Con la carne hemos topado

Ningún plan nacional de acción climática menciona explícitamente las dietas sostenibles ni considera la reducción del desperdicio de alimentos como parte de su estrategia, asegura un nuevo informe de la ONU y otras organizaciones. Implementar cambios en esos ámbitos podría reducir hasta 12,5 gigatoneladas de emisiones anuales de Co2, el equivalente a sacar 2700 millones de autos de las carreteras. Propone entre otras cosas:

1. Reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, que representa el 8 por ciento de todas las emisiones mundiales, podría disminuir las emisiones en 4,5 gigatoneladas de CO2 por año.

2. Mejorar los métodos de producción y reducir las emisiones de metano del ganado podría reducir las emisiones hasta 1,44 gigatoneladas por año, pero podrían lograrse reducciones mucho mayores (hasta de 8 gigatoneladas de CO2) cambiando a dietas más saludables y sostenibles con una mayor proporción de alimentos de origen vegetal que de origen animal. Más información.

Son muchas otras las citas que podríamos poner, pero nos basta con estas breves indicaciones de la ONU de las que ya tenemos conocimiento, pero que astutamente las políticas nacionales callan y no afrontan. Como siempre, es la economía multinacional capitalista la que está detrás y esto de la carne es cosa de muchos miles de millones en producción, por encima de nuestra propia salud y la del planeta.

El ministro Garzón ha dado un ejemplo de valentía al tocar este tema que hasta ahora nadie se había atrevido a tocar desde un Gobierno español. Y ya ven la que le está cayendo. Y la respuesta del presidente Sánchez en rueda de prensa ha sido vergonzosa: A él que no le quiten un bien chuletón en su punto. Cobarde por no abordar un tema incluido a la agenda 2030 (ya imposible de cumplir), falta de respeto hacia uno de sus ministros con el mismo tono de burla que la oposición, a quien nadie le dice lo que no tiene que comer o lo que no tiene que beber.

Volvemos a las andadas. La España de las medias tintas, incapaz de llamar a las cosas por su nombre cuando esto molesta a algunos. ¿De qué se quejan los ganaderos e implicados? ¿De no seguir con sus trabajos de crianza y cultivo o de no hacerlo de modo industrial y artificial? ¿Alguien recuerda el sabor de un pollo de corral? Nos venden gato por liebre y encima se insulta al que intenta poner freno a tanto fraude.

Yo soy vegetariano desde hace ya muchos años por convicciones personales, y no he tenido ninguna carencia física. Incluso los médicos lo aconsejan y se alegran, pasando ya a la historia lo de hay que comer de todo, en referencia a la carne/pescado, cuando “todo” significa TODO. No le están pidiendo que se haga vegetariano (que yo se lo aconsejo), sino que realmente diversifique su alimentación de un modo saludable para todos.

Pero, ¿quién piensa en los demás? ¿Recuerdan los follones cuando se cerraban las minas de carbón? ¿O factorías de coches de combustión? Todos quieren conservar su trabajo a costa de lo que sea y eso no puede ser. Aquí se trata de reconvertir, palabra a la que ya estamos acostumbrados pero que no queremos asimilar. Y así nos va. La «España vaciada», por ejemplo, podría empezar a recobrar las granjas y plantaciones familiares, tan necesarias y ecológicas. Hoy mismo se nos hablaba de un seguro aumento de los contagios por Covid por no frenar las libertades horarias en hostelería, otro sector que se siente perseguido.

Aquí no se persigue a nadie. Se trata de salvarnos todos, porque todos vamos en el mismo barco, aunque no lo parezca y algunos se empeñan en que sea así. Unos vamos hacia el futuro sostenible, y otros hacia el fin de los tiempos. Me da pena esta sociedad tan cortoplacista en la que nos han convertido esos zorros con piel de cordero que se quejan doloridos, mientras nos dan literalmente veneno con sus productos y con sus gases.

Y ya puestos, pensemos en los animales, de los que somos parte, antes diferenciados por la racionalidad. Hoy ya no hay diferencia, porque somos tan irracionales como ellos. Un león se comería sin pestañear a cualquiera de nosotros al dente. Y nosotros a ellos. Somos iguales. Incapaces de mesura. Incapaces de mirar siquiera a medio plazo. Incapaces de ser responsables con los que no vemos, incapaces de ser responsables del futuro. Y quien se pone a ello, ya saben, van a cazarlo, porque los de siempre pierden pasta. Hoy en la Comunidad Valenciana nos ha entrado un tornado en medio de altísimas temperaturas. ¿Cuántos avisos más necesitamos para cambiar?

Muy recomendable la visión del documental mudo  nuestro pan de cada día del director Nikolaus Geyrhalter (Austria, 2005) cuyo trailer os avanzamos. Las pocas palabras escritas que salen están en alemán, pero se entiende igual.

Imprescindible

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