Desamparados


“La Geperudeta” (La Jorobadita)

El segundo domingo de mayo en Valencia se celebra la fiesta de la Virgen de los desamparados. La expresión valenciana para referirse a la Virgen es la de Mare de Déu (madre de dios). Es decir, se valora más el hecho de su maternidad que el de su virginidad supuesta.

Como suele ocurrir en la mayoría de las Comunidades esta fiesta es de gran arraigo popular, pasando a ser parte de la cultura propia más que de una cuestión de fe católica, que, en la mayoría de las ocasiones, está en otra onda.

Algo que me hace sentir realmente orgulloso es el porqué de este nombre. Y esto es así porque ese título hace pensar en la especial atención que deben recibir los grupos más vulnerables, como son las personas con diversidad cognitiva, encarceladas o abandonadas, que por estos u otros motivos se sienten desamparadas hasta el punto de morir solos, sin nadie que les llore y, lo que es peor, que no se hayan preocupado por ellos cuando estaban vivos. La mayoría de las personas nos hemos sentido en algún momento de nuestras vidas desamparados y sabemos lo terrible que es. Pensemos lo que sufrirán las personas que no tienen nada ni a nadie, o que se sienten excluidas de nuestra sociedad. Este abandono, que sigue sin cubrirse al cien por cien en nuestros días de sociedad supuestamente avanzada, antes no tenía otro modo de suavizarse sino con la fe en un ser divino que les protege y les acoge en su muerte, con el amor de una madre. Así pues, la Virgen de los Desamparados, es también una llamada de atención a la sociedad, a la que les recuerda que se siguen abandonando a muchas personas a su suerte.

La Mare de Déu tiene, además, una peculiaridad en su talla que la hace especialmente cercana: Su espalda y su cabeza están ligeramente inclinados hacia adelante. Esta curvatura de su espalda obedece a que la imagen en origen era puesta sobre los féretros de los ejecutados, en posición yacente y con un almohadón bajo su cabeza. Cuando descansaba en su capilla, era colocada de pie y adoptaba la postura que hoy podemos observar. A pesar de la peculiar curvatura de su espalda la imagen empezó a ser muy querida por el pueblo valenciano porque entre otras cosas da la sensación de que la Virgen mira al pueblo que se postra a sus pies. Más información. De esta información os pasamos un extracto tomado de un estudio de Francisco Pérez Puche (1999), Laberinto secreto de la catedral de Valencia. Valencia: Carena editors, p.137:

“Nació muy pronto el Hospital de Folls, el primer manicomio que se instituía en el mundo; y nació luego una cofradía, cuya misión sería mantener el hospital, y que tomó a la Virgen como protectora. Después, junto con la responsabilidad de cuidar a los locos de Valencia, los cofrades aceptaron humildes el deber de enterrar a los ajusticiados y a quienes murieran en la calle, en los caminos, en el mar o en la indigencia.

La Virgen, una talla del siglo XV, acompañó a los cofrades en su tarea de consolar y apiadarse de los muertos más tristes y solitarios. Con la cabeza reposando en una almohada y acostada sobre el ataúd al que se amarraba con cintas de seda, la Virgen acompañaba a los difuntos hasta la morada anónima de una fosa común. En 1493 queda documentada la advocación de Mare dels Desemparats, que era venerada en la pequeña capilla de la cofradía, llamada El Capitulet, muy cerca del hospital.”


«Nostra Dona Sancta Maria dels Folls, Innocents e Desamparats»
(Nuestra Señora Santa María de los Locos, Inocentes y Desamparados)

La Mare de Déu tiene también mucho protagonismo en las Fallas de Valencia, a la que se dedican dos tardes para poder completar una ofrenda de flores a las que asisten miles de falleras y falleros, casi olvidando a San José, que es el verdadero Patrón de estas fiestas. No es de extrañar que muchas mujeres valencianas se llamen Amparo, a las que desde aquí queremos felicitar en su día, mientras que los nombres más corrientes de hombre sean José o Vicente, que corresponden a los santos más venerados en la tierra.

Cuestión de tradiciones, pero también de justicia social. Hoy somos conscientes de la tremenda injusticia que supone la población excluida y, por si fuera poco, esta pandemia que estamos sufriendo también ha dejado al descubierto que hay muchos fallecidos anónimos y otros que han tenido que morir en soledad a causa del aislamiento social sobrevenido.

Hoy tiene mucho sentido recordar en esta fiesta a todos los desamparados que quizá viven muy cerca de nosotros. Hacerles sentir nuestra solidaridad y apoyo es el mejor bien que podemos aportar. Seguimos muy necesitados de un amparo real para todos.

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