¿De qué tienen miedo los polis?

Los cuerpos de policía han puesto el grito en el cielo por la indefensión en que se quedan si dejan que les graben. ¡Vaya por dios! Lo que antes se podía hacer y el PP prohibió en su ley mordaza, ahora resulta que es un peligro para sus vidas y familias.

Todos los cuerpos policiales y militares son servidores públicos a quienes respetamos por su labor tan importante y desgraciadamente necesaria, Y está claro que lo primero que pedimos los ciudadanos es su propia seguridad, para lo que tienen que estar perfectamente equipados, formados y con unas condiciones físicas que les permitan hacer frente a las situaciones de peligro a las que se pueden encontrar.

Por suerte España no es como USA donde la ley del pistolero no es la que manda, sino la ley de la cooperación, que ha de ser bidireccional. Es decir, hay que defender su seguridad, pero también hay que respetar a los ciudadanos aplicándoles una fuerza coercitiva equilibrada y discriminando a culpables de inocentes. Para todo esto se supone que los distintos cuerpos están preparados, tiene sus fichas de gente violenta y policía secreta para saber quiénes son los que andan por las manifestaciones con ganas de camorra. Pero la solución no está en quitar derechos a los viandantes que pasan por allí o los manifestantes que deberán defenderse y denunciar los eventuales excesos que los policías de turno puedan cometer por error o por la misma tensión de la situación. En vez de quitar las cámaras a los manifestantes, a la prensa o a los eventuales testigos, habría que permitir que ellos mismos llevaran en su equipo cámaras que graben lo que sucede cuando no queda más remedio que cargar contra la ciudadanía que incumple las reglas del juego.

Si esto de llevar cámaras incorporadas lo hacen ciclistas, deportistas, espeleólogos y otros muchos por su propia seguridad, ¿por qué no lo hace también la policía? Una cámara en el casco, por ejemplo, es algo sencillo y seguro.

Quien mantiene una actitud correcta no tiene por qué tener miedo a quedar grabado por las cámaras ya instaladas en las calles, comercios, lugares oficiales y otros, porque están puestas precisamente para la seguridad de todos y son esas grabaciones las que han solucionado conflictos.

Los policías, militares o políticos, por ejemplo, saben que su trabajo comporta unos riesgos y lo han de asumir o dedicarse a otra cosa. Porque la gente en general sí que respeta a la policía y es más bien esta la que se mantiene a distancia excepto en algunos casos de ayuda humanitaria.

La policía de proximidad, que cada vez es más escasa, es la que nos ayuda a todos a convivir en armonía, así como otras acciones tales como asistir a reuniones de vecinos o cosas así en donde todos somos partes de una misma comunidad. A veces creo que la policía tiene complejo de que todo el mundo les mira mal y no es así.

Por otro lado, sabemos que hay delincuentes y bandas que se dedican a infiltrarse en manifestaciones y acciones legales, provocando actos violentos. Siempre que hay una manifestación hay una tensión entre los manifestantes y el poder, sea este un empresario, una multinacional, una institución o el mismo Estado. Las fuerzas del orden son las que tienen todo el poder y garantías, y por eso el ciudadano también ha de tener su expresa garantía ante un exceso de violencia por parte de los agentes, que sin duda los hay en ocasiones. Nadie es perfecto.

Ante la discrepancia en el relato de los hechos, antes se da prioridad a la palabra del agente que a la del ciudadano. Eso no debería ser así. A no ser que se trate de alguien con antecedentes. Las dos partes tienen derecho a la misma credibilidad. Por eso, unas grabaciones directas tienen  papel relevante como evidencias, que incluso han llegado en ocasiones negadas por la policía.

La reciente experiencia del diputado Alberto Rodríguez, nos indica que, aún con grabaciones que demuestran lo contrario, ha primado el testimonio del policía supuestamente agredido con una patada del diputado, acción que le ha valido finalmente la expulsión del Congreso.  ¿Dónde está pues el miedo? Si esto ha sucedido así en espera de las apelaciones presentadas en los tribunales europeos, ¿qué no hubiera pasado sin tener siquiera una grabación que lo avalase?

Comprendo el miedo de los policías, como también comprendo el miedo de los parlamentarios que a veces son amenazados. Pero eso va con el trabajo. Además, cuando uno va en una manifestación y de repente aparece un montón de polis, lo único que se ve es un montón de robocops, tapados hasta los dientes con cascos, mascarillas, chalecos y escudos, siendo imposible distinguir quién es quién. Ignoro siquiera si llevan un número de placa identificativa, que supongo que sí, y que es lo que en todo caso se puede investigar con una grabación, pero que en ningún caso se puede saber a simple vista por los ciudadanos que ven esas grabaciones y ni mucho menos conocer sus datos personales.  

Yo no comprendo las manifestaciones convocadas por las fuerzas de seguridad. Lo que deberían hacer es pedir más medios si los necesitan, pero en ningún caso retirar derechos al ciudadano. Hay un miedo en España incomprensible, como por ejemplo a rodear el Congreso. Repetimos que esto no es USA, donde allí si es factible asaltar el Capitolio como tuvimos la desgracia de ver y en donde, para más inri, no vimos a la policía actuar.

Harían bien en acercarse más a nosotros, pasear por las calles, charlar con los vecinos, tomar algo en nuestras terrazas y demostrar que son humanos cercanos a nosotros y que están aquí para ayudarnos. Verán cómo no tendrán problema en sacarse un selfi, porque notarán que la sociedad les quiere, excepto los delincuentes. El que algo teme algo debe, dice el refrán. No den pie a interpretar que si temen que les graben es para que no les pillen in fraganti.  Recelar por ambas partes a priori no hace bien a nadie. Todos somos buenos mientras no se demuestre lo contrario. Preparados sí, prejuicios no.

Queremos una policía cercana y accesible

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