Cruzada de niños

Alfons Polo nos hace llegar un magnífico artículo firmado por Nazanín Armanian del que nos hacemos eco y aplaudimos, porque creemos que da en el clavo, desmitificando el neocapitalismo ecológico, que no duda en transformarse en forma de inocente niño indignado para manipular a su antojo los caminos de la producción. La actual cumbre del clima que se está celebrando en Madrid, nos ofrece todo un espectáculo de marionetas, un esperpento que oculta la realidad. Un gobierno de Madrid que se presenta verde de toda la vida, cuando todos sabemos lo que ha opinado y sigue opinando la derecha sobre el problema del clima, encarnada en el espantajo de Trump. Nos llegan además consejos tan ridículos como que nos duchemos en cinco minutos, o que los grifos los pongamos en la parte del agua fría. Ahora va a resultar que somos nosotros, con nuestras malas costumbres consumistas de cambiarnos de ropa por temporadas, de tener agua corriente caliente en invierno, de viajar como posesos a cualquier parte del mundo, etc., quienes tenemos la culpa del cambio climático. Al final resulta que los ciudadanos somos los culpables de todo, del cambio climático, de que no haya Gobierno, de que haya tanto pobre por la calle y de que protestemos por casi todo.

Pues no. ¿Quién nos ha educado en el consumo desenfrenado? ¿Quién nos ha enseñado a vivir lo mejor posible, sin tener en cuenta las consecuencias? ¿Quién nos ha empujado a comprar dispositivos electrónicos sin parar para estar a la última? Pues los comerciantes, los empresarios, los banqueros que nos dan préstamos, el mal llamado neoliberalismo, reencarnación del capitalismo de toda la vida. Si en algo somos culpables los ciudadanos es de ser estúpidos y egoístas, no viendo más allá de nuestras narices y de tragarnos todo lo que nos dice un grupo de gente poderosa, que voy a rebautizar como la casta, pero que simplemente son los capitalistas de hoy, sean banqueros, futbolistas, la sociedad guapa, que cada vez se hace más rica a costa de empobrecer a los demás.

Digámoslo bien alto, como dice Nazanín: es el sistema capitalista el que nos ha traído hasta aquí, al borde del colapso global. Pero esto ya lo sabemos desde hace dos siglos con Karl Marx. Pero nadie hace caso y se contenta con el plato de lentejas que te dan en forma de hipoteca y préstamo para tenerte bien cogido.

Se podrán poner todos los parches que quieran, a 10, 20 o 30 años. Aunque se cumplan los plazos llegaremos tarde. Solo nos podemos salvar atacando la raíz, acabando con este sistema capitalista con su nefasto modo de producción basado en el consumo y en una propiedad privada enloquecida que no tiene en cuenta al resto de la sociedad en la que vive. O se cambia el sistema, con su producción y su propiedad, o esto no hay quien lo arregle. Acabaremos como los millones de planetas inertes que, ¿quién sabe? alguna vez albergaron vida humana, o como polvo de estrellas perdidas en sus sueños de grandeza. Y hay una cosa en lo que tampoco se piensa: solo se vive una vez y nadie se lleva sus propiedades a la tumba. Los faraones así lo hicieron y por ellos murieron millones de personas. Los actuales faraones siguen su ejemplo y nosotros, sus esclavos, les hemos dejado hacer impasibles. Hasta ahora.


Capitalismo y cambio climático

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