Celebrar la vida

Un regalo mayor que los mejores juguetes de Reyes

Hoy por TV teníamos imágenes maravillosas: niños felices por el simple hecho de poder salir a la calle, pasear, correr, ir en bici, saltar… algunos no habían dormido bien esta noche tan emocionados como en una noche de Reyes. Hoy era mucho más valioso salir a pasear con papá o cualquier otro adulto querido y cercano que el mejor juguete del mundo. Hoy estaban celebrando, sin saberlo, la vida.

Y eso que no lo podían hacer todo… habrá otro día que celebraremos poder salir y abrazar a los amigos, otro día que celebraremos poder charlar juntos en cualquier sitio, otro día que celebraremos que nos podamos reunir con los abuelos, y luego un cumpleaños, y luego…. y luego…. Si lo pensamos, en realidad estamos siempre celebrando la vida, con sus sorpresas, con su cariño, con el apoyo de quienes nos quieren. Hoy valoramos todo eso mucho más porque nos falta. Y así pasa con todo.

Cada día la vida nos regala sorpresas, si sabemos mirarlas

Pero, aun dentro de casa, ¿no hay cosas para celebrar? Podemos celebrar que tenemos salud, que tenemos una familia, que tenemos un techo, que tenemos comida en la nevera, que algunos tenemos trabajo, que tenemos el cuerpo entero, que seguimos respirando, que seguimos aquí. Son muchos los que no tienen tantas cosas, y por eso tenemos razones para estar agradecidos siempre, aunque no tengamos todo lo que queremos.

La clave está en que podemos ayudarnos a vivir mejor y celebrarlo cada día. Yo puedo estar contento por tener salud, pero seré mucho más feliz si me preocupo por los que no la tienen, por quienes no tienen casa, por los que no tienen una familia… etc. La vida es todo lo que tenemos y está en nuestras manos cambiar mucho de lo malo que nos ocurre como personas y como sociedad. Quizá no tengamos la culpa de que nos ataque un virus, pero sí podemos ayudarnos todos a vencerlo y a ser por eso más felices, sin tener que llorar a nadie, sin tener miedo a tocarnos, sin tener miedo a manifestar nuestra alegría. Ver la vida con ojos agradecidos, favorece un estilo saludable, que repercute en todos los campos de nuestra frágil existencia.

La vida es una fiesta inesperada, un milagro en medio del universo que seguimos sin comprender del todo. Pero sabemos lo que nos hace felices: respirar aire limpio, correr con los amigos, abrazar a la familia, vivir sin miedo a pasar hambre, sin miedo a perder el trabajo, sin miedo a una guerra. Y todo está en nuestras manos, porque el ser humano tiene una cosa más desarrollada que otros seres: aprendemos de la experiencia y nos las ingeniamos para mejorarla. Esa inteligencia también se puede usar mal, de modo egoísta. Pero yo pregunto: ¿puede alguien ser feliz a sabiendas de que su felicidad es a costa de la felicidad o la vida de otros? Yo creo que no. A ese tipo de personas se las suele temer y no se las suele amar. Viven solas, aunque aparentemente lo tengan todo, y ellas lo saben. Vivir sin amar y ser amado es peor que la muerte.

Ojalá saquemos estos días la moraleja de lo que es realmente importante. Yo me he propuesto que, mientras dure esta crisis, cada día voy a celebrar algo por lo que debería dar gracias. Y si puedo se lo diré a quien o a quienes lo hacen posible. Y si no puedo, lo celebraré igualmente, porque la vida nos regala cada día tantas cosas que tenemos que parar de vez en cuando para poder verlas. Y eso es lo que está ocurriendo ahora. Deseo que ese modo de ver las cosas de un modo profundo (vipassana) se convierta en un hábito en nuestras vidas y olvidemos todo aquello que, ahora lo sabemos mejor, nos conduce a la infelicidad, a la desigualdad, a la enfermedad y a la muerte.

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