60, en los documentos de la Generalitat, ya se está, sin más, en grupo de riesgo, pero, por otro lado, se nos llama a las trincheras a todos los profesionales del ramo sociosanitario. Así es que tengo que pedir que me lo aclare el que mejor me conoce con respecto a mi salud. Luego aprovecharé para recoger en la farmacia los medicamentos que me avisaron por teléfono que tenía y que lo he dejado para hacerlo todo a la vez en un mismo rato, así como pasar por un cajero y actualizar mi libreta. Todo ello con los correspondientes salvoconductos. Según lo que me diga pasaré informe a mi empresa. Pero yo ya sé que, a mi edad, estoy como una rosa, así es que no me va quitar el estrés, sabiendo que al menos la mitad de mi equipo no se incorporará por razones variadas. Y yo nunca he cogido una baja. No lo voy a hacer ahora, no sea que crea alguien que soy un cobarde.

O sea que, haciendo balance, agradezco que el Gobierno se haya movido como lo ha estado haciendo procurando que el presente y futuro social sea lo menos penoso posible. A los que les critican de mala fe les deseo metafóricamente que les parta un rayo. A los medios de comunicación les reprocho su machaconería obsesiva repitiendo cientos de veces lo mismo. Bastaría con dar toda noticia oficial en sus horas determinadas.

A quienes he visto que se saltan las normas les recuerdo que han de dejar de ser los españoles de siempre que se lo toman todo a guasa y que piensen que esto va en serio. Nos va la vida en ello a nosotros y a todos nuestros seres cercanos (y a toda la humanidad).

También me han sobrado tantos agradecimientos. Ya sabemos lo buenos que somos (algunos, no todos). Con decirlo un par de veces basta, y me basta con lo que dicen las autoridades. Más que aplausos necesitamos materiales para los sanitarios y tranquilidad para todos.

Mi reflexión final de esta historia inacabada es que, a pesar de tener un máster en yoga, de ser una persona madura y con cierta inteligencia acostumbrada a la soledad, me estoy poniendo histérico. Y eso que solo han pasado 5 días de encierro total. Tengo esperanza en que las cosas mejoren sin necesidad de ponernos enfermos ni morirnos. Pido que comprendamos para el futuro que la sociedad es cosa de todos y que se acaben las guerras innecesarias.

Cuando todo pase tendremos que solucionar muchas cosas: la economía, el trabajo, lo del rey, lo de Cataluña, lo de los inmigrantes y todo lo demás. Espero que se afronte con mayor sabiduría que hasta ahora. Que todos somos iguales ante los virus y, por tanto, lo deberíamos ser también ante la ley. Me gustaría que todo lo que estamos pasando nos impregne de fraternidad, igualdad y libertad. Por este orden. Y me gustaría que todos viviésemos para verlo.

(continuará)

La cremá más triste de Valencia

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