Casaldàliga

Una vida dedicada a la justicia social

Os adjuntamos un artículo sobre Pere Casaldàliga, obispo de una diócesis de Brasil, que incluye una pequeña entrevista en vídeo con él. Ha dedicado toda su vida a la teología de la liberación, corriente cristiana dentro de la iglesia católica y otras confesiones, nacida tras la apertura al mundo del Concilio Vaticano II, que intentaba recoger el espíritu evangélico poniendo su énfasis en la igualdad de los seres humanos y la atención preferente a los más vulnerables.

Como sabemos, las religiones han perdido muchos trenes, y la iglesia católica no iba a ser menos. Esta teología de la liberación ha sido una oportunidad histórica de cambiar las estructuras en base a una visión del mundo social y cristiana, en el sentido genuino de la palabra. Pero ya sabemos que ha fracasado frente al gigante capitalista. Muchos sacerdotes y cristianos de base cayeron en el olvido o en la persecución, y otros, como un testimonio vivo, han quedado para recordarnos que la vida puede ser diferente.

Sin tener nada que ver con una fe, hemos de reconocer el valor humano de algunas personas que, como Casaldàliga, se han enfrentado al poder establecido y han sido consecuentes a lo largo de toda su vida para construir un espacio más humano. En esto muchas personas podríamos unirnos, a pesar de las diferentes creencias religiosas, que no tienen por qué ser incompatibles con el sentimiento universal de justicia y democracia.

Desde aquí queremos agradecer el testimonio de tantas personas que han dado su vida por estos ideales que hoy siguen vigentes en medio de un mundo cada vez más dominado por la desigualdad y el caos ecológico que la ambición del capital ha desencadenado. Y junto el agradecimiento, una invitación a reflexionar en el silencio de nuestros corazones y conciencias, sobre qué es lo que podemos hacer como individuos, como grupo y como sociedad para dar vida a esta tierra yerma. Su muerte es, una vez más, un llamado a la humanidad, para que tanta sangre derramada no sea en vano, sino que alumbre una pequeña esperanza en nuestro horizonte.

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