Censura

Según Amnistía Internacional España es un ejemplo de una inquietante tendencia en la que los Estados de toda Europa limitan la libertad de expresión, so pretexto de la seguridad nacional, y arrebatan derechos, so capa de defenderlos (…). En España, la libertad de expresión ha sufrido un grave retroceso desde 2015, cuando el Partido Popular impuso su mayoría absoluta para aprobar en solitario la Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana (LOSC, conocida como ‘Ley Mordaza’) y la reforma del Código Penal, que entraron en vigor el 1 de julio de ese año. (…) La posibilidad de ser multado, inhabilitado para empleos públicos e incluso ser enviado a prisión, está teniendo una consecuencia clara: una autocensura cada vez mayor y, en general, un efecto inhibitorio en la libertad de expresión en España.

Hemos subrayado la palabra autocensura, porque es una de las maneras de represión solapadas más extendidas desde hace años en nuestra vida diaria. A quienes de algún modo participamos de forma directa en los medios de comunicación, con todos los derechos de publicación y con nombres, apellidos y localización de los responsables de edición, es algo que nos ha sorprendido muy desagradablemente.

Como exponemos claramente en nuestra visión nosotros vamos a defender y denunciar desde estas páginas y en las redes sociales en las que participamos (Facebook, YouTube, Twitter y WhatsApp) y difundimos nuestras publicaciones, todo lo concerniente a los derechos humanos y sus constantes violaciones, sea a nivel internacional o en nuestro propio país. Un sitio abierto a todas las opiniones, con tal de que se respeten estos derechos y no pongan en peligro los valores defendidos, como puede ser la incitación al odio o a conductas violentas hacia sí mismo o hacia los demás. El respeto mutuo a los derechos ciudadanos, no implica silenciar los hechos que vemos a diario que atentan hacia los mismos con total impunidad, como sucede en muchos de los discursos políticos que en la calle se reinterpretan con evidentes lagunas científicas o legales que atentan en ocasiones contra la misma salud pública, como es el caso de los negacionistas que se enfrentan a las restricciones y obligaciones impuestas desde las autoridades competentes en su pleno derecho.

Sin embargo, la laxitud que se observa frente a discursos de la derecha y de la extrema derecha, hoy casi identificadas en un discurso único, contrasta con el recelo, los ataques directos, condenas judiciales o represiones violentas que, mayoritariamente, se aplican a las ideologías progresistas de izquierda.

Las redes sociales han sido también criticadas por su laxitud con ciertas actitudes fascistas frente a sus restricciones para publicar bajo condiciones de anuncios de terceros, en ciertos países, o para menores, cuando no lo retiran sin dar explicaciones concretas y ciertas del porqué de sus censuras. Porque en ocasiones censuran un vídeo, por ejemplo, luego lo aprueban tras su apelación y acto seguido lo vuelven a prohibir. Contradicciones absurdas cuando directamente escribimos desde un prisma de defensa de los derechos humanos y expresamente señalamos en las encuestas previas que no es un contenido pensado para menores, porque, en su conjunto, se trata de unos problemas que a un niño se le escapan y desde luego si se acerca por curiosidad lo dejaría por aburrimiento e incomprensión. A veces las restricciones van por imágenes públicas conocidas o músicas populares, a las que reclaman derechos de autor, a pesar de poner expresamente las fuentes de donde las hemos sacado, como sucede en cualquier trabajo científico y honesto. No cabe duda de que eso es solo una excusa para tapar el mensaje que, con esas imágenes, textos y melodías en conjunto, queremos expresar

Cuando iniciamos esta web pensamos exclusivamente en la libertad de expresión y la participación, ante las restricciones de los medios editoriales que miran la rentabilidad económica como primer principio y que en muchas ocasiones obligan a cargar a los autores con los gastos. Las revistas científicas en general, por su lado, obligan a aceptar una metodología determinada, según su conveniencia sin mirar la comodidad del lector para consultar, por ejemplo, las referencias científicas que se introducen en el texto. Se obliga a una determinada extensión en palabras y, en cuanto al contenido, poco tienen que aducir, puesto que lo pueden desechar total o parcialmente a su voluntad. Es rara la revista, sobre todo las de soporte en papel, cada vez más escasas e inútiles, por quedar relegadas a una escasa élite intelectual especializada sin cumplir con su papel pedagógico y de difusión, que no ponga unas condiciones exageradas ante la libertad del autor.

Escribir de modo independiente en las redes, en suma, suele costar un sacrificio económico natural por los medios técnicos que se facilitan y que los lectores pocas veces están concienciados para apoyar económicamente, muchas veces no motivados por el exceso mediático de la información audiovisual, que se encarga también de hacer su lavado ideológico y a emplear un método invasivo que acaba provocando un hartazgo tal en su audiencia, que ya no queda interesada en acudir a otros medios más modestos de reflexión y denuncia que intentan ayudar al lector a formar sus propias opiniones y a tomar conciencia de su escala valores.

En conclusión, existe una censura oculta efectuada a veces por programas informáticos que registran palabras sin contextos y que pueden interpretar, por ejemplo, la palabra suicidio como una invitación al mismo y no un rechazo, tal y como sería siempre nuestro caso, y que hoy tiene relevancia por el inquietante aumento de casos, y ante lo que conviene tener un conocimiento racional y documentado de este grave problema social.

Control de los medios no es lo mismo que censura arbitraria. Y no cabe duda de que los medios más poderosos son los que pueden convertir el derecho a controlar sus publicaciones en una censura oculta con la intención de manipular la opinión ciudadana y, consecuentemente, el voto electoral del futuro. Y aquí sí que pagamos justos por pecadores y nos tenemos que buscar la vida con los pocos medios independientes que nos quedan en defensa de los derechos de todos.

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