Derechos

¿Son reales nuestros derechos?

Vivimos una época difícil por muchas razones, pero una de las peores podría ser la mayor conciencia que tenemos de nuestros derechos conseguidos tras muchos años de lucha, formación e información ciudadana que, sin embargo, se ha de conjugar con la evidencia de que estamos sufriendo en carne propia o ajena una violación sistemática de los mismos.

Nuestros derechos, que son a la vez individuales y sociales, nos atañen a todos y el deterioro de los mismos nos afecta con mayor o menor intensidad directa, pero dejando siempre en cualquiera la sensación universal de inseguridad, porque mañana podríamos ser afectados nosotros en primera persona.

La crisis del derecho aumenta exponencialmente con el agravante de la desconfianza en nuestros líderes y jueces que cada vez se nos presentan con mayor opacidad o, en demasiados casos, con una clara corrupción institucional derivada de la no separación de poderes que sufrimos desde hace ya largo tiempo.

El sueño del bienestar social abanderado en épocas pasadas, hoy parece una utopía basada en el engaño intrínseco que supone la lucha por el poder, bien de tipo político o económico, que andan siempre unidos con un evidente menosprecio de nuestros supuestos derechos.

No hemos votado ni nos hemos formado en este primer mundo para soportar una contradicción de tal envergadura y nuestro cansado cerebro se sume en muchos casos en la desesperanza de un futuro mejor o siquiera posible. Nunca había habido tanto suicidio en el primer mundo como ahora, nunca habían muerto tantos inocentes por causas injustas ante nuestros ojos. La impotencia de todos los días ante los grandes eventos globales, se suman a los problemas patrios que plantean a la mayor parte de la población una vida precaria sin visos de mejorar.  

Una de las próximas batallas políticas se dará bajo la bandera de los presupuestos generales del Estado, que en definitiva es lo que marcará la vigencia o muerte de nuestros derechos. Invertir menos en comercios globales y más en derechos sociales, que son más abundantes de lo que pueda parecer por su reiterado incumplimiento, es la clave de un cambio hacia otra dirección necesaria que retome el espíritu del bien común, base de nuestra convivencia y paz duradera dentro y fuera de nuestras fronteras.

Estos días se habla mucho de la falta de atención a la salud mental. Pero se habla menos de las causas de esta desestabilización, mayoritariamente externas a nosotros mismos y provocadas por unas políticas globales que no miran hacia la humanidad, sino hacia la ganancia interesada de colectivos o naciones que no dudan en abonar terror a cambio de explotar bienes naturales deseados en otros Estados menos desarrollados.

No es fácil enderezar el camino, pero se hace necesario si queremos vivir de verdad como personas, más allá del desastre climático que nos recuerda cada día que lo estamos haciendo mal. Han pasado 20 años desde el atentado de las torres gemelas y 80 desde la denuncia del Guernica. Pero todo sigue igual. Sigue habiendo millones de muertos por hambre, precariedad, injusticia y terror, mientras no se sabe quién vive en paz con sus mentiras. Los mismos que atentaron contra las torres gemelas son hoy los gobernantes a la fuerza de una nación invadida. No se me ocurre mayor crimen de lesa humanidad. Es la suma de todos los terrorismos habidos en la historia, bajo la falsa piel de cordero de la geopolítica. Ha ganado el terror y uno se vuelve loco intentando encontrar una mínima explicación lógica.

En adelante, cada vez que un líder se atreva a hablar de nuestros derechos, tendrá que pensar muy bien lo que dice, por qué lo dice y, sobre todo, lo que hace después. Una mentira más puede acabar con nuestra fragilísima vida social y desde luego, con nuestra vida individual.

1 comentario en «Derechos»

  1. «Los mismos que atentaron contra las torres gemelas son hoy los gobernantes a la fuerza de una nación invadida. No se me ocurre mayor crimen de lesa humanidad…». Si el mundo fuera un calcetín, habría que darle la vuelta, directamente

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