Controlar el propio tiempo es parte de la democracia


Cosima Dannoritzer. Foto: Meritxell Rigol

Adjuntamos una entrevista publicada en https://apuntesdeclase.lamarea.com/ fimada por Meritxell Rigol  a la directora de cine documental Cosima Dannoritzer (Dortmund, 1965) a raíz de su última película Ladrones de tiempo.

De ella entresacamos algunos párrafos que nos pueden dar una primera idea de por dónde van sus contenidos:

Hay muchos tipos de ladrones de tiempo. Para una empresa, es un ladrón de tiempo cualquier segundo que tú no trabajas. Filmamos en una fábrica de comida rápida en Estados Unidos en la que no dejan a sus trabajadores ir al lavabo, porque lo consideran un ladrón de tiempo. Esto pasa en muchas fábricas y call centers. También puede ser que te den una tarjeta para fichar y que los cinco minutos que has utilizado para ir al lavabo no te los paguen. Están empezando a aparecer las primeras luchas en los tribunales. A veces también hay ladrones de tiempo que son un intercambio: dinero a cambio de tiempo. Vas a Ikea y es más barato porque vas a invertir tu tiempo en montarlo. Creo que es importante que sea una decisión consciente. Las redes sociales son grandes ladronas de tiempo. Después decimos que no tenemos tiempo de nada y quizás nos hemos pasado cuatro horas allí (…)

Nuestro tiempo se ha convertido en dinero. Con un contrato de trabajo, lo que hago es vender mi tiempo. El sueldo puede ser justo o no en este intercambio y pueden obligarte a hacer horas extras que no te pagan. Entonces sí es un ladrón de tiempo. La obsesión de que el tiempo tiene que ser una moneda viene con el capitalismo industrial. Ya no se paga por pieza hecha sino por las horas que se está en la fábrica. En el momento en el que hemos convertido el tiempo en dinero, el capitalismo lo exprime como cualquier otro recurso. (…)

Si tu pareja no hace nada en casa puede ser un ladrón de tiempo, porque te fuerza a invertir mucho más tiempo mientras que él tiene más tiempo para divertirse o trabajar y conlleva una disparidad en el sueldo y en la capacidad de cotizar. Volver del trabajo a casa y tener muchas más cosas que hacer ha sido una constante para las mujeres. El derecho a controlar el propio tiempo es parte de la democracia. El tiempo se relaciona muchas veces con el poder. Hay muchas empresas a las que les gusta decir «tú me has vendido tu tiempo, yo te pago el sueldo, pues tu tiempo es mío y yo te digo cuando llegas y cuando sales». Se olvidan de que con más flexibilidad hay más eficiencia y más ganas de trabajar. Menos ejercicio de poder igual lleva a un mejor rendimiento, pero a veces el poder sobre el tiempo de alguien es muy tentador y se llega a la locura de no dejar ir al lavabo a los trabajadores. Una cosa es la pasta, el capitalismo, y la otra las ganas de controlar a la gente. (…)

Me gustaría instalar un poco de conciencia sobre el tiempo. Hay una desigualdad basada en el acceso al tiempo. Hay personas que tienen que trabajar más para acceder a lo mínimo para vivir y si no se les garantiza que el sacrificio de horas de trabajo permite, por ejemplo, una vivienda digna, no es un intercambio justo. Hay gente que sale de este sistema, pero muchas veces ves que quienes lo hacen son gente que se lo puede permitir. Yo quería hacer una película sobre la gente atrapada en la rueda económica. El cambio básico tiene que venir de dentro de la rueda porque no todos podemos o queremos salir e irnos al campo, a hacer yoga a las montañas. El tiempo libre tendría que ser un derecho básico, como la vivienda y poder comer. Tomando consciencia de ello podemos intentar recuperar el control sobre partes de nuestras vidas. Necesitamos contacto social. De máquinas ya hay suficientes. (…)

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Una interesante visión de la realidad que, aunque no nos resulta desconocida, somos la mayor parte de las veces inconscientes de ello y nos dejamos arrastrar por el torbellino temporal que nos limita en nuestra esencia más humana.

Ladrones de tiempo

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