Colapso sanitario

El trabajo excepcional de algunos…

Desde el principio de la pandemia se nos ha hablado del miedo al colapso del sistema sanitario y uno se pregunta cuándo nos darán por colapsados, porque si no es colapso esto que estamos padeciendo ahora que venga dios y lo vea. La plantilla sanitaria no solo no ha aumentado, sino que ha descendido ahora mismo. Muchos fueron contratos temporales y a la primera relajación a la calle. Con la variante ómicron, se han multiplicado los contagios y se ha sabido porque la gente se ha sacado test a toda máquina ante las vacaciones navideñas, resultando un montón de positivos que luego puede ser resulten falsos. Pero, mientras, la gente se ha de confinar a esperar confirmación o no.

¿Recuerdan cuando desde siempre nos decían que no había que fiarse de los test, precisamente para no despertar falsas alarmas ni falsas seguridades? Pues ahora aconsejan lo contrario y no solo eso, nos dicen que somos los ciudadanos los que hemos de avisar, darnos de baja y confirmar. Todo eso a coste del bolsillo particular.

Ni siquiera las mascarillas han sido gratuitas en ningún caso, aunque rebajaron el IVA. Los centros sanitarios privados, farmacias y fabricantes de mascarillas y test se han puesto las botas: Libertad para contagiarse, pero las pruebas van a su cargo y se da la baja o el alta según le parezca.

Los sanitarios que trabajan están tan agotados que han sido muchos los que se han ido de la profesión, quizá a la privada, y otros se han jubilado, porque ahora no solo cuentan con la presión real de la pandemia y enfermedades no Covid retrasadas, sino que, además, cuentan con las bajas que surgen por doquier, colapsando centros sanitarios y empresas.

La obsesión de no parar la economía dando la mal entendida libertad de vacunación y no restricciones severas en la sociedad ha provocado en esta sexta ola el efecto contrario: miles de bajas que los caraduras de siempre aprovechan para darse un descansito en medio de tanto agobio laboral. Sin la inspección debida, claro.

Porque, no lo duden, del mismo modo que hay sanitarios que se han pasado la pandemia escaqueándose lo más que han podido, por miedo quizá, ahora también se escaquean los trabajadores que pueden, esta vez sí con el beneplácito de las autoridades que nos dejan tomar no solo los medicamentos a nuestra discreción, sino los test y los diagnósticos preventivos. No tienen tiempo para atender consultas absolutamente necesarias.

Si eso no es colapsar el sistema, ¿qué lo es? Hace meses que un servidor teme más a las cuarentenas que a la misma enfermedad que parece que está bajando el caché. Y por eso mismo los jefazos han decidido que la gente haga lo que le venga en gana que al final se convertirá en una gripe más. Parece que hacia ahí apuntan las cosas.

Pero, ¿se imaginan el calvario de los que seguimos trabajando extra supliendo las bajas de quienes se quedan en casa, pero que ya se quedaban antes de la pandemia por múltiples causas desconocidas debido al secreto profesional? Si no están en la situación seguro que no se lo imaginan. Todos los trabajos sociosanitarios ya de por sí precarios y con una miseria de presupuesto se ven ahora desbordados y lo peor recae sobre una minoría que se resiste a ponerse enferma, privándose de fiestas, reuniones y de lo que sea necesario para no caer y que, a cambio, como mucho, le dan las gracias.

El estrés se acumula sobre el estrés de las olas anteriores in crescendo. Es posible que sí, algunos colapsemos, mientras otros terminen la pandemia frescos como una rosa, porque en total han tenido bastantes días de asueto que no restan ni un minuto a los tiempos de vacaciones y días libres y otras bajas legales previas, que se podrán disfrutar hasta dentro del año y medio subsiguiente al final del año en curso. Un chollo perifollo. Hay quienes suman bajas, cuarentenas, vacaciones y días de libre disposición in eternum.

En resumidas cuentas, no me queda más remedio que poner un cero global a la política gubernamental y autonómica de no aumentar plantillas, acudiendo a jubilados, voluntarios, militares o, lo que es peor, a la responsabilidad ciudadana.. La cuestión es no invertir dinero de los millones europeos que tenemos para la recuperación económica en la plantilla sociosanitaria. Porque si no se recupera la sanidad, la atención primaria, los servicios domiciliarios y todas las urgencias a base de meter más personal con buenos contratos y bien pagados, acabaremos, sí, pero muchos acabarán con la salud mental deteriorada, lo que supondrá un gasto extra al presupuesto sanitario que se hubiera podido evitar.

Los chanchullos autonómicos, las políticas populistas, las discusiones barriobajeras del parlamento se acabarán pagando, o mejor, se están pagando ya. Toda la UE va mal, pero algunos vamos peor. Y me parece que no hay que ser muy listo para saber que ante unas emergencias de tal calibre hay que aumentar el personal sí o sí. Y eso lo sabíamos desde el primer día, cuando se hicieron los triajes de los que nunca sabremos las vidas que costaron y quizá todavía cuestan.

Y la sociedad no ha sido tan ejemplar. No hay que poner a todos en el mismo saco, pero, del mismo modo que los Gobiernos no se han mojado en contratos e inversión, la gente no se ha cortado un pelo en general. Y han hecho su vida de fiesta y bocadillo, en combinación con los negacionistas. Y sigo pensado que la vacunación hubiera tenido que ser siempre obligatoria, solo excepcionable por motivos de salud.

Ya falta menos para acabar, dicen (siempre dicen) y eso esperamos, porque algunos ya no podemos aguantar más este desmadre.

… es el descanso de otros

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