Budista y marxista


El buda nos ayuda a despertar

Edurne García nos reenvía un artículo (en inglés) de una mujer activista que se declara budista y marxista. Desde ese mismo enlace se nos reenvía a otros artículos que hablan del carácter profundamente social del budismo.

Desde esta misma web ya hemos hecho referencia al budismo como una ética eminentemente humana y revolucionaria, e incluso hemos remitido a un taller específico sobre el mismo. Sobre la doctrina de Carlos Marx también hemos hecho alguna referencia.

Ciertamente el desconocimiento hacia ambas ideologías hace que muchas veces las personas se muevan por prejuicios o estereotipos, que nada tienen que ver con su realidad. Eso explica el hecho de que a la autora del artículo citado le costara tantos años presentarse a sí misma como budista y marxista. Parecería que ser ambas cosas a la vez es incompatible, en términos de pacifismo versus lucha. Ni el pacifismo significa cruzarse de brazos frente la injusticia, ni la lucha por la igualdad implica necesariamente violencia. Desde luego, si consideramos que el budismo es algo exclusivamente espiritual y el marxismo algo exclusivamente material o económico, partimos de unos prejuicios equivocados. Yo he dedicado bastantes años de mi vida a estudiar ambas ideologías, tratando de experimentarlas. Y, desde luego, puedo testificar que no hay no solo ninguna contradicción, sino que son dos aspectos complementarios de una misma realidad. La visión universal del budismo basado en la armonía de todos los seres, no significa que se trate solo de algo espiritual, sino que implica toda una ética conductual que tiene mucho que ver con la vida diaria de las personas y sus evidentes repercusiones a nivel político. Por su parte, la visión marxista de una sociedad dominada por un sistema económico capitalista, lleva a la postulación de un nuevo sistema alternativo por la propia imposibilidad de poder sobrevivir a una explotación ilimitada de los recursos para conseguir unas ganancias económicas sin fin. Además, ambas teorías tienen cosas esenciales en común, como la interdependencia de todas las cosas y la desaparición de las contradicciones, que se unen en una síntesis constructiva, más allá de una lógica racional. El drástico cambio social que ambas ideologías postulan son altamente revolucionarias desde la no violencia. Eso,históricamente, es lo que significaría una revolución marxista y a la vez budista.

Yo creo que hoy nadie duda de que la realidad denunciada en su momento por Marx es una verdad: El motor mundial es el dinero, por decirlo de un modo simple, por mucho que se quiera disfrazar con la etiqueta del liberalismo, un insulto a su origen como liberalismo ilustrado, que no se ciñe a la libertad de comercio y propiedad, sino que se refiere más bien al cambio frente a las tradiciones conservadoras clasistas. Haría más referencia a la tolerancia social  a la que hoy tanto se apela en nuestra sociedad, tal vez de una forma hueca y sin compromiso.  Por otra parte, nadie puede negar que el mundo en general y la persona humana en particular es, esencialmente, algo más que un simple peón de producción económica.

La no violencia del budismo ha llevado a ser desprestigiado por parte de quienes no desean que la vida sea vista de este modo. No todo el mundo resiste el ejemplo del Tibet. Por otro lado, hay mucho interés en demostrar que el marxismo es agua pasada y ha quedado reducido a un grupo de nostálgicos. Además, ya se encargan de resaltar la mala fama de las atrocidades cometidas en su nombre, bajo la forma política de socialismo o comunismo. Guardando las distancias, es el razonamiento por el que algunos condenan al islam por tener entre sus falsos seguidores a fanáticos terroristas. A mi modo de ver es lo que, equivocadamente, ha llevado al socialismo contemporáneo a renegar de sus raíces marxistas. Pero la verdad sigue siendo la verdad. Y lo escrito, escrito queda. Así es que, si se molestan en leer lo que dijeron tanto el Buda como Marx, verán que nada tiene que ver con lo que algunos interpretan que dicen y verán que en el fondo no solo están de acuerdo con su esencia, sino que además lo han sentido así siempre. Y si no ocurre eso, al menos tendrán un respeto por un modo de pensar razonable y humanista en ambos casos. No se trata de convencer a nadie, sino de no mentir, algo realmente excepcional en nuestra cultura presente y no sé si en toda la historia de la humanidad. Esto no significa justificar la violencia realizada falsamente en nombre del marxismo, como tampoco se puede justificar la violencia de la revolución francesa. Es difícil hacer frente con la paz a quien te está masacrando literalmente. Pero la violencia no se cura con violencia. Eso también es evidente y son muchas las voces que así lo han declarado en la historia afirmándolo con su sangre. La propia defensa no implica necesariamente aniquilar al enemigo, sino que se trata de inmovilizarlo con el menor daño posible, para juzgarlo según unas leyes democráticas. El Dalai Lama dijo en cierta ocasión ante una pregunta en este sentido, que si tuviera que detener a un francotirador y no hubiese más remedio, le dispararía a zonas no vitales, para después detenerle e intentar su recuperación. El principio es hacer siempre el menor daño posible.

Yo, desde luego, me declaro budista y marxista, y a mucha honra. Me gustaría que hubiese más gente que pensara lo mismo, pero ese es un camino al que cada uno ha de llegar por su propio convencimiento. La vida nos da diferentes experiencias. Y las mías me han llevado a concluir que las actitudes éticas del budismo y del marxismo son las que más me convencen a día de hoy.  Se trata de un ejercicio de reflexión y honestidad personal, no de fe ciega. Hay quienes creen las cosas sin pensarlas ni vivirlas. Y eso, al final, no sirve, o no me sirve a mí.  Por eso, desde aquí, más que hacer una defensa de un modo determinado de ver las cosas, ruego un respeto por llevar una ética acorde con esas ideas. Y que no se insulte la memoria de quienes, como Marx o Buda, no hicieron sino intentar que la gente sencilla despertara del sueño en que le quieren hacer vivir quienes se sienten los dueños del mundo. No olviden que los verdaderos dueños del mundo somos nosotros y ese mundo lo estamos construyendo nosotros. Si lo destruimos la responsabilidad será nuestra, no del marxismo, ni del islam, ni del budismo. Ni siquiera del capitalismo, porque todos los ismos son constructos que pueden ser concebidos de distintas maneras e ir evolucionando con el paso del tiempo. Busquemos aquellas formas que nos hagan una vida más llevadera y, sobre todo, pensemos bien en quiénes delegamos el poder para que así sea. Porque, de este modo democrático, podremos llevar a la realidad social nuestros convencimientos personales.

Marx nos dijo que no nos dejemos engañar por el dinero

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